Le luthier amateur
Una tarde, hace unos años (vivía aún en aquella casa con jardín) mientras tocaba el violín, me di cuenta de que el puente, esa pequeña pieza que mantiene elevadas las cuerdas, se apoyaba de forma un poco sesgada sobre la caja. Se me ocurrió que, sin menospreciar el trabajo del luthier, yo podía arreglarlo fácilmente por mí mismo.
Destensé las cuerdas y el puente quedó suelto. Lo llevé al garaje–taller y comencé a lijarle los apoyos para dejarlos perfectamente perpendiculares. Pues bien, he aquí un gran defecto que me impediría ser escultor: una vez comienzo a quitar materia, me resulta difícil parar, y lo más probable es que a golpe de escoplo acabase quedándome sin nada en las manos. Tras lijar los apoyos, decidí que podría estar bien redondearle algunos bordes con la lija, y así lo hice. Lijé todos los bordes. El puente quedaba… interesante, como más suave a la vista, pero la máquina talladora se había puesto en marcha. Vi el cutter sobre la mesa, miré el puente, volví a mirar el cutter, y sin pensarlo demasiado, comencé a cortar.
Si recorto esta punta por aquí, y corto en bisel esta otra… y esa otra…
Bueno, ya lo veis. Lo que era un puente tradicional, con cantos afilados y delicados cortados a máquina, acabó en una pieza de artesanía de inspiración modernista, como vegetal. Sólo al empezar a repasarlo con la lija me pregunté si no me estaría cargando el sonido. En fin, un puente no es tan caro, pensé, se puede sustituir, así que lo acabé y lo volví a montar.
Debo decir que a mis oídos, el sonido del violín no perdió ni un solo punto. En realidad, el puente sigue haciendo su función de apoyo y transmisión sonora. Aunque al verlo parece mucho más inestable que uno tradicional, tuve el buen tino de cortar sólo las “florituras” decorativas, dejando intactas las partes resistentes.
Y ahora, cada vez que lo saco para tocar un rato, puedo sentir la satisfacción de haberme hecho, si no un violín completo, al menos una parte de él. No es más bonito (más bien… al contrario) ni mejor que el original: simplemente, lo hice yo. Es un valor “canjeable” sólo por mí mismo, pero en fin, es un valor añadido. El que no lo entienda, que se haga uno.



17 de Abril de 2007 a las 10:07 pm
Yo te entiendo ;) pero no me atrevería a hacer eso con mi violín :P
17 de Abril de 2007 a las 11:41 pm
Hola! Gracias por tu comentario en mi Blog y que también te guste Juan Salvador Gaviota.
Saludos y Exitos
19 de Abril de 2007 a las 11:22 am
Ufffffffff no me imagino haciendole algo así a… ahora que lo pienso, yo no tengo nada tan delicado como un violín…
Mmmmmm algún día tengo que oírte tocar…
Salu2
20 de Abril de 2007 a las 1:24 pm
Lo de oírme tocar, ahórrenselo :P
Para los miedosos: No toqué nada del violín, sólo el puente, que es una pieza totalmente sustituible. Si hubiera salido mal, sencillamente lo hubiera cambiado por un puente bien hecho. Que uno está loco, pero no tanto…
Mi profesora de violín no me asesinó cuando lo vio. Dijo que sonaba igual de mal que antes xD