La Cajita 3.0 en proceso

Sábado, 10 de Diciembre de 2011

Hace ya cerca de tres años y medio (que es mucho tiempo en Internet), estaba preparándome para el primer gran salto de este blog: pasar de ser una plantilla retocada de Blogger a funcionar sobre Wordpress en un espacio web propio. Fue mi primer paso en el mundillo del diseño y desarrollo de páginas web, y me he alegrado muchas veces de haberme decidido a darlo.

blog1.0

Ahora toca dar otro paso importante, que probablemente ponga el blog realmente patas arriba. Si el primer cambio fue de plataforma, manteniendo el aspecto prácticamente idéntico, el que se avecina es de diseño y reestructuración profunda de la página, manteniendo la plataforma.

A decir verdad, y para mi propia sorpresa, no es que me haya cansado del diseño actual. Me llevó mucho tiempo consolidarlo y funciona bien: es sencillo, es personal, tiene un punto original sin muchas pretensiones, y lleva un buen montón de horas de código en pequeños detalles. Sin embargo, sigue arrastrando varios problemas no resueltos de fondo:

  • Se basa en un tema antiguo y muy básico, Kubrick, que venía por defecto con Wordpress 1.5. Es un poco pesado (que no difícil) introducir nuevas funciones, y hay muchas ventajas de las nuevas versiones de Wordpress que no se pueden aprovechar. Creo que va siendo hora de cambiar a una base más actual pero aún sencilla de modificar. Concretamente, el excelente tema (también por defecto en Wordpress) Twenty Eleven.
  • Es una ensaladilla. Aunque los contenidos están bien categorizados por tema y tipo, no estoy nada seguro de que la gente los visualice así. Como me interesan temas bastante dispares y pensé que no todo el mundo querría seguirlos todos, me esforcé por introducir los feeds separados para que cada uno pudiera suscribirse al canal o canales de su interés, pero dudo de que alguno de mis escasos y valiosos seguidores lo haya hecho, obligándose a sí mismos a tragarse lo mismo el vídeo de una sesión de windsurf que un post gigante sobre arquitectura 2.0. Mi experiencia me dice que los blogs temáticos se entienden mejor y llegan a más gente, pero a la vez me gustaría mantener la idea de la web personal “todo incluido”. Y en ese sentido…
  • … La Cajita actual tampoco muestra de forma clara y directa mi identidad digital: quién soy, qué hago, qué pienso, qué me interesa, por dónde me muevo, en qué trabajo. Para averiguarlo hay que navegar por las categorías (¿alguien lo hace?) y leer varios posts. No tiene una relación clara con otros blogs o redes sociales en las que me muevo, y sobre todo, mezcla sin distinción contenidos propios de un blog (cosas que pienso o me interesan) con entradas más propias de un porfolio (cosas que hago).

Muchas de mis reflexiones coinciden con (y en parte se inspiran en) las que en su momento hizo Carlos Cámara acerca de su propio blog, con algunas particularidades que en su conjunto me han llevado a proponerme lo siguiente:

Identidad digital

  • Un blog que sirva como tarjeta de presentación única. Un solo enlace donde alguien pueda ver quién soy, cómo soy. Ello implica, por ejemplo, que si le doy la dirección a un potencial cliente o colaborador, pueda llegar rápidamente a mi trabajo y mis ideas. Eso creo que Carlos lo ha resuelto francamente bien. Pero también ha de mantener el lado personal, mis aficiones e intereses, principalmente porque forman parte de lo que soy y me apetece contarlas. Además, me he dado cuenta de que lo profesional y lo amateur me resultan muy complicados de separar, me muevo saltando siempre entre ambos entornos: aficiones que de pronto se convierten en trabajo remunerado (la mayoría, curiosamente, aunque de forma muy modesta), y temas profesionales que en cambio desarrollo sin cobrar un duro. Cada lector debería poder decidir rápidamente qué aspecto, punto de vista o tema quiere curiosear o seguir regularmente.

Estados

  • Microblogging. Las redes sociales están muy bien para publicar avisos de “estado” o pequeñas experiencias, pero me da la sensación de que, en lugar de construir una identidad digital acumulada en el tiempo, tienden a la instantaneidad y todo se acaba perdiendo en las profundidades de una timeline. El caso de Facebook es extremo y sintomático porque ni siquiera tiene buscador. En LaCajita 3.0 me estoy planteando incorporar una función de “actualización de estado” propia, abierta y revisitable, que por supuesto estará conectada con las redes sociales que es donde se seguirá produciendo la mayor parte de la conversación.

Tipos de post

  • Distintos tipos de posts para distintos contenidos. Ya probé ese enfoque en esta misma versión, con un formato específico (sombreado, sin título, simplificado) para las citas, pero quiero llevarlo más allá, de forma que los distintos formatos ayuden a diferenciar el tipo de contenido.

Comentarios

  • Énfasis en los comentarios. Forman parte de la conversación y son una de las cosas que más valor aportan a un blog sobre cualquier otra plataforma. En ese sentido, siempre me ha gustado cómo eMe los coloca al mismo nivel que el contenido de la entrada. No tengo nada claro si funcionará con entradas más largas, pero lo voy a intentar copiar del maestro, a ver qué pasa ;)

Simplicidad

  • Simplicidad. Con todo lo anterior, es probable que acabe añadiendo enlaces a nuevas formas de navegar por el contenido, breves presentaciones, aclaraciones y explicaciones, contenidos complementarios, etc. Y con ello el blog tenderá a complicarse, multiplicando widgets y sidebars por doquier. Un acercamiento posible era personalizar la barra lateral según el post (por categorías, temas, secciones, etc.) como he comenzado a hacer en sociarq. Pero, unido al citado tema de los comentarios y a varias conversaciones con Francesco Cingolani y otros sobre la simplicidad en tiempos de complejidad y sobreinformación, he decidido apostar por otro más radical, experimental y posiblemente un poco suicida:  eliminar completamente las barras laterales. LaCajita 3.0 sólo tendrá contenido en sus páginas, y todo lo demás estará comprimido en un panel-menú ocultable, para que el lector se pueda dedicar a leer, sin más, la entrada que le haya interesado y el debate que ésta pueda haber generado.

Actualmente tengo un servidor local en el que voy probando los nuevos cambios, y cuando tenga la base subiré el nuevo tema para ver qué os parece y acabar de retocarlo. Por delante queda el desafío de que el nuevo diseño mantenga algo de continuidad con el anterior, o al menos os guste igualmente aunque sea distinto. Y como no podía ser menos, os animo a vosotros mis uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis lectores habituales a que me comentéis vuestras impresiones.

¿Qué os gusta del blog? ¿Qué creéis que mejoraría con alguna modificación? ¿Cómo lo usáis normalmente? ¿Os parece interesante el nuevo enfoque?

La economía de la bicicleta: sólo una razón más

Martes, 6 de Diciembre de 2011

Un punto más a favor de la bicicleta: no sólo ahorra gastos e inversiones públicas y privadas, sino que mueve a golpe de pedal toda una economía relacionada, y me atrevería a decir que es una economía muchísimo más granular, distribuida y accesible que la de, digamos, el automóvil.

the british cycling economy

Y otro punto a favor, de regalo: en la propia infografía citan varios, pero como casi siempre, se olvidan de uno que tiene valor por sí mismo y para mí es el fundamental: porque sí.

Porque ir en bicicleta mola, es agradable, es refrescante, es liberador, es fácil, es elegante, te hace sonreír, te libera de cualquier tensión, te hace consciente de tus propias capacidades, te permite ver el mundo de otra manera y… no creo que haga falta que siga. Coge una bicicleta y disfrútala.

Visto en Planted City gracias a Carabiru.

Descubriendo la triformación social

Jueves, 3 de Noviembre de 2011

Hoy, saliéndome un poco de mi contexto habitual, he asistido a una charla del Triform Institute y he descubierto un modelo conceptual muy interesante, utilizable tanto para explicar y diagnosticar la realidad como para actuar sobre ella, y que en cierto modo parece capaz de dar cabida a muchas de las inquietudes e intuiciones que llevo notando en mí y a mi alrededor últimamente, desde el movimiento del 15M hasta mi propio interés por la cultura abierta o las nuevas formas de trabajo.

Se llama triformación social, y su definición gráfica sería algo parecido a la siguiente imagen (interpretación personal):

Triformación social

Según el modelo de la triformación social, la actividad humana se podría dividir según tres ámbitos principales: lo cultural, lo jurídico-político y lo económico; tres ámbitos que aunque superpuestos en cada persona y en la sociedad, son diferentes y han de regirse cada uno por sus propias leyes, y a los que pueden aplicarse tres conocidos principios que la Revolución Francesa planteó con acierto pero falló en implementar: libertad, igualdad y fraternidad. Todo ello teniendo al individuo, la persona, como agente fundamental y activo en la transformación (que no cambio) y desarrollo (que no crecimiento) de la humanidad.

Con eso quedaría enunciado el modelo de la triformación de forma relativamente sencilla… aunque la dificultad de aplicación a gran escala sea inversamente proporcional a la sencillez de planteamiento.

Intuitivamente, y antes siquiera de entrar a estudiarlo, ya suena bastante razonable, aunque algunas asociaciones nos pudieran parecer raras (¿economía y fraternidad?) y en general uno no vea por dónde comenzar a aplicarlo. Para mí el indicio más claro de su acierto es la capacidad de diagnóstico que muestra si lo leemos en sentido opuesto: ¿qué pasa si aplicamos cada uno de los principios que propone al ámbito que no le corresponde? Entonces el modelo se convierte en un muestrario de patologías sociales que podremos reconocer sin problemas a nuestro alrededor.

¿Os suenan lemas tan contemporáneos como “La cultura no se vende” o “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”? No son más que el síntoma de rechazo a un sistema que aplica los principios de la economía a la gestión de lo cultural o lo jurídico-político, respectivamente.

Y no voy a seguir dando ejemplos, solamente os sugiero que intentéis aplicar a vuestro contexto, vuestro campo de trabajo o vuestros intereses distintas combinaciones de los principios y ámbitos arriba representados, y veáis si reconocéis algún síntoma a vuestro alrededor. El resto, lo dejo a vuestra imaginación.

Luego podéis intentar hacer lo más difícil y emocionante de todo: aplicarlo en sentido positivo.

Probablemente  observéis que la igualdad en lo jurídico-político es algo que casi damos por supuesto hoy día como algo deseable; que la libertad en lo cultural es una batalla que aún es necesario ganar pero que se está luchando (¿os suena el tema de la cultura abierta, Creative Commons, el open source…?); y que la fraternidad en lo económico está apenas despuntando, pero con mucha fuerza, en nuevos modelos de financiación colectiva, organizaciones empresariales colaborativas, emprendizaje social, nuevas formas de entender la banca y hasta “monedas” o sistemas económicos completos propuestos como alternativa.

De momento y para mí, indicios suficientes como para pensar que este modelo puede ser digno de estudio, confrontarlo con algunas ideas propias y ver qué puede aportar a mi forma de entender el mundo.

La arrogancia del ciclista

Viernes, 26 de Agosto de 2011

Os dejo aquí un artículo que he leído hoy en el conTEXTO (via Carabiru), y del podría suscribir algunos párrafos y firmarlos yo mismo como si fueran extraídos de mi diario personal de ciclista urbano.

Os dejo una cita que no tiene desperdicio y en la que algunos os reconoceréis:

La experiencia de andar en bicicleta en la ciudad de México es una forma de vivir de la cual el ciclista hace alarde con cierto orgullo (probablemente desmedido) a partir de lo que considera sus medallas: el casco, el candado o cadena, y la bicicleta misma.

El ciclista urbano llega en bicicleta a una fiesta, a una reunión, a su trabajo, al cine, a una manifestación, a la escuela. Busca dónde amarrar su bicicleta, en un lugar donde no estorbe demasiado a los peatones, donde haya suficiente tumulto como para que no se la roben, donde un automóvil no pueda darle un rozón fatal. El ciclista entra, saluda, y alguien con una vaga sonrisa incrédula pregunta: ¿viniste hasta acá en bici? El ciclista responde haciendo patente aquel orgullo desmedido: sí.

El ciclista empieza a elaborar respuestas unas milésimas de segundos antes de que las preguntas —que suelen ser siempre las mismas— surjan. Sus respuestas ostensiblemente minimizan los retos de andar en bicicleta en la ciudad de México, y exaltan los beneficios. El ciclista sabe que cuando contesta no sólo satisface la curiosidad del interlocutor, sino que está ante una oportunidad más de promover un programa que quiere ver realizado: que hayan más ciclistas urbanos. Entre más veces le preguntan, más avanza su programa, entre va a más lugares en bicicleta, más veces le preguntan. Andar en bicicleta en esta ciudad es ser un militante de la causa.

[...]

El ciclista compara, y piensa cuánto le hubiera tomado el mismo trayecto en coche. Rebasa autos y ve la desesperación de los conductores que están obligados a subutilizar la potencia de sus motores. Encuentra un perverso placer al verlos padecer su decisión de ir en auto. Piensa en que los automovilistas deseperados lo verán pasar con calma, disfrutando del viento, del sol, del chispeo, de la vista de la ciudad. El orgullo del ciclista se convierte en arrogancia, está seguro que quien lo ve pasar lo querrá imitar, y cree que su programa avanza mientras él lo hace. 
Cree que habrán más ciclistas.

Como ciclista urbano recalcitrante, tengo que admitir que reconozco algo de esa arrogancia en mí mismo. Hasta el punto de que no llevo casco ni chaleco por decisión propia y por esa única razón: convertirme en una muestra de que ir en bici no es en sí peligroso, ni incómodo, ni nada parecido. Quizás sea un poco suicida hacerlo entre coches, pero lo contrario sería rendirse a la peligrosidad y la dureza de la ciudad del automóvil.

Es más, creo que si viviera en Dinamarca o en Holanda, o de pronto Alicante y Madrid se convirtieran en paraísos ciclistas, ir en bici perdería parte del aliciente que tiene ahora mismo: el orgullo del caballero andante, el Don Quijote sobre dos ruedas que pedalea porque tiene una visión, además de porque, sencillamente, le encanta.

Un partido para renovar, no para gobernar

Sábado, 6 de Agosto de 2011

Si el #15m ha tenido un resultado sobre la política, es algo difícil de evaluar, pero os puedo decir el resultado que ha tenido sobre mi persona: ha logrado hacerme pensar sobre política, con un interés y una intensidad que me sorprenden a mí mismo. Y estoy seguro de que no soy el único.

Pues bien, llevo estos meses pensando, discutiendo y observando lo que sucede, y concretamente esta semana ha sido bastante intensa en ese sentido. La súbita reagitación por las calles de Madrid a raíz del desalojo de Sol y su ocupación por la policía, las conversaciones en la plaza y en la autopista con un entusiasmado Domenico (el cual me sugirió muchas de las ideas aquí plasmadas, por no decir casi todas) y varios artículos, como este de Amalio Rey, que me han acercado finalmente al pensamiento práctico.

De todas las opciones que uno podría plantearse ante las próximas elecciones (desde el voto en blanco hasta el voto suicida, pasando por la huida a una isla desierta), me ha interesado especialmente la posibilidad de que parte de la energía del movimiento del #15M se tradujese en la creación de un nuevo partido en el que sus integrantes pudieran sentirse identificados. Al principio la idea me parecía, según el momento, superflua, absurda, improbable tirando a imposible, o demasiado complicada. Pero al seguir dándole vueltas he llegado a una opción que podría tener algún sentido a varias escalas y desde varios puntos de vista, y esa es la que quiero contar aquí:

Fundar un partido sin pretensión de gobernar, solamente dedicado a vigilar la salud del sistema político, a promover el cambio hacia uno mejor y a favorecer la cercanía de la ciudadanía a la política, y viceversa.

En general, fuera cual fuera el tema llevado a debate, el partido se limitaría a opinar y votar sobre la política en sí, planteando y defendiendo propuestas que supusiesen una mejora del sistema de turno en las siguientes líneas:

  • La honestidad: el cumplimiento de sus deberes por parte de políticos y trabajadores públicos, y la lucha contra la corrupción.
  • La congruencia: la correspondencia, identificación y conexión entre los objetivos políticos y los ciudadanos. El cambio hacia sistemas más directos, cercanos y fieles a la voluntad real de las personas.
  • La transparencia: visibilidad de los procesos de gestión de lo público, escrutinio y vigilancia colectiva. Open data, etc.
  • La independencia: separación real de poderes, desvinculación de empresas y bancos, supresión de favoritismos y chantajes, etc.
  • La eficiencia: la simplificación de la estructura, y la optimización/adecuación de los recursos (económicos, humanos, materiales, energéticos) invertidos en ella.

El partido velaría por todos esos aspectos en general (sobre el funcionamiento y la estructura del sistema político) y en particular (sobre cada medida debatida en el seno de éste). Adicionalmente, podría funcionar como catalizador de la reflexión, impulsando la investigación y testeado de nuevos modelos y la educación de las personas en la proactividad política. Se abstendría deliberadamente de valorar o pronunciarse, con voz o voto, sobre cualquier otro aspecto, con el curioso efecto de que siendo más específico, sería también más universal.

Sólo de este modo se podría convertir ese nuevo partido en la opción de todos los que no se sintiesen representados en ningún otro partido o en el sistema en sí mismo. Sólo así estaría dedicado al 100% a recoger y visualizar el desencanto e indignación ciudadanos, pudiendo aglutinar incluso los diferentes “votos de descontento” (el blanco, el nulo, el “utilitarizado”, el “agnóstico”) y convertirlos en una fuerza de cambio.

He leído propuestas en las que se habla de hacer un partido (o agrupación de electores) temporal, que cumplida su función desaparezca. Yo diría que incluso podría seguir en marcha, siempre con la misma vocación de no gobernar y con una presencia autorregulada por el contexto político. Así, en tiempos de corrupción del sistema, el partido cogería fuerza y podría acometer su renovación, y en tiempos de salud política, desaparecería de forma natural por transferencia de votos hacia partidos que realmente lo mereciesen por sus propuestas de gestión y gobierno, y que hubiesen sido capaces de ganarse el voto. Cuanto más deteriorado estuviese un sistema, más representación obtendría el mecanismo (llámese partido) dedicado a regenerarlo.

Igual que el movimiento del #15M, ese partido tendría una vocación y alcance internacional, pudiendo estar presente en cada pueblo, ciudad, nación o región del mundo siempre con el mismo objetivo: vigilar y mejorar la política en todo lo posible, luchando por convertirla en una herramienta en beneficio de la humanidad.

Debido a su propio carácter y a la dificultad de mantenerse imparcial en unas cosas y centrado en otras, en su piedra fundacional estaría grabada a fuego la auto-aplicación de todos esos principios de la forma más profunda posible, y contaría con sistemas de control externo a prueba de desvirtuamiento y corrupción, que permitiesen:

  • Valorar la aceptación que su actuación estuviera teniendo entre sus votantes y el resto de ciudadanos, usando indicadores específicos para cada línea de las mencionadas arriba y diferentes mecanismos de feedback.
  • Detectar y rectificar incongruencias, desviaciones o errores en esas líneas de trabajo o en su forma de actuar en general, usando la inteligencia colectiva, mirando su reflejo en los miles de ojos vigilantes posados sobre él.
  • Renovar sus estructuras y cargos internos al menor signo de desorientación, fatiga o corrupción.

Y… creo que con esto la idea ha quedado esbozada. Algo me dice que un partido que naciese ahora y tuviese esas características sería candidato a recibir un apoyo enorme. Por su propio carácter podría incluso apoyarse casi completamente en la comunidad en cosas como la difusión y la financiación, lo que lo haría a la vez dependiente (del apoyo ciudadano) e independiente (de otros agentes, de “los mercados”, etc.).

A estas alturas ya hay iniciativas puestas en marcha con más o menos acierto. Falta que alguna de ellas aclare y simplifique sus aspiraciones, emita un mensaje limpio y potente del que se pueda hacer eco la sociedad. Os dejo algunos enlaces interesantes:

Artículo sobre la dispersión de partidos minoritarios
Una idea vista en Propongo: Crear un partido temporal solo para las proximas elecciones Ved las propuestas relacionadas y los debates que contienen, hay muchas ideas interesantes, la mayoría de las cuales están aquí simplificadas y sintetizadas.

Para acabar, diría que ese partido no ha de llamarse “del 15m” ni nada parecido. Ni siquiera necesita salir del movimiento en sí, como opinaban por aquí. Creo que una propuesta lo suficientemente clara y limpia puede salir por sí sola y luego atraer apoyos del movimiento y de fuera de él. Y para ello es importante que incluso el nombre hable de su carácter no gubernamental y su objetivo renovador. Os dejo unos cuantos para que fantaseéis un rato:

Si queréis ver la propuesta en Propongo y apoyarla con vuestro voto para que sea difundida, podéis hacerlo aquí:

Crear un partido sin vocación de gobernar, sólo de aglutinar el voto descontento para renovar el sistema político

Cambios, cambios, cambios

Sábado, 23 de Abril de 2011

Un día como hoy (¿casualmente?, San Jorge) de hace exactamente un año, estaba colgando los paneles acabados de mi Proyecto Final en las paredes de la politécnica dispuesto por fin a dar, al revés que Neil Armstrong, un paso insignificante para la humanidad pero enorme para mí: el “cambio de estado” de estudiante a arquitecto.

Un año que imaginaba tranquilo y ha resultado ser todo lo contrario, lleno de proyectos que se me han ido mezclando y alternando sin tregua hasta hoy, unos más importantes, rentables o cómodos que otros, pero todos interesantes. El verano entero trabajando en la Escuela WindSurf Área, y casi a la vez arrancando con el taller What if…? Alicante y la Plataforma Petracos. Fue también el año en el que pusimos en marcha eGruyère, donde por mi parte metí muchas inquietudes acerca del trabajo abierto que ya había apuntado en el PFC. El año, además, en el que en Oblivion’s Garden nos quedamos bajo mínimos, sin bajista, sin cantante y casi sin fuerzas, para luego encontrar una nueva voz superando todas nuestras expectativas, y pese a tener el grupo patas arriba acabar sacando 10 nuevos temas en apenas 4 meses. El año en que mi interés por la cultura abierta comenzó a verse cada vez más en este mismo blog. El año en el que arranqué (con muy poco gas pero con bastantes expectativas) con Sociarq, y que en estas últimas semanas me ha ofrecido la posibilidad de participar del nacimiento de LibreARQ, proyecto que llevamos tiempo rumiando entre varios y que espero que salga adelante con fuerza. El año en el que mi primer y pequeño proyecto de construcción ha ido creciendo desde la idea hasta la licencia de obra. El año, y lo dejaré aquí para no ser más pesado… el año en que, tras varias colaboraciones esporádicas, los de Ecosistema Urbano me han ofrecido la oportunidad de participar con ellos más de cerca en su apuesta por el diseño social urbano, el open source y la cultura abierta en general.

De modo que no sé qué parte atribuir a la casualidad del hecho de que justo un año después de acabar la carrera esté también de cambios, escribiendo esto desde mi nueva y soleada habitación junto al Manzanares, la mudanza apenas terminada, y pensando en qué hago tan lejos de la costa y en por qué no parece importarme demasiado.

Siempre he tenido ganas de conocer Madrid desde dentro, y también de escapar de Alicante a donde fuese, a cambiar de aires. Tengo que admitir que durante estos últimos dos o tres años esa situación ha ido cambiando: Alicante ha dejado de ser para mí una ciudad inerte y un completo desmán urbano para pasar a ser un espacio de oportunidad y un auténtico hervidero de actividad… además de un completo desmán urbano que sigue siendo, claro. De pronto, todo por allí se me estaba haciendo demasiado interesante como para dejarlo como si nada, así que casi tengo que agradecer que el empujón me haya llegado desde fuera, o habría echado raíces del todo antes de darme cuenta.

Espero poder aprovechar esta oportunidad para limpiar un poco la cabeza, el armario y la agenda, separarme un poco de algunos proyectos para pensar y observar cómo siguen por sí mismos, y centrarme en otros más personales que he tenido aparcados por demasiado tiempo. Por ejemplo, arrancar poco a poco con Sociarq, sacando las decenas de borradores que tengo en espera, y ponerme con este mismo blog, LaCajita, que durante estos últimos meses ha acabado de perder su sentido (que nunca estuvo muy claro) y que me pide a gritos un replanteamiento de raíz si quiero que siga aportando algo de valor.

Iluso de mí, claro. ¿Centrarme? ¿Despejarme? ¿Aparcar proyectos e ideas? ¡Vamos…! Todos los que me conocen un poco estarán riéndose de mí al otro lado de la pantalla, pero bueno, dejadme vivir al menos por un tiempo la ilusión de que cambiar de ciudad me permitirá cambiar, siquiera un poco, de vida.

Dropbox

Viernes, 11 de Marzo de 2011

— Esto del dropbox es como magia, pones un archivito ahí, y al segundo me aparece aquí.
— Sí…
— ¡Métete tú en el dropbox!

Love it or fix it

Viernes, 11 de Marzo de 2011

Love it or fix it

El culto a lo hecho

Miércoles, 2 de Marzo de 2011

Viendo el otro día el streaming de Urban Social Design Experience se mencionó en el chat algo sobre el manifiesto del Culto a lo Hecho.

No soy muy amigo de manifiestos (basta ver mi reacción al último que leí), su rotundidad y radicalidad me resultan intelectualmente incómodas, por así decirlo. Sin embargo, reconozco su valor como definiciones extremas y limpias de diferentes formas de ver la vida que por lo demás siempre solemos encontrar en una forma más mezclada.

Este manifiesto en concreto me ha llegado por varias razones. Me encanta su desparpajo con toques humorísticos (me encanta que sean 13 puntos, y no los forzados 3 o 10 de toda la vida) y el hecho de que los propios autores lo trivialicen ya antes de presentarlo. Pero por otro lado no deja de contener varias sugerencias importantes, en la línea tan contemporánea de la beta perpetua, el work in progress, el learning-by-doing, y demás conceptos “2.0″, pero también en un plano mucho más personal:

A mí, que últimamente ando liado con muchos procesos de puesta en marcha, conexión, relación o gestión la mayoría de las veces difícilmente tangibles, me ha servido como tranquilizante y a la vez como revulsivo. Como cuando me pongo a arreglar la bicicleta y descubro que me encanta ese trabajo, este manifiesto me ha recordado otros tiempos (no muy lejanos) en los que he vivido más del hacer que del pensar, y aunque ellos no lo diferencian ni lo mencionan directamente, también más ligado a lo físico que a lo digital. Siempre con las manos manchadas: de serrín, de cola, de pintura, de grasa…

Y me ha recordado que para hacer efectiva una mínima praxis hay que mantener un equilibrio entre la especulación estratégica y la pura y simple creación. Que tratar de apuntar bien no debe evitarnos disparar una y otra vez hasta acertar. Dicho y hecho. O tan radicalmente como proponen ellos: sin saber, hacer, y acabar.