Somos lo que hacemos

We are what we do. Así se llama esta genial iniciativa weberil que se propone “inspirar a la gente a usar sus actos del día a día para cambiar el mundo”. Muy muy cerca de mi forma de pensar actual.
Su última campaña es un concurso, y se llama algo así como ¿Qué pedirías a 1.000.000 de personas que hicieran? Un ejemplo de lo contemporáneo y atractivo que puede llegar a ser el cambio. Y merece la pena concursar, sólo con pensar que el premio sea la difusión y llegada a término de tu propuesta.

Visto en otra interesantísima web sobre publicidad aplicada a causas de interés general: Osocio.org

PD: Cada vez que abro la web me sale en un color, así que si no os gusta el rosa (que me acaba de salir a mí), dadle a refrescar xD

Cita

Si no vives como piensas, acabarás pensando como vives.

Hablando de movilidad…

Dicen que la última construcción humana que se ve cuando te alejas hacia el espacio es la Gran Muralla china. Pero no. En realidad, es la penúltima, porque aún resultará visible el Gran Cinturón de Rotondas Elche-Alicante, magna obra de la que el gobierno, como podéis ver en la siguiente imagen, está francamente orgulloso, hasta el punto de poner una cosa así en el periódico.

Las llanuras de Nazca, con sus dibujillos, palidecen de envidia ante nuestros rosarios carreteriles. ¿Quién habla ya de la monumentalidad egipcia? ¡Si el templo de Luxor cabe ahí dentro! De hecho, si el templo de Luxor hubiese estado en Alicante, ocuparía el mismísimo centro de una rotonda, porque los alicantinos, amigos míos, como grandes expertos en el tema, somos los inventores de la rotonda-museo. Como hay que darle algún uso a ese enorme espacio muerto, los más previsores, durante la elaboración del Plan General, ya lo tienen en cuenta. Dibujan un circulito de 100m de diámetro en los edificios de interés, los numeran, y unen los puntos. Tenemos la Rotonda Torre de Vigilancia Mora, la Rotonda Finca del s.XIX, la inacabable serie de rotondas-escultura (cachis… Chillida se nos escapó sin poner la suya) y una apabullante ristra de casos similares. La de la foto es de la serie Diseños Modernillos Que Sólo Se Ven Desde El Aire.

Sí, señores, la provincia de Alicante es conocida por lo hermoso de sus cielos, lo airoso de sus palmeras y lo desmesurado de su tráfico rodado y en especial, de sus rotondas. Tenemos las rotondas más grandes y redondas del sistema solar, si descontamos los anillos de Saturno. Algunas son tan grandes que han sido confundidas con una recta infinita por visitantes extranjeros; se dice que una pareja estuvo cuatro días dando vueltas por el carril interior de una rotonda cerca de San Vicente, hasta que se les acabaron los víveres y hubieron de ser rescatados mediante un helicóptero militar. Por aportar alguna cifras más reales, cada uno de esos circulitos ha desplazado la superficie de huerta necesaria para abastecer de naranjas a bastante más de 100 familias durante todo el invierno. También se dice que si las rotondas del país se cubrieran de placas solares, la energía producida bastaría para suplir a toda España, a Portugal y a una pequeña parte del estado de Texas, aunque esto último no lo acabo de entender.

Algún día, cuando sea mayor, fundaré un movimiento social y cultural que se llamará La Vuelta a la Rotonda, en defensa de los espacios que quedan así encerrados por un foso de rugientes coches y ardiente asfalto. Las okuparemos, organizaremos acciones urbanas, conciertos, raves y campamentos de verano en su interior. Propondremos la restitución de usos, y una a una, iremos creando la rotonda aparcamiento (un gran concepto, por cierto), la rotonda placa solar, la rotonda helipuerto, la rotonda restaurante, la rotonda centro de investigación y la rotonda huerta, que constituirá una denominación de origen en sí misma: Dátiles y Naranjas de Rotonda.

Decidme que en vuestra tierra no son tan brutos, o perderé la fe en la raza humana.

Dando vueltas al atajo: el dilema de la movilidad

Uno, joven, inexperto y entusiasta, habla a favor de la movilidad sostenible. Esgrime argumentos, cifras… lo que haga falta. Arrebatado. Convencido. Hasta que uno de los interlocutores te mira con aire resabido y te dice: “¿Entonces por qué coges el coche para ir a Santa Pola a hacer windsurf?”. “Pues porque no puedo ir en bici, tardaría dos horas”, le contestas. “Aaaah, ¿ves? todos dependemos de los coches”, es su invariable respuesta.

Al principio, estas cosas me dejaban confundido. Descubrí, decepcionado, que es imposible ser 100% ecológico, 100% sostenible o 100% lo que sea. Que estamos atrapados. ¡Un problema insoluble!

Ahora sé que no es así. Ser sostenible o ecológico (palabras que nunca debieron existir y cada vez me suenan peor) es un término relativo. Es imposible vivir humanamente, culturalmente, sin interferir en lo natural, porque la humanidad, precisamente, consiste en hacer cosas que la naturaleza no hace. Podríamos seguir yendo a pie a todas partes, sí. Y podríamos no haber aprendido a utilizar el fuego, desde luego. Ni haber desarrollado la pintura, o la música… Pero apenas tiene sentido plantearse esa posibilidad. La nostalgia cavernícola es sólo eso, nostalgia.
En realidad, se trata de mirar un poco más ampliamente las consecuencias de nuestro progreso. Autoevaluarnos, usar el sentido común, y seguir avanzando.

En el caso de la movilidad, la solución sostenible es realmente sencilla, en contra de lo que se pudiera pensar. Tan sencilla que puede resumirse en una sola frase:

Usa siempre el menor medio de transporte que cubra tus necesidades.

Es la mejor actitud. Cuando digo “menor” entiéndase “de menor impacto y mayor eficacia”. Si puedes ir andando, ¡ve andando! Si no puedes porque tu objetivo está a… digamos, 6 km y tardarías demasiado, coge la bicicleta. Si no puedes porque tu destino está a demasiada distancia, entonces mejor usa una moto o coge el autobús. Y si éstos no te sirven porque tienes que llevar una tabla de windsurf… entonces sí, claro, coge el coche. Etcétera para camiones, trenes, autobuses, barcos, aviones, submarinos y transbordadores espaciales.

El error no está en haber inventado el coche. Uuuuh, los coches son malos. No. El coche es un invento utilísimo. El error está en subirse a él para ir a por pan a dos calles de distancia, al cine a siete tiros de piedra, o al trabajo a 10km. O mejor, usarlo para ir al gimnasio, donde podrás hacer todo el ejercicio que precisamente no has hecho por ir en coche. Es decir, el equivalente a ir en bici al trabajo y volver, pero gastando gasolina y pagando la cuota de gimnasio… y el precio del MP3 que te has comprado para no aburrirte mientras pedaleas en una bici estática. Cosas así, tan originales, que se hacen hoy día.

Si continuamos el desarrollo a partir de la sencilla premisa anterior, vemos cómo puede cambiar el panorama. La ciudad se llena de peatones y ciclistas, con el drástico cambio en habitabilidad que eso indiscutiblemente supone. Claro, tú acabas usando el coche 2 veces al mes. El de al lado también. Y 10.000 conciudadanos más, también. A ninguno os sale rentable tener un coche sólo para eso, desde luego. Nace el “carsharing”. Una reducida flota de vehículos de distinto tipo basta para todos. Cuando lo necesitas, coges el más apropiado (no simplemente el que te has podido permitir), nuevo, limpio y a punto… y luego lo devuelves y te olvidas. No te va a dar ningún problema, sólo ventajas.

Naturalmente, imponer esto desde arriba es irreal. ¿Quién decide qué vehículo es necesario o no en cada momento? Ahí queda la responsabilidad de cada uno. Eso es inevitable: tendremos que decidir por nosotros mismos si queremos hacer las cosas bien, o no. Pero el dilema, el gran dilema de la movilidad, queda reducido a un mero ejercicio filosófico.

La cuestión no es tanto si el vehículo de turno es de gasolina, eléctrico o de pedales. Con 4 coches en el mundo, no pasaría nada si fueran de gasolina. A partir de ahora, pasad de cualquier anuncio de pretendida ecología en este asunto. Es secundario, muy secundario. Lo absolutamente fundamental es el USO que se le de a ese vehículo. Y eso, ESO, sí que está en nuestras manos. De forma absoluta.

Ale.

Vosotros mismos.

Los sgaedores de la creatividad

Nunca había opinado demasiado sobre el tema porque me parecía demasiado complicado y… me daba pereza. Creo. Sin embargo, casualmente al hilo de la entrada anterior, os dejo aquí un artículo que resume de manera brillante la gran estupidez que pueden llegar a ser los derechos de autor aplicados a mansalva. Proteger hasta a los que no quieren ser protegidos… cobrándoles. Cuando la SGAE despertó, la tecnología todavía estaba allí

Del que cito la que me parece la frase más importante de todas:

La Música, con mayúsculas, es anterior a las discográficas y sobrevivirá cuando ellas ya no estén.

¿La música morirá por la libre distribución? ¿Es costoso producirla? ¿El talento es escaso y difícil de promocionar? Vamos, vamos… tranquilidad, gente.