¿Cuándo?

Cristina se rebulle a mi lado, en el andén, como si la vida que lleva dentro no la dejara estarse quieta.
– ¿Jugamos al cuándo?- pregunta, como una niña que se aburre.
– ¿Al cuándo?
– Sí… Te preguntas ¿cuándo veré tal cosa? Y entonces te toca estar atento a todo lo que te rodea para buscarla. A veces la encuentras al instante, a veces tardas meses o años, nunca se sabe. Y cuando por fin la tienes ante ti, preguntas por otra cosa.

Como una niña, me repito. Pero su sonrisa me baja las defensas, y me dejo llevar.
– Vale: ¿cuándo veré un coche?
Me mira desencantada, como una flor que alguien no ha mirado al pasar.
– Eso no vale.
– ¿No?
– No. No tiene magia.
– ¡Magia!
– Si, magia. ¿Nunca piensas que es mágico lo que nos rodea? Podrías haber dicho, ¿cuándo veré una nomeolvides? Una nomeolvides. ¿A que no sabes cómo son? Ahí está la magia. Te preguntarás, durante mucho tiempo, qué tipo de flor es esa. Qué color tendrá, si será pequeña o grande. Te imaginarás por qué se llama así. Irás preguntando a la vida ¿cómo es la nomeolvides? ¿Dónde crece? Soñarás con ella, la llevarás a todas partes, y pasado un tiempo descubrirás que amas esa flor, y todas las flores serán posibles nomeolvides para ti, y comenzarás a amarlas también, hasta que un día, paseando por la montaña, o leyendo en la biblioteca, alguien señale y diga: mira ¡una nomeolvides! Y te emocionarás, y la mirarás fijamente, con los ojos muy abiertos, y sabrás que la flor ante ti es la que llevabas dentro, y eso será magia…

En ese mismo instante comprendo de qué hablamos, allí en un lejano andén, solos yo y ella. La miro, mientras el retumbar de mi tren nos llega desde la lejana curva.

– ¿Cuándo veré a Cristina?

Y Cristina, la flor, la niña, calla, y la magia gotea por su mejilla.

Cómo escribir un relato en tres años

Escribir un relato breve ha sido siempre para mí una cuestión de dejar pasar el tiempo. Es un proceso ¿cómo decirlo?… casi geológico. Del mismo modo en que un plegamiento de tierras provoca la aparición de una cordillera, que luego el tiempo va erosionando, así se crean y se van puliendo los relatos.

Primero, un día, viene la idea, y con ella, seis o siete frases que se encadenan mágicamente en mi cabeza. Entonces me levanto de la mesa a medio cenar, y escribo cuatro líneas en la hoja más cercana, con la primera cosa que sirva para escribir y se encuentre a mi alcance. Después, esa hoja pasa a formar parte de la espesa cobertura de mi mesa de trabajo, peleándose con facturas, dibujos y similares por un hueco digno. Tras un par de meses en la fase analógica, es posible que un día la coja, sacuda de un soplido el polvo acumulado, la relea, y decida pasarla a la fase digital.

Todo lo escribo a ordenador desde hace años. Me permite comenzar por el final, o por cualquier otra parte. Me permite volver, borrar, guardar, multiplicar las versiones en archivitos que no se traspapelan y apenas ocupan sitio.
Varios meses después, rondando por los subdirectorios donde guardo los diseños, las fotos y los relatos (probablemente porque la alternativa más inmediata sea abrir el AutoCAD, y eso rara vez me apetece realmente), encontraré el archivito con esas seis o siete frases inconexas, pero perfectas.

Entonces comienza una larga serie de visitas, muy espaciadas en el tiempo. Cada vez que abro un archivo de los que guardo en la carpeta “…/Relatos/A medias” (digamos que… el 80% de mis relatos están ahí ahora mismo), un par de frases cambian de orden, una o dos desaparecen, y varias palabras son sustituidas por otras muy parecidas pero mucho más adecuadas.

Con el tiempo, las seis o siete frases originarias comienzan a parecerme menos perfectas. Sacrificándolas al conjunto, que comienza a tomar forma, comienzo a modificarlas también. Es probable que a estas alturas el relato lleve dos años en ese rincón del ordenador.

Siguen pasando los meses. Ya no puedo recordar qué frases fueron las que arrancaron el relato. Ahora es ya un cuerpo único, y las modificaciones van reduciendo su tamaño y aumentando su importancia. Ahora, la mayoría de las veces, no llega a cambiar ni siquiera una frase entera. Un par de meses después, sólo una o dos palabras, y de ahí en adelante es posible que sólo se mueva de sitio una simple coma.

Y entonces llega el día en que abro el archivo, releo un par de veces el contenido, y lo vuelvo a cerrar sin haber cambiado nada. Creo que sólo un par de relatos han llegado alguna vez hasta ahí.

En fin… Es entonces cuando ya puedo hacer lo que quiera con él.

Generalmente, nada…

El método del desastre

Cuando pensamos en los condicionantes de la construcción, y pensamos -por ejemplo- en el agua como algo que no debe entrar en la vivienda, muchas veces infravaloramos su poder, lo imaginamos como algo que, en el papel, apenas molesta un poco. Para darse cuenta de lo que está manejando, todo estudiante de arquitectura debería, al menos una vez en la vida, coger una manguera con suficiente presión o un difusor, y regar alegremente la fachada de su casa, especialmente las ventanas y cualquier otro punto débil. Y sufrir un poco pensando que ¡uy! está mojando la casa. Y repetirlo, pese al horror de los demás y su propia reticencia, hasta comprender que efectivamente, cuando un edificio se diseña contra el agua, es que realmente funciona –o debería funcionar- de ese modo. El ejercicio complementario, también interesante, es quedarse dentro, tras la ventana, y soportar sin inmutarse el chorro a media presión que alguien pueda dirigir desde fuera con una manguera.
Sobre todo, con mucho caudal, ¡que corran ríos! Porque lo que funciona para cuatro gotas, funciona para un chorro continuo, ¿o no va a resistir la casa una lluvia “a mares”?
Y si por lo que fuera, el edificio víctima de tan ilustrativa práctica no funcionara correctamente y aparecieran humedades, el alumno podría aprovechar para comprender cómo se inician algunas patologías y cómo se reparan.

Y luego, una vez asumido esto, basta con aplicarlo mentalmente al proyecto que uno tiene entre manos. Imaginar el chorro de la manguera apuntando justo a la unión carpintería-recercado, o una tormenta de levante azotando la fachada (para edificios frente al mar), o la nieve cubriendo con varios metros de espesor toda la cubierta, o un tipo con lanzallamas tratando de incendiar el edificio, o un vendaval de 130 km/h silbando por las esquinas…

El método mental “del desastre” o de la puesta en carga no suele fallar: inmediatamente doblamos la eficacia de la solución constructiva en la que estábamos trabajando.

El puente

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
—¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? — pregunta Kublai Kan.
—El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla — responde Marco—, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
—¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
Polo responde:
—Sin piedras no hay arco.

Cita de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

En construcción

[Notas encontradas no recuerdo bien dónde]

El pasado 2 de Enero de 2006, en una conferencia que dio en el colegio de arquitectos, contaba José Luis Guerin (el director de la película “En construcción”) una vivencia frente al mundo de las obras de construcción: una obra delante de su casa.
¿Habéis vivido eso alguna vez?, decía. Es traumático, estás tan tranquilo en casa y de pronto llegan unos tipos con máquinas y lo llenan todo de polvo, de mierda, de ruido… un ruido horrible… horrible.

Al principio, la rabia le hacía asomarse a la ventana con ánimo de protestar, y entonces veía a un obrero al lado de la hormigonera, y se daba cuenta de que él también estaba aguantando el ruido. Qué le iba a decir, en el fondo estaban conectados por ese estruendo… Contaba que, como su estudio daba a la calle y a la obra, comenzó a pasar ratos sentado ante el escritorio, mirándolos trabajar, y oyéndolos. Empezó a aprenderse sus motes (que se gritaban mutuamente), a ver las bromas y los problemas generados por la diferente cultura e idioma de los obreros (los del este, el sevillano, los marroquíes…).
Entonces, un día, la obra se acabó. Se pararon los ruidos, el edificio quedó definitivamente cerrado, silencioso, y comenzaron a llegar los que realmente iban a ser sus vecinos. Guerin, asomado a la ventana, llegó a una sorprendente conclusión:
Eran más simpáticos los otros.

Esto plantea dos reflexiones:
– La primera, que planteó el propio Guerin y en la cual basó “En construcción”, es la pregunta de qué pasa en una casa antes de que llegue el dueño. La constatación de que la vida de un edificio, su historia, no comienza con el primer usuario, sino antes. ¿Es ya una forma de habitar, en algún sentido de la palabra?
– La segunda, de carácter social. Y es que realmente, es posible que la simpatía que le suscitaron los primeros habitantes (los obreros) se deba únicamente al hecho de que se dejaban ver, de que desarrollaban su vida ante él, de que ofrecían a su vista algo que los caracterizaba, que los definía como personas. Los nuevos vecinos, en cambio, con su hermetismo, impedían toda relación. Lo cual vendría a reforzar mi intuición-teoría de que compartir/mostrar la actividad de la gente permite crear entornos más humanos, más cercanos a la gente, entre la gente.

¿Nueva velería?

Pues nada, os dejo uno de mis primeros trabajos en Illustrator, cuando estaba familiarizándome con su forma de funcionar y se me cruzó una vela de windsurf por enmedio.

Aquí podéis ver algunas imágenes de las nuevas velas de windsurf TS Radical Wave, de la firma TriSails… que por poco logran engañar a más de uno, y que tuvieron bastante buena acogida.

Próximamente, las versiones de race y de freestyle :P

Lástima que, como siempre, todo esto lo haga tan amateur, me haría ilusión ver que algo se hace realidad y hasta me da de comer, pero bueno, nunca se sabe cuándo va a dar frutos este árbol.

Enlace: [ j. zamora ]

No podían faltar unos cuantos representantes de la fotografía, y ya que estamos, me doy el gusto de empezar con uno que yo conozca personalmente:

Joaquín, un artista, windsurfero y escalador donde los haya, además de una gran persona. Es un simple aficionado a la fotografía, y siempre lo dirá así, modestamente, pero da gusto ver tanta calidad, y tan constante, en esas fotos.

Nota en post-it: Acordarme de preguntar a Joaquín de dónde sale el nombre del blog…

Enlace: [ almalé ]

No puedo menos que dedicar un enlace a la página de mi amigo Eduardo Almalé, joven arquitecto al que conocí (como tantos otros) a través de TodoArquitectura.com
Él se define a sí mismo como “un piltrafilla”, pero lo cierto es que, fuera de los círculos de la crítica o la enseñanza profesional de la arquitectura, es una de las personas que conozco que más sabe sobre los grandes maestros. Una de esas personas que atesoran el conocimiento, lo miman, lo admiran, y lo que es mejor, lo transmiten con un cariño y un cuidado supremos.
No hay más que ver El Sueño del Arquitecto, bonita iniciativa en la que yo mismo no pude resistirme a participar con una amiga. Vaya trabajazo se pegaron él y su equipo, todo por amor al arte.
En fin, en los enlaces lo tenéis. Confieso que no he durado más de 15 minutos seguidos en su blog, pero os puedo asegurar a ciegas y con total confianza que allí vais a encontrar una miríada de cosas que no sabíais sobre la historia, la teoría y los personajes de la arquitectura.

Enlace: [ alva ]

Como decía un amigo común: Alva es una de las tres personas buenas que conozco.

Yo podría ratificarlo con todo mi entusiasmo, pero no lo pongo aquí sólo por eso. Fiel a mi propósito de poner como referencias aquellas personas que hacen realmente bien lo que yo sólo chapuceo, no puedo dejar de recomendaros que os paséis por su página y os dejéis llevar un rato al curioso mundo que evoca este dibujante, diseñador, ilustrador, o lo que sea. Lo que no podréis ver (yo sí lo vi, ññññ :P) es cómo recrea, en unos minutos y en la esquina de un periódico, un pedacito de ese mundo.
Y bueno… iba a seguir elogiándolo, pero lo mejor es que vayáis y lo veáis. De allí podéis ir a muchas otras páginas de creadores de la misma calaña.
Alva forever… ¡De mayor quiero ser como tú!
PD: Me costó hacerle creer a mi madre que ese tipo, con esas pintas, era el autor de esos dibujos rebosantes de sensibilidad, de cariño y de imaginación…

Hmmmm…

Caray, qué difícil es arrancar con esto, ¿no?. Tengo 2000 documentos en el disco esperando ser colgados. ¿Cuál poner primero?
Creo que voy a poner uno de cada categoría, para que aparezcan todas, y luego ja vorem.

F.A.Q. – Acerca de este blog

Voy a ser un poco pesado, como toda buena introducción. Tendréis que aguantaros, o sencillamente, no leer esto, y allá vosotros.
¡TÚ con un blog!
Sssi, qué passsa. Ya sé que siempre dije que hacerse un blog me parecía una chorrada mayúscula, una moda intrascendente y un gesto de egocentrismo gratuito… no hace falta que me lo recordéis. También recuerdo mi afirmación de que no me haría un blog hasta tener una razón de peso para hacerlo, algo que realmente resultara en una aportación interesante a los millones de bloguitos que pululan por ahí. Que sí, que sí…
Pues bien, ahí van varios motivos, más para convencerme a mí mismo que a cualquier otro:
Primero: Porque me apetecía diseñarme un blog.
Segundo: Porque… me apetecía diseñarme un blog.
Tercero: Porque sí.
Ale. Siguen sin convencerme, pero mientras pienso si me hago o no un blog, pues me lo hago, y al menos me divierto un rato :P
Moraleja: Nunca digas nunca…
¿Por qué “La Cajita”?
Hasta ahora, es la mejor caracterización que he oído de mi forma de ser. Hablando un día con una compañera de la carrera, llegamos a hablar (no sé por qué) de la equitación, y cuando comenté algo de mi experiencia con los caballos, se quedó boquiabierta, mirándome, y exclamó:

“¡No me digas que también le dabas a la equitación! Bueno… ¡no dejas de sorprenderme! Cada vez que hablamos descubro algo nuevo, eres una auténtica cajita de sorpresas. ¿Qué más cosas has hecho?…”

Ni que decir tiene que no le dije de golpe todas las cosas por las que me he interesado en mi vida, pero me encantó la espontaneidad con que dijo lo de la “cajita”. Y aquí está: un espacio de donde no se sabe muy bien qué se va a sacar…
¿Qué hay en este blog?
De todo. Concretamente, de todo lo que me interesa, es decir, todo. (Cada vez que digo esto, me tengo que parar a pensar si hay algo que realmente no me interese o me haya interesado alguna vez…)
He hecho varias categorías, y recomiendo encarecidamente que lo leáis de ese modo, seleccionando el tema que os interese y curioseando en él. Como si en lugar de un solo blog, fueran varios diferentes. La lectura mezclada de todo ello puede resultar incomprensible, confusa, y en el peor de los casos, dar una idea equivocada de mi persona. No sufro esquizofrenia ni desdoblamiento de la personalidad, simplemente, me muevo en varios ambientes diferentes sin entrar de lleno en ninguno de ellos. Son pocas las personas que me han visto en la escuela de arquitectura y también sobre una tabla de windsurf, y cada vez que llevo algo de un ámbito al otro, la gente se sorprende. Quedaos con esa sorpresa: la mezcla de todo es mejor que esté sólo en mi cabeza.
Categorías temáticas (1-6). No son exhaustivas, habrá temas que sencillamente no encajen en ninguna: esos estarán disponibles en las categorías a-c.
Categorías (a-c) que hacen referencia al tipo o procedencia del contenido.
– Creaciones: Cualquiera de los proyectos, diseños, productos o escritos propios.
– Reflexiones: Comentarios, críticas o pensamientos propios sobre cualquier tema.
– Referencias: Comentarios o enlaces a las creaciones o reflexiones de personas que crean o reflexionan mucho mejor que yo. Gente que se dedica con intensidad a las cosas que yo sólo rozo de forma muy limitada.
¿Por qué se ve mal encuadrado el fondo?
Este blog, por lo chapucero de su concepción, sólo funciona actualmente a una resolución de 1024×768 (creo) y a pantalla completa (eso seguro). Disculpad las molestias.
PD: Lo más curioso es que “la cajita”, lleva colgado en Internet desde octubre del año 2004 sin que nadie se enterara, y ha cambiado varias veces de diseño. Esta vendría a ser la versión 3. Tenía en mente un diseño algo más ambicioso, pero con este puedo salir del paso…