Cita

La cobardía hace la pregunta: ¿es seguro?
La conveniencia hace la pregunta: ¿es política?
La vanidad hace la pregunta: ¿es popular?
Pero la consciencia hace la pregunta: ¿es correcto?
Y llega un momento en que uno debe tomar una posición que no es ni segura, ni política, ni popular. Pero uno debe tomarla porque es correcta.

Martin Luther King

Esas maravillosas bolsas

Hace un tiempo mandé un breve mail hablando sobre las bolsas desechables de plástico. O sobre las bolsas de tela, que es la otra cara de la moneda. Como tuvo bastante buena respuesta, me he decidido finalmente a publicar algo sobre el tema.

No a las bolsas de plástico. No os voy a poner imágenes catastróficas ni estadísticas alucinantes, que podéis ver aquí si queréis. A mí me basta con saber que el concepto de bolsa desechable y no biodegradable es otro programado y ridículo error colectivo de nuestra sociedad.

Generalmente me parece más útil plantear las cosas desde el lado positivo, así que vayamos a la otra cara del discurso: a las bolsas de tela. Se aportan datos y estudios de todo tipo, pero lo que no se dice por ahí es que, sencillamente, las de tela ¡molan más! Y es evidente. Una vez que coges una, dejas de entender a los que prefieren las de plástico. Llevas una bolsa a tu estilo (el heavy con una calavera sobre tela negra, el hippie con florecillas, el minimalista blanca sobre fondo blanco), y no un crujiente cacho de publicidad de la más cutre, que grita a los cuatro vientos “YO COMPRO EN MERCADONA”. Me parece hasta normal que nos cuelen la contaminación y la insalubridad, pero… ¿la cutrez? ¡Vamos…! Estamos sin duda ante una de las mayores victorias del capitalismo, y más en una sociedad que valora la imagen casi tanto como la comodidad. Pero creedme: la bolsa de tela es más cómoda, más resistente, más agradable al tacto, más elegante y más silenciosa. Nacida para triunfar.

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al 2009…

Un año más, he logrado por los pelos encontrar el momento para escribir un textito y hacer una imagen que lo acompañe, en un lejano intento de recuperar lo que en realidad me gustaría haber hecho: enviaros una postal.

al 2009 en bici

Creo que para mí este año será un año de acabar muchas cosas, un año de cierre, acabamiento, desenlace, final, remate, the end y sanseacabó. Porque se acaba el cuarto septenio de mi vida (así que entre otras cosas, las células de mi cuerpo se habrán regenerado completamente 4 veces desde que nací), y con él un ciclo completo -el universitario- que ha supuesto casi exactamente un tercio de ésta, de modo que me ha parecido un buen momento para terminar todo lo que comencé y quedó pendiente, que es bastante.

Me he ido haciendo experto en comenzar cosas, pero lo de terminarlas es realmente mi talón de Aquiles, así que me las voy a ver y desear para que el 2009 sea lo que imagino que podría ser. La lista es larga y borrosa: regalos que no llegué a regalar, trabajos siempre dejados para mañana, compromisos que quedaron en el aire, dibujos que apenas son bocetos, canciones a medio componer, relatos sin principio ni final, reparaciones pendientes, ideas que quedan por escribir e incluso la carrera de arquitectura, que alguna vez la tendré que acabar, también…

Si después de todo eso resulta ser también un año de comienzos, sólo el tiempo lo dirá. Por si acaso, mejor que me pille sin deudas y con el equipaje preparado…

¿Por qué os cuento todo esto? Porque me ha invitado (y es un honor) el maestro Joaclint Istgud a contar mis objetivos para el 2009. Tengo la costumbre de no seguir la corriente, pero por esta vez os paso el enunciado sólo ligeramente modificado. Aquí va la pregunta-reflexión del momento:

¿Cómo os imagináis este año que entra? ¿Será una continuación del anterior, romperéis esquemas, mejoraréis en algun aspecto u os echaréis a perder definitivamente? ¿Imagináis algo muy concreto (tipo el dia 23 de febrero a las 17:03h me comeré un kiwi con piel) o algo más bien genérico (como voy a ser buena persona, para variar)?

Ale, ¡a vivir bien!

Cita

Hay otros mundos, pero están en éste. H. G. Wells

La vida y tú

Me mira con un aire dubitativo, casi reprobador.

– Es decir, que lo tienes prácticamente todo a tu favor, pero te empeñas en dejarlo y marcharte detrás de no se sabe qué sueños tuyos. No acabo de entenderte. ¿No te parece suficiente? Ahora que lo tenías todo al alcance de la mano… ¿Qué más esperas de la vida?

Tardo un tiempo indeterminado en contestar; lo suficiente para que su pregunta flote en el aire y comience a disolverse. Me pregunto si yo mismo sabré la respuesta. ¿La sé?

– A lo mejor se trata precisamente de no esperar…