Licencias abiertas… ¿para qué?

En una entrada anterior, bajo el título ¿Puede la arquitectura NO ser open source?, hablaba acerca del carácter intrínsecamente abierto de la arquitectura: la inteligencia colectiva acumulada a lo largo del tiempo, la autoconstrucción, la reforma y el bricolage, la dificultad en establecer restricciones y límites que impidan la reutilización de soluciones, etc. En cierta manera, negaba la necesidad o acierto de aplicar cualquier tipo de restricción a la arquitectura; ponía incluso en duda el concepto de autoría teniendo en cuenta que la mayor parte de la arquitectura se construye sin “técnicos”, “expertos” o “artistas” de por medio y es, sencillamente, de sus usuarios. ¿Por qué entonces puede tener sentido hablar de licencias abiertas? Precisamente, porque permitiría conciliar ambos mundos: el de la arquitectura de autor, restringida, profesional y regulada, y el de la arquitectura espontánea, colectiva, autoconstruida y alegal. Establecer una licencia abierta sobre los diseños arquitectónicos, siguiendo la filosofía open source, supondría crear un marco accesible y deseable, en el que unos vieran garantizado el reconocimiento de su dedicación profesional, y otros pudieran conservar su derecho a la copia, a la modificación, a la adaptación, etc.

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