¡Palabra!

Tratad de imaginar un deporte que usara palabras en lugar de pelotas… ¿Lo tenéis? Pues os dejo con mi propia versión de la idea:

PALABRA

Si pincháis en la imagen podéis descargar un cuadernillo en PDF. Al leer las reglas puede parecer complicado, pero en realidad está basado en un juego de pelota que aprendí de los niños ashkali en Kosovo, trasladado a una temática cultural y usando únicamente el cuerpo y el lenguaje. Eso sí, más complejo y con muchos más matices. En fin, si os preguntáis de dónde carajo sale una idea tan extraña, podéis ver el enunciado que me sirvió de partida. Y si os apetece jugar, ¡avisadme y montamos un torneo! Que al final me quedé con la duda…

Cita

El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar. Sandor Marai.

¡Peonzas!

Ahí va otra cosilla, casi más cercana a las manualidades que al diseño. Está visto que uno no puede ir por ahí de polifacético si no ha pintado algunas peonzas xD Revisando carpetas olvidadas me he encontrado unas cuantas de las que hice improvisadamente hace un par de años. Las vendimos en un mercadillo por recaudar fondos de “ayuda humanitaria” para el viaje que después hicimos a Kosovo.

Por si alguno quiere regalarle una a su sobrinito, están hechas con la técnica patentada JT de salpicado de esmalte sobre spray frotado. Dicho así suena bien, pero es una chapucilla casera. Coges una peonza normal, la cuelgas por la punta metálica, y la cubres con una única y espesa capa de spray de color. Acto seguido la limpias con un trapo, de modo que te llevas casi toda la pintura y queda visible la veta de la madera. Después ya sólo queda imprimirle un ligero movimiento de rotación y salpicarla con esmalte mientras gira.

Peonza

Ahí va otra verde. Y otra roja. Y otra y otra más, un poco diferentes.

Ni me acordaba de que les había hecho fotos. Qué recuerdos…

TeVeo…

...el siempre genial QUINO dice...

¿Habéis pensado alguna vez lo que supone ese aparato? Yo sí, cada vez que la veo o la escucho, que no son muchas. Y sumando lo que he ido pensando rato a rato he ido cuajando la teoría, entre otras, de que sin televisión -como sin coche privado-, este sería un mundo mejor. No tanto por el hecho de verla en sí mismo, como por… digamos que por omisión. Por lo que no hace una persona mientras la ve.

Cuando una persona presta atención -valioso préstamo– a la TV, no está siendo creativa, por ejemplo. Tampoco está luchando por sus intereses, ni está haciendo un ejercicio de personalidad o de posicionamiento frente al mundo. Y si me habláis de ocio, tampoco es que esté practicando una afición personal o disfrutando de la convivencia con otras personas. Está como dormida, pero sin soñar ni descansar, lo que es como dormir pa ná.

Cuando una persona ve la TV está enajenada, no está consigo misma, ni tampoco muy presente con los que la rodean. Pese a estar frente a un reputado medio de comunicación de masas, esa persona no está en sociedad ni se está comunicando mientras atiende a la pantalla. No está reflexionando sobre su pasado para construir su identidad propia, ni tejiendo los hilos de su futuro para definirse aún mejor. Sólo flota vagamente en un medio blandito y cómodo que no la lleva a ninguna parte pero que le alivia las fatigas del camino. Se deja llevar por la cálida corriente.

No digo que ver la televisión a ratos sea condenable, pero sí creo que cuando una persona se pasa horas y horas frente a la TV es casi imposible que haga nada bueno por el mundo. No tendrá tiempo para ello. Para hacer algo bueno hay que pensar en positivo, y delante de la TV no se puede pensar demasiado ni demasiado bien. Si no me creéis, mirad el ejemplo opuesto, mirad a ver si Ghandi y Edison veían mucho la TV. No, ¿verdad? No. Eran gente que dedicaba todo su tiempo a avanzar, todas sus capacidades. Estaban siempre presentes en el mundo real, al 100%, con sus pensamientos activos y su conciencia inquieta, indagando aquí y allá. Es más: ¿Os creéis que el propio Baird habría inventado la televisión si se hubiera pasado el día viéndola en lugar de pelearse con la transmisión de la imagen por ondas de radio?

Por eso, para que el mundo sea un lugar menos malo y siempre haya una cantidad suficiente de mentes despiertas, cuando alguien cercano se ponga a ver la televisión, yo, para compensar, me iré a otra habitación y me dedicaré con todas mis fuerzas a pensar o trabajar en algo que pueda mejorar un trocito del mundo. Un proyecto, una reflexión, un artículo o esta entrada de blog, que comencé a redactar en su día furiosamente mientras mi hermana aportaba su nada al mundo viendo anuncios salpicados de reality shows en el balcón.
Así, mientras uno se pasiviza, se idiotiza y se convierte temporalmente en un cero a la izquierda para un mundo que no espera, el otro se activa, agudiza su inteligencia y da a luz grandes o pequeñas ideas o proyectos. Sencillo.

Eso sí, no puedo compensar yo solo (por inspirado que esté o idealista que sea) la televisionización de todo el mundo, de modo que, por favor, hijos míos, ¡haced parejas y compensaos los unos a los otros!

Os dejo con ese fantástico tema de Culcha Candela. No puedo traducir toda la canción, pero el estribillo dice algo así como…

El apetito viene al comer
Las ideas vienen al pensar
El camino es la meta
Y el destino se deja manipular
No busques fuera la verdad porque está dentro de tí
¡Despierta del ilusorio mundo de los medios!

Brompton experience

Tras un par de meses de búsqueda, muchas consideraciones de todo tipo y haber hecho un estudio de mercado digno de la OCU, por fin, hace un par de semanas, me llegó mi nuevo Vehículo Oficial:

Es una Brompton, una de esas pequeñas y curiosas bicicletas plegables que se están poniendo de moda en ciudades como Barcelona, con un aire entre pijodiseño (son un poco las iMac de las plegables) y clásico que igual no me va demasiado, pero que es un mal menor :P La mía es toda negra, de segundísima mano por cuestiones de presupuesto, y estoy más contento que un niño con zapatos nuevos. Tan contento que he decidido hacer una entrada a modo de análisis o review informal.

Me hago con ella unos 15 km diarios de media y es una delicia comparada con mi sufrida bici de montaña (que me ha llevado encima 10 años sin quejarse, todo hay que decirlo). La postura es intermedia entre una de paseo y una deportiva, de modo que vas más erguido y ves el tráfico delante de tí sin dejarte el cuello en el intento. Claro que no se puede alcanzar la misma velocidad, sobre todo viento en contra. Pese a las pequeñas ruedas que lleva, la estabilidad es sorprendente (he logrado ir sin manos), y el elastómero de contacto entre el triángulo trasero y el marco hace de suspensión y le da una sensación de ir como flotando sobre el suelo. Eso sí, no le va mucho la gravilla ni las superficies rugosas, e ir por una acera mojada es como deslizarse por una capa de hielo sobre cuchillas de acero. Es compactísima comparada con cualquier bici de tamaño similar, y el sistema de plegado es un portento de la ingeniería. Con dos dias de práctica ya la plegaba en menos de 20 segundos, y no creo que llegue a tener tanta prisa como para necesitar hacerlo en menos de 10. Da tiempo a plegarla en el lapso desde que ves venir el autobús hasta que te subes. Menos tiempo del necesario para que un observador externo pueda darse cuenta de que la estás plegando. Visto y no visto.

Físicamente hablando, es una bici cañera, de acero, hecha para aguantar años de uso intensivo. Un ejemplo de low tech – high design. Cada vez que la pliegas notas la calidad de su construcción, aunque el resto de sus componentes (con excepción de las cubiertas Schwalbe) son más bien pobres: frenos blandos, pocas marchas, etc. La comparación con un ordenador de Apple es de nuevo acertada: a igual precio que otras plegables, las prestaciones son mucho menores, pero el diseño, el funcionamiento y la calidad general compensan.

Como todas las bicis plegables, es perfecta para una cultura ciclista solodeportiva como la española, sin carriles bici, sin aparcamientos y sin respeto. Si el entorno estuviera preparado, me compraría una auténtica bicicleta de ciudad con toda su comodidad y prestaciones (hmmm.. quizás una Townie), pero visto lo visto no me hacía gracia arrastrarla de farola en farola. La Brompton, en cambio, es una auténtica arma blanca de la movilidad sostenible. Sencillamente, la cuelo donde sea. La he subido en el autobús en hora punta, la he metido en el coche entre el asiento delantero y el trasero, he entrado con ella en tiendas varias y hasta en el supermercado, y en el trabajo la dejo en cualquier rinconcito.

Los niños quieren una, los adolescentes se burlan de ella, los más mayorcitos preguntan de dónde la saqué y a todos en general los deja un poco descolocados, sobre todo cuando la ven tranquilamente sentada. Para mí es simplemente una bicicleta con encanto; cualquier excusa es buena para sacarla a la calle.

Hmmmm… creo que me voy a dar una vuelta, tengo que ir a…