EV1: El coche eléctrico…

… que pudo ser y no fue.

Ya hablé de esto hace algún tiempo, pero el tema me ha vuelto a llegar, esta vez por mail, y me he decidido a hacer una pequeña entrada.

EV-1

A veces pasan cosas tan increíbles que parecen más de película que ligadas a nuestra realidad cotidiana. Pero ahí están. O ahí estaban, como el EV1. Un coche eléctrico que se lanzó a producción, y súbitamente, unos años más tarde, no sólo se dejó de producir, sino que se persiguió y recuperó cada uno de los ejemplares hasta tenerlos todos juntos. Y entonces, ¡zas! Borrón y cuenta nueva. ¿Coche eléctrico? Bufff, es que no está muy desarrollado, es muy caro, no tiene autonomía, la gente no lo quiere, es lento… naaa, déjalo, mejor coge este otro, que…

Respecto del archivo enlazado, que es el que me llegó por mail, decir que lo que habla al final del coche de hidrógeno es bastante diferente. Pueden llegar a ser incluso opuestos, hasta el punto de que es posible que se esté tratando de “olvidar” el coche eléctrico en favor del de hidrógeno. ¿Por qué? Porque hacer depender del hidrógeno a los consumidores creará otro nicho de mercado enorme y posiblemente igual de monopolista que el del petróleo. Ya se encargarán de que el hidrógeno no pueda producirse en casa, sólo comprarse en gasolineras. Una ley que prohíba hacerlo “por seguridad”, una eliminación masiva de patentes… lo que sea. Porque lo peor del coche eléctrico no era que no consumiese petróleo, sino que cualquiera podría producir electricidad para moverlo en su casa, con energías renovables. Y eso, la autonomía energética tan necesaria en el mundo, no interesa. Hay que tener al consumidor cogido por donde más le duele: la energía. Bien apretado.

Si la presentación anterior os ha dejado con curiosidad, os invito a retroceder 12 años, de regreso al futuro…

… y luego a presenciar el llamativo final de la saga, en un gran documental.

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¿Morir, la música?

Vamos… si ahora mismo tiene mil motivos para estar más viva que nunca…

Perdón, mil uno.

No, mil dos.

Hmmm… esto me recuerda a una pequeña (y agorera) canción que cantábamos de pequeños:

Todo bajo el sol
perecerá.
Sólo la música,
sólo la música,
sólo la música,
existirá.

Spermöla: tu basura no es basura

He aquí otra de las interesantísimas iniciativas de Basurama (echadle un ojo a ese colectivo). La cantidad de objetos utilizables e incluso valiosos que se tiran al vertedero es asombrosa, sobre todo en España. Los centroeuropeos y los escandinavos ya pasaron la barrera del “lo quiero nuevo” e intercambian objetos, pero nosotros, como nuevos ricos, nos empeñamos en que todo el valor que tenga un objeto sea el comercial o el sentimental. El valor de uso en sí mismo es injustamente despreciado, cuando debería ser el principal.

Con ganas de cubrir ese vacío cultural aparece Spermöla, una iniciativa bastante reciente que se apoya en las capacidades de conexión de la red de redes y en la filosofía “si lo vas a tirar, ¿por qué no lo regalas”, o en sus propias palabras: “lo que tú no necesitas otros lo pueden querer”. La página tiene posibilidades interesantes, entre las que destacaría la de situar cada objeto en el mapa, o la posibilidad de dejar comentarios y de valorar los anuncios…

Aunque todavía hay poca oferta, tiene un público bastante amplio. Dejé un anuncio regalando una tableta gráfica y he recibido ya 8 mensajes de gente interesada. Además, permite suscribirse via RSS a los anuncios, de modo que te llegan cómodamente en tu lector y no tienes que estar pendiente de ver si dejan algo que te interese.

Si tuviera que poner un “pero”, diría que el nombre no me convence demasiado. Por lo demás, no puedo menos que felicitar a sus creadores y promotores, y desear que se extienda su uso de forma exponencial hasta llegar a ser un sitio más de donde sacar las cosas, o donde dejarlas. El e-bay gratuito por excelencia.

Cita

El mundo no puede evolucionar más allá de su actual situación de crisis utilizando el mismo planteamiento que creó esta situación. Albert Einstein.

El telar de las Parcas

Decían los romanos, y aún antes los griegos, que los hilos del destino humano eran cosidos y descosidos por tres temibles hijas de la Noche, en un gran telar.  Los escritores, como ellas, tenemos la capacidad de dirigir el destino de los personajes y los mundos que creamos, y lo que aquí vengo a proponeros es exactamente eso: la creación de un gran telar conjunto donde las vidas de diferentes personajes se crucen e interactúen.

Es decir:

Partiendo de un primer relato -el padre de todos los relatos- cada uno tejerá en su blog la historia  de otro de los personajes que aparezcan, o que estaban allí -aunque el escritor no los viera-, o que supieron de oídas lo que había pasado… Esos relatos-hijos podrán a su vez ser origen de otros nuevos, de modo que poco a poco se forme un gran tapiz. Pero eso no es todo. Los hijos tendrán capacidad retroactiva, es decir, si al basarme en un relato, añado o modifico algo en la escena original, el autor de dicho relato deberá modificar el suyo de acuerdo con esto, para que el conjunto de relatos pueda ir enriqueciéndose, ajustándose y formando una red coherente.

¿Suena complejo? Lo es. Estas cosas son difíciles, porque mezclar diferentes opiniones, diferentes sensibilidades, puede provocar conflictos. Pero vamos a intentarlo. Escribir un relato entre muchos es casi un mito, pero enlazar relatos muy diferentes mediante una simple conexión argumental, parece bastante más factible, espontáneo y divertido.

Para hacer funcionar todo este lío, propongo tres normas sencillas:

– Al publicar un nuevo relato hijo, el autor dejará un comentario en el blog del padre, con un enlace. De este modo, el autor del padre podrá revisar a sus hijos y ver si introducen modificaciones en su relato.
– Cada uno, hará constar en su entrada, mediante enlaces, de qué relato parte, qué relatos se van creando a partir del suyo, y cuáles son las reglas del juego -enlazando, por ejemplo, a esta entrada-. Con esto, podremos navegar por todo del telar.
– Todo esto ocurrirá durante un mes, sin periodicidad ni orden establecido. Al final de ese mes, decidiremos si dejamos que la red de historias siga expandiéndose, o la damos por finalizada. Será divertido hacer una representación gráfica de las relaciones entre los relatos.

Por otra parte, os dejo un par de consejos:

– Intentad que las historias sean enriquecedoras, no hagáis bromas burdas, payasadas, ni salidas de tono que estropeen el resto de aportaciones. Esto no excluye el uso del humor o la ironía como estilo literario. Todo esto queda a vuestra negociación entre padres-hijos: podéis ignorar versiones destructivas, pactar entre vosotros los cambios del argumento, etc. Como queráis, pero sed buenos.
– El resultado debería tener algo de coherencia entre relatos, pero no necesariamente uniformidad. Os animo a probar cualquier estilo, ambiente, tiempo, formato, registro o extensión. La vida tiene tantos puntos de vista como personajes, como autores, como formas de escribir.  La única unión entre todos serán determinados puntos de la trama argumental.
– Aunque cada uno mantenga su relato siempre en una misma entrada, editándola, os recomiendo guardar en algún sitio cada versión, para ver cómo las historias de los otros han ido modificando la nuestra, poder compartir anécdotas, etc.
– Para que esto sea realmente interactivo, habrá que leer regularmente tanto a los hijos como al relato del que partimos… por si otro de los relatos hermanos modifica algo en el padre que nos afecta a nosotros, etc.

Y  nada, dicho esto, podéis comenzar cuando queráis y como queráis, a partir de este primer relato que os propongo, o de los que surjan. Eso sí, emplazo directamente al padrino de esta iniciativa a lanzarse entre los primeros ;)

Cambio de rasante

Sobre la oscura curva del salpicadero, como lunas sobre un paisaje made by Ferrari, brillan seis semáforos seguidos en rojo. El último de ellos, sintiéndose seguro en la distancia, se muestra declaradamente insultante, justo al final de la subida. Diego tamborilea lentamente sobre el volante, del mismo modo en que un francotirador despiadado acariciaría el gatillo del rifle. Tratando de contener la tensión que le sube por la espalda. Respira con deliberada lentitud. Tensa los músculos de los brazos, uno a uno, y de las piernas, como un leopardo a punto de saltar, al tiempo que pisa suavemente el acelerador hasta notar que el corazón de la fiera late más rápido que el suyo.

Clava la mirada en el semáforo sobre él. Es, ahora, el único dato que interesa. La avenida está vacía, como siempre a estas horas. El único vehículo visible, dispuesto a girar a la izquierda, no es digno de atención, y los escasos peatones sabrán cuidarse solos. Sabe perfectamente que los semáforos, en su momento, irán cambiando en cadena, con el intervalo preciso para que un deportivo con una aceleración de cero a cien en cuatro coma tres segundos parezca llevar la misma velocidad que la luz.

Verde.

Gatillo, leopardo y conductor saltan como uno, y el bramido del motor quema el silencio.

Verde.

El coche intruso ha girado, como huyendo, y parece que

Verde.

No hay tiempo para

Verde.

Para pensar en

Verde.

En

Verde.

El recién lanzado proyectil da un último zarpazo al suelo, y caucho y asfalto dejan de ser uno. El conductor, transmutado a piloto, siente que una tonelada de acero y ruido lo levanta por el estómago y lo lanza al límite de su capacidad sensorial. Entonces llega el esperado silencio de la ingravidez. Mientras el coche ruge en vacío, a siete mil ochocientas revoluciones, las lunas sobre el salpicadero pasan a ser una miríada de estrellas, y Diego, ya completamente sordo e insensible, contempla una vez más la ciudad nocturna como si la tuviera entre sus manos. Como si, girando el volante, pudiera girar el mundo y…

Pero el mundo se limita a ascender de nuevo ante él. Las ruedas delanteras tocan primero el asfalto, giradas el ángulo exacto para mantener el conjunto en un equilibrio dinámico, inestable y perfecto. La sacudida de la dirección devuelve a Diego a la realidad sin la más mínima consideración, y sólo la memoria muscular y algo que algunos llaman instinto impide que el deportivo rojo se estrelle diez segundos después contra una hilera de coches aparcados.

Sin embargo, hasta el más perfecto de los mundos necesita del error para existir, y sólo la suerte y algo que algunos llaman milagro habría podido impedir que este mismo deportivo rojo, recién aterrizado desde el cambio de rasante, se encuentre de pronto conduciendo directamente hacia un autobús de largo recorrido que suelta en ese momento a su adormilados pasajeros.

El mundo comienza a girar, ahora sí, al mismo tiempo que el volante, y lo último que ve Diego es una mujer joven, bastante atractiva, que arrastra una enorme maleta justo en el límite del alcance de la carrocería. Diego imagina, más que oye, las palabras que escapan entre sus labios:

 ¿¡Cómo puede alguien ser tan i

Relato-detonador de El Telar de las Parcas. Relatos derivados:
Un mundo en cuatro-coma-tres segundos | Frío | Aterrizaje forzoso