Cita

No es que no quiera probar jamás las drogas: es que antes quiero probar TODO lo demás.

Flashback en el viento

Hace ahora dos años, enviaba mi curriculum al centro Rene Egli, en Fuerteventura, apostando sin reservas por algo que siempre quise hacer. Ahora veo esta foto como si fuera otra persona, y paladeo el extraño sabor que tienen los sueños cumplidos. Algo de orgullo, un toque de decepción, un buen puñado de satisfacción, un regusto como a melancolía… y un aroma salvaje a libertad. Imaginé que iría, y fui.

JT en Fuerte

Aún a veces necesito las fotos para creérmelo del todo.

The Slow Bycicle Movement

Dentro del movimiento slow, como se le viene conociendo, acaba de nacer -y ante mis propios ojos- un nuevo brote, en el que espero que con el tiempo se posen muchas mariposas. Hablo del slow bycicle movement, un movimiento bicicletero que nace como nacen las mejores iniciativas del entrante siglo XXI.

Con estilo.

Con buen humor.

Con el código, la mente y las ideas abiertos.

The slow bycicle movement

Una de esas pequeñas propuestas que, sumadas a muchas otras iguales, reafirman mi convicción de que en este mundo, si las cosas se hiciesen por iniciativa propia, saldrían más buenas que malas, al contrario de las que se hacen por dinero. Demostrado está, pero no nos vayamos del tema. Por si a alguien le interesa, os dejo una presentación curiosa -y tan cutre como casi todos los pogüerpoints de la red- acerca del slowdown.

Canciones que todavía no existen

Como parte de un imprevisto retorno personal a la música, hace un mes comencé a tocar el violín en un grupo. Nunca había tocado entre guitarras eléctricas, bajo, batería, amplis y cables por todas partes, y la verdad es que, pese a ser algo supuestamente alejado de mi imaginario musical y de mi forma de ser, me ha enganchado y me he quedado. De esas cosas que sorprenden a uno mismo. Pero eso es otra historia… el caso es que Adrián, el bajista, nos pasó hace poco un texto que me ha parecido digno de lectura atenta, y que da título a esta entrada. Lo firma Santiago Auserón, alias Juan Perro, cantante y compositor de Radio Futura, entre otros títulos.

Con la última década del pasado siglo, la sociedad española iniciaba un giro de signo muy distinto a los cambios que durante la transición permitieron llenar el aire de nuevas canciones. Las marcas comerciales se adueñaban del deseo de ser o parecer rockero, mientras el poder orientaba con deliberación sus consignas hacia la pasión por el deporte. [Seguir leyendo]

Un pequeño gran texto, que no duda en relacionar música y deporte con política y educación, con una entereza que hace más músico, si cabe, a su autor. Me hace pensar y reafirmarme, como ya comenté en otra ocasión, en mi convencimiento de que la música no morirá como auguran las grandes discográficas y los graznidos roncos de la SGAE, sino que seguirá igual de viva que siempre. Leyendo el artículo, uno concibe la esperanza inmediata de que la música pueda salir ganando en el cambio, sobre todo viendo la actitud valiente y directa de los que dejan descargar libremente su música desde la Red y la remiten al insustituible directo. Los músicos seguirán siendo músicos y en lugar de vivir de que la gente reproduzca y repita sus temas más allá de su alcance, podrán vivir de que los escuchen y canten con ellos. No se tratará de distribuir el máximo número de discos, sino de inyectar la máxima cantidad de pasión, de belleza y de verdad a los que escuchasen. De cogerlos en un puño y cantarles y tocarles de ser humano a ser humano. No la música extensiva y enlatada, sino la intensiva, la intensa, servida caliente directamente de los instrumentos, cocinada directamente sobre el escenario o entre los propios comensales.

Y sobre todo, independiente, dispersa, de distribución espontánea.  Si las discográficas -al César lo que es del César- ayudaron a difundir la música cuando hacerlo de forma masiva era difícil, ahora su papel se acabó, porque cualquiera puede hacer eso hoy día. Con la Red, la música queda instantáneamente al alcance de tanta gente como las discográficas soñaron con alcanzar. Con una diferencia: ahora se trata de gente inteligente que actúa como tal, con sus propios gustos y deseos, que llega libremente y que, de nuevo, volverá a escuchar y hacer la música de acuerdo con lo que sienta, con lo que sueñe y con lo que quiera expresar, no por lo que le ofrezcan.

Que no vuelvan a convencernos de que saben elegir por nosotros. El gusto y la experiencia de la música, como las ideas propias, son inalienables. Lo dicen las propias canciones, las que existen y las que no.