El templo de la buena vida

Imagino que cada arquitecto tiene una fantasía. La mía siempre ha sido construir un templo. Me daba igual de qué tipo, todos me atraían, aunque ni yo mismo alcanzara a saber por qué. Me pasé años fantaseando con la idea, y cuando por fin tuve la oportunidad de participar en la construcción de uno, no me di cuenta hasta años después de haberlo terminado.


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Moviendo posts

Estado

Los que estéis siguiendo este blog por RSS es posible que veáis aparecer unos cuantos posts de golpe. Esto se debe a que estoy moviendo posts desde sociarq.net a La Cajita. Creo que ha llegado el momento de unificar los dos blogs, aligerando costes y esfuerzos. Aunque un blog temático/profesional funciona mejor de cara a atraer lectores asiduos, me he dado cuenta de que esos son muy pocos y que lo que realmente me importa es participar en debates y conversaciones, para lo cual da igual dónde esté publicado el post. Así que en breve sociarq.net dejará de existir, y seguiré publicando aquí sobre arquitectura abierta.

Construyendo una tensegridad | Maqueta de la Needle Tower II

Allá por 2008 publiqué un artículo mostrando una maqueta “tensegrity” que hice para un trabajo de la carrera. Desde entonces viene siendo una de las entradas más visitadas del blog y son bastantes las personas que me han contactado para preguntarme acerca de su diseño y construcción. Finalmente, a raíz de un correo de Patricia, me he decidido a publicar algunos detalles (los pocos que tengo) sobre su ejecución a escala de maqueta… o al menos sobre la manera en que yo logré hacerla.

La verdad es que no me extraña que generen tantas dudas: son estructuras complicadas de visualizar, modelizar y construir. Tras este primer y único intento de hacer una, tengo que decir que la Needle Tower II de Kenneth Snelson, en la que se basa, me parece una auténtica maravilla de la ingeniería y la construcción. Echad un vistazo a estos vídeos:

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Origen

Hoy me he encontrado con la persona que, sin saberlo, me inspiró la idea de estudiar arquitectura, y he podido al fin decírselo, cerrando un círculo que, sin ánimo de dramatizar, literalmente me cambió la vida.

Durante todos estos años he mantenido vivo el recuerdo del momento inception, el origen de la idea, con todos sus detalles: El colegio, creo que en octavo, la hora de entrar a clase, los compañeros ya marchándose de la pista deportiva, Vicente y yo disponiéndonos a hacerlo. A raíz de no sé qué conversación, le pregunté a qué quería dedicarse, y él, parado delante de mí, me miró fijamente y, con una intensidad y un convencimiento que pocas veces he visto, me dijo:

—Yo voy a ser arquitecto.

Casi podría decir que lo dijo con mayúsculas. Arquitecto. ARQUITECTO. Yo tenía una idea muy vaga de lo que eso quería decir, pero se me clavó la palabra en alguna parte, y de alguna manera que no alcanzo a entender ni yo mismo, fue creciendo en mí durante los años siguientes hasta llevarme a ser lo que, entre otras cosas, soy hoy: un arquitecto.

Casi veinte años después, me he encontrado con Vicente y se lo he contado. Sentía la necesidad de hacérselo saber de alguna manera, de agradecerle un momento que para él pudo ser casual, pero que para mí fue un punto de inflexión, un antes y un después.

A día de hoy, él no es arquitecto. Por cosas de la vida, no pudo serlo. Fui yo quien, a través de una mirada y cinco palabras, adopté su sueño y acabé cumpliéndolo. Ahora sólo espero que él encuentre la oportunidad de hacerlo y, entonces, habremos cerrado el círculo los dos.

Restaurar un monasterio, instaurar una comunidad

El año pasado por estas fechas, leyendo un libro de escritos de Gaudí, me encontré con una memoria* que hilaba maravillosamente el proceso de restauración de un monasterio con la creación de una comunidad local, en una línea que hoy día muchos estamo re-buscando y redescubriendo. Os dejo la foto y transcribo a continuación:

Comienzo del capítulo "Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet" de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro "Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos" editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Muchos y pequeños son los pueblos que están cerca de Poblet. Si se intentara su restauración no hay duda de que los obreros empleados para ello residirían en el monasterio, habitando en este caso los antiguos edificios y talleres. Empezaría a formarse allí una sociedad que si al terminar sus trabajos se le cediera gratis o por poco precio una vivienda y una parte de tierra a cada uno, se establecería definitivamente allí formándose un pueblo alrededor del monasterio.

La restauración no debería salir de los muros de Poblet; es decir, todos los objetos artísticos o no, que debieran ejecutarse, habrían de serlo en el mismo monasterio llamando a los artistas encargados de ello e invitándoles para que con sus familias se quedaran allí; buscando al efecto los que por su posición social pudieran fácilmente cambiar de domicilio, para así agrupar los distintos elementos que son necesarios para formar un pueblo.

Lo bueno es que el título del post podría valer tanto para este texto como para el proyecto unMonastery. Y, cambiando Poblet por Matera y haciendo alguna que otra actualización, también el contenido de la memoria en sí.

En 1867, unos arquitectos comienzan la descripción de un proceso constructivo-creativo por las condiciones necesarias para crear comunidad a su alrededor.  Casi siglo y medio después, y desde una nueva “posición social” de neonómadas y ciudadanos glocales un grupo de personas habilita un espacio en un pueblo italiano e inicia un proceso de cotrabajo y convivencia creativa.

¿Qué ha cambiado y qué sigue siendo igual?

*Comienzo del capítulo “Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet” de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro “Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos” editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Tejiendo lo común: desarrollo social y urbano en red

El pasado jueves 29 de noviembre estuve en Alicante, invitado por Arquitectos Sin Fronteras para dar una charla sobre “trabajo en red” en el marco del curso-taller “EnREDándonos en la Zona Norte

Colaboración, red, estructuras mixtas, remezcla y complejidad - collage de imágenes de opensourceway

Collage de imágenes de OpenSourceWay – CC BY-SA

El tema es muy amplio y estoy lejos de considerarme un experto en estas cosas, por lo que fue un desafío darle forma para una audiencia variada incluyendo arquitectos, activistas, vecino… Esta es la descripción de la charla, enviada a priori, y que luego matizaré en función de lo que sucedió allí realmente:

La charla intenta encontrar un enfoque práctico, cercano a la experiencia de los asistentes, al desarrollo social y urbano en red. Se parte de la idea de que la vida urbana de una ciudad, un barrio o una calle, es un bien común que mejora y perdura cuando se cuida de forma colectiva. Sin embargo, la complejidad de ese entorno pone a prueba toda estructura organizativa para hacerlo. Se propone, entonces, hacerlo en red.

¿Qué significa en red? Ante todo hay que diferenciarlo, que no separarlo, de “en la red”, hablando del carácter complementario de lo físico y lo digital como espacios de oportunidad. Cabe comentar aquí otras características del trabajo en red: la capacidad de trascender formas rígidas de organización y permitir una mayor adaptabilidad; la gestión de la diversidad, admitiendo incluso el disenso sin dejar de funcionar; la posibilidad de conectar y poner en valor directamente a las personas, sin intermediarios, favoreciendo de ese modo un desarrollo personal que redunda rápidamente en desarrollo social.

Se proponen también una serie de principios que permiten que el trabajo en red sea fructífero y satisfactorio, y se produzca en pro del bien común. Se introducen conceptos que es recomendable tener en cuenta, como la autonomía en las herramientas y los medios, las libertades básicas del software libre como fuente de inspiración, y la cultura abierta como una manera de favorecer el desarrollo de la sociedad y el de la propia ciudad en que habita.

El núcleo principal de la charla se dedica a hablar de tres aspectos fundamentales del desarrollo urbano y social en red: el conocimiento del entorno, la colaboración, y el conocimiento compartido. Cada uno de ellos se comentará desde una perspectiva cercana al ciudadano de a pie, proponiendo herramientas, metodologías o medios que pudieran ser útiles de forma directa, tratando siempre de equilibrar los recursos digitales con los físicos para mostrar que su combinación permite salvar barreras culturales, de edad o educación, como la brecha digital, el idioma, etc.

El objetivo es principalmente atraer la curiosidad hacia otra forma de entender la organización de iniciativas de todo tipo -sociales, culturales, económicas, legales o técnicas- en el entorno urbano, y proporcionar algunas pistas, algunas herramientas, algunos recursos de los que partir para recorrer ese camino colectivamente.

Dudando sobre la manera de contar todo esto, y enlazando con una reciente reflexión sobre “pensar en red”, decidí probar un formato menos habitual, y esto es lo que llevé:

Ver a pantalla completa o clic derecho para descargar.

Es un mapa mental en formato .svg que visualicé directamente en Inkscape (¡a pelo!) pero que ahora he aprovechado para montar con un recorrido animado con Sozi (podéis hacer clic, zoom y arrastrar sobre él). Ante la imposibilidad de abordar todos esos temas, la idea era dejar el “camino” a recorrer un poco abierto, para poder ir enlazando los temas de mayor interés para todos los asistentes.

A la hora de la verdad, no dio tiempo a entrar en detalles (la charla duró poco más de media hora), de modo que la conversación quedó en un plano general y muy falta de ejemplos a los que “agarrarse”. Espero que eso no la hiciera demasiado abstracta. Nota mental, que comparto por si a alguien más le sirve: la próxima vez, intentar aunar ambas cosas, contando cada concepto general con un ejemplo, aunque sea a toda velocidad.

Del hackerspace a tu garaje: descargando hardware DIY desde la web

Enlace

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

Interesante reflexión sobre los gestores de paquetes aplicados a la distribución de modelos para la fabricación digital. Algo que podría ser también interesante para aplicar el modelo open source a la arquitectura. ¿Puede un sistema de distribución de “paquetes” facilitar y hacer operativa la distribución libre de proyectos? ¿Cómo sería ese gestor, y esos paquetes?

Arquitectos, publicaciones digitales y redes sociales

Hace unos meses me contactaron Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó para participar en una serie de entradas que están realizando en su blog, en las que entrevistan a arquitectos acerca de su relación con la web y las redes sociales. Fue un entretenido ejercicio de reflexión, del que reproduzco a continuación la parte que me atañe.

Entrevista en el blog de Stepien y Barno

 

1. ¿Podrías resumir cómo es tu presencia general en Internet?

Personal, con tendencia a evitar identidades abstractas o simbólicas. Polifacética, huyendo cada vez más de perfiles demasiado especializados que, por otra parte, no lograría mantener por mucho tiempo. Bastante poco instrumentalizada en general, mi presencia en Internet es una parte de mi presencia en este mundo e intento vivirla y disfrutarla como tal, sin condicionarla a la obtención de unos resultados. Y últimamente, también bastante crítica, me interesan cada vez más temas como la autonomía digital, y comienzo a tomar muchas decisiones en ese ámbito desde un punto de vista ético que no me había planteado antes. Por otro lado, es algo en constante evolución, siempre en construcción, así que todo lo que comento aquí no es más que una instantánea a día de hoy.

2. Si tienes web ¿Cuáles serían sus principales características?

La-cajita.es es igual que lo demás: Personal, poco instrumentalizada y polifacética. No tiene un tema ni un ritmo concreto en los contenidos, que varían desde lo técnico a lo personal, de lo profesional a lo amateur. Es sencilla, diseñada y construida con más cariño que conocimientos técnicos, y tiene un aire un poco a medio camino entre elegante y simpático. Hasta hace poco, la web y el blog siempre han sido una misma cosa, y no descarto que vuelvan a serlo.
Por otro lado tengo sociarq.net, una web que comencé para ir anotando mis reflexiones en el campo de la arquitectura abierta, y donde la taxonomía de etiquetas y la propia estructura de la web están pensadas para dar una definición global y acumulativa de ese concepto. Últimamente estoy pensando en fundir ambos blogs, pero no es fácil.

3. En el caso de tener blog podrías contarnos lo más destacado él.

El blog siempre ha sido un poco como mi tarjeta de presentación. Lo más destacado es que representa bastante bien mi forma de ser, de pensar y de actuar; digamos que se parece un poco a mí. Es una completa ensalada, casi el único sitio donde cualquier otra persona puede ver mi vida, desde mi punto de vista: todo junto y a la vez. Algo que es también su mayor debilidad, ya que por lo general se entienden mucho mejor los blogs temáticos.

4. Te animarías a hablarnos sobre tu presencia en las redes sociales (en cuáles estás, que es lo que haces en ellas…)

Facebook: La uso porque es donde está la mayoría de mis contactos personales, permite tener una visión (sesgada, claro) de en qué anda mi entorno personal más cercano. Pero no me aporta mucho más, principalmente porque no he intentado siquiera que lo haga… hasta ahora, que comienzan a aparecerme (sin buscarlos) otros tipos de contactos y eso va a requerir otra manera de usarla.

Twitter: Es la que más uso, la que más me costó entender y también la que más me ha aportado hasta la fecha. El hecho de poder seguir a otros sin requerimiento de reciprocidad la hace perfecta para crear poco a poco una red de contactos a mi gusto. En Twitter, a diferencia de otras redes, puedo crear un “ambiente” específico para entablar conversaciones (no tanto para mantenerlas) sobre un tema o con un enfoque tan delimitado como yo quiera.

Ambas son “jardines cerrados” y preferiría cambiarlas por otras abiertas como Diaspora o Identi.ca, pero para que me valiera ese cambio, tendría que encontrar también a mi gente en esas otras redes. En esto admito que soy prisionero de la decisión (o la falta de ésta) de la mayoría.

Diaspora: Apenas he comenzado a usarla, pero estoy descubriendo un potencial enorme, algo como la suma en positivo de Facebook y Twitter. El público, todavía bastante geek, y el uso de los #hashtags me están permitiendo entrar en contacto con gente y contenidos muy interesantes a nivel internacional. Es la única red que uso más en inglés que en español.

Estoy en un par de redes sociales más, como Google+ o Linkedin, pero si quiero usarlas para conversar he de estar presente en ellas de verdad, y eso me pone un límite en la cantidad de redes sociales que puedo gestionar en un tiempo razonable, así que algunas quedan, de momento, en segundo plano. Linkedin en concreto apenas la uso como red social, sino como ficha profesional.

5. ¿Cuánto tiempo al día dedicas a mantener a punto las redes sociales y publicaciones digitales?

Si me permitís la distinción, diría que últimamente dedico alrededor de media hora al día a “mantenerlas a punto” (aprender sobre ellas, gestionar contactos, ajustar preferencias o diseño, revisar y adecuar el uso que hago de ellas), y un par de horas a disfrutarlas, a interactuar con otras personas o a desarrollar temas que me interesan a través de ellas. Contando aquí las actividades de producción y creación, las de consumo y las de interacción: desde redactar una entrada para el blog hasta dejar un comentario a un amigo o ver un vídeo interesante que alguien me ha compartido.

6. ¿Consideras que tu visibilidad dentro del entorno digital es suficiente?

Sí. A veces me dejo arrastrar por la fantasía común de “engordar los números”, pero a la hora de la verdad prefiero usar las redes para conversar, no para difundir. Y hay un límite en la cantidad de conversaciones valiosas que puedes mantener, de modo que prefiero tener cerca interlocutores interesantes a multiplicar el número de receptores o seguidores. La visibilidad que necesito, y la que tengo, es la justa para llegar a esos interlocutores y mantener conversaciones de calidad, y crecerá de forma natural conforme yo lo necesite o mi entorno lo provoque.

7. ¿Tienes algún tipo de estrategia a la hora de constituir tu Identidad Digital?

Tener una estrategia en un medio tan cambiante me parece complicado y excesivamente instrumentalizador para mi forma de moverme en él, pero he ido encontrando una serie de criterios personales que me permiten tomar decisiones en ese ámbito. Por ejemplo, conversar y convivir más que difundir. Tratar de persona a persona. Intentar que sea completa, que no se disocie en muchas identidades diferentes. Tratar de que mi identidad digital y mi identidad presencial se lleven bien, sin quitarse importancia o tiempo la una a la otra, y sobre todo que ambas compartan y reflejen la misma forma de ser y los mismos principios de comportamiento y actitud que quiero para mi persona y mi vida.

8. ¿Qué beneficios, a nivel laboral (colaboraciones, encargos…), has obtenido gracias a tu presencia en la red?

En eso, la red digital (Internet) se solapa mucho con la red presencial, las personas presentes en ambas tienden a ser las mismas y su potencial como red es similar: el contacto persona a persona, y las interacciones y conversaciones que surgen de éste. Son éstas las que llevan a encuentros, a colaboraciones, a construir proyectos comunes que eventualmente entran a formar parte de mi actividad profesional. Las personas con las que trabajo y colaboro hoy día forman parte activa de mi red, y viceversa: los trabajos y colaboraciones que llevo entre manos proceden de esa red. Internet sólo aporta algunas oportunidades específicas en términos de comunicación a distancia y en diferido, y en la facilidad que nos da para agruparnos por intereses o proyectos comunes. Casi todas las oportunidades que surgen son de colaboración y emprendimiento, rara vez de encargo o “fichaje” pasivo por terceros. Esto es algo que parece que nos pasa a casi todos.

9. ¿Hay algo concreto que te gustaría mejorar en relación al tema de tu reputación digital?

Intento pensar en la reputación como algo que obtengo como resultado de mis actos, no algo que pueda buscar o manipular. Me parece más sano verlo así. Pero sí tengo algunas inquietudes relacionadas: me gustaría que mi identidad digital tendiera a ser única, íntegra, y me permitiera presentarme como persona completa, con todas mis facetas, de modo que la reputación que pudiera construirse a partir de ello lo hiciera teniendo en cuenta todas ellas. Que fuera el contexto, el exterior, el que seleccionara la parte de mí que le interesa, sin dejar de ver o valorar las otras. Es algo que no he logrado aún y ni siquiera sé si es del todo posible todavía, es un desafío incluso en la vida real: tendemos a seleccionar qué faceta mostramos en cada entorno… y pocos entornos están preparados para admitir múltiples aspectos de la personalidad.

Podéis ver la entrevista original, con las respuestas de los otros dos entrevistados, y todas las demás entrevistas de la serie.

Conversaciones de ascensor en una ciudad sin intermedios

Soy arquitecto —lo confieso—, pero como a tantas otras personas me ha tocado vivir en sitios creados, no según principios arquitectónicos, sino por requerimientos inmobiliarios, que por desgracia son muy diferentes. En cualquier caso, lo que hoy me gustaría contar es algo que he vivido como habitante, como usuario, como vecino, como visitante, en el día a día de mi ciudad, y con lo que cualquiera podría sentirse identificado.

¿Os habéis encontrado alguna vez con alguien en el ascensor? Seguro que sí. Aunque a veces me da la sensación de que los ascensores modernos están diseñados para evitarlo, muchas veces ocurre. Y seguro que os sonará esta conversación, palabra arriba, palabra abajo:

Conversación típica

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué somos tan escuetos en esos encuentros? Yo le he dado algunas vueltas —especialmente entre las plantas segunda y quinta—, y entre muchas posibles razones como podría ser sentir antipatía hacia ese vecino, ser tímido, no estar de humor, etc. he acabado descubriendo una muy sencilla: porque en un ascensor es prácticamente imposible mantener una conversación.

Lo he intentado varias veces, y siempre acabamos igual: uno de los dos interlocutores ya de pie en su pasillo, cargado con las bolsas de la compra, y el otro dentro del ascensor, con el dedo puesto en el botón que impide que las puertas se cierren y corten alguna frase en dos como una guillotina; ambos intentando alargar un momento fugaz de encuentro. Se me ocurren muchas situaciones en las que me apetecería conversar, pero casi todas tienen una luz más bonita, un espacio más acogedor, una postura más cómoda y algo más de tiempo por delante.

Como consecuencia inevitable de esta dificultad, llegamos a evitar encontrarnos con otra gente en el ascensor, condenados a una presencia y un silencio forzados. La mayoría de las veces sólo los niños, directos a lo que les interesa sin convenciones y cortesías de por medio, son capaces de comenzar y acabar una micro-conversación de ascensor, con una observación o una pregunta directa, y aún así tampoco es un lugar en el que quieran estar.

¡Que alguien diga algo!

Basta un breve paseo por redes sociales como Facebook para ver el sintomático —e hilarante— imaginario colectivo que hay alrededor de todo esto:

Mirar los botones del ascensor cuando subo con alguien desconocido | Rogarle al ascensor que cierre sus puertas antes de que llegue la vecina | No sé qué hacer cuando subo o bajo en ascensor con un desconocido | Yo también cuando estoy en un ascensor y sube gente me quedo mirando el piso | Por esos momentos de silencio en el ascensor con los vecinos | …

Y es que un ascensor es uno de los no-lugares más conseguidos que existen. Es casi imposible lugarizarlo, hasta el punto de llegar a convertirse por ello en un reto, objeto de las fantasías más íntimas. El tiempo compartido en ese reducido espacio es mínimo, apenas da para cruzar tres o cuatro frases. La presencia física es forzosamente cercana, nada natural. Incluso la orientación espacial se anula, dificultando la percepción de la velocidad, la dirección, la ubicación y la orientación. Recuerdo lo incomprensible que le parecía a mi abuelo que la casa de mis tíos diera a la misma calle por la que él había entrado. El ascensor le convertía el edificio en un auténtico Escher.

Pues bien, gran parte de lo dicho sobre los ascensores también se podría decir del resto de espacios comunes en la mayoría de los vecindarios urbanos que conozco. Entre la vastedad impersonal de la ciudad y la intimidad de la vivienda faltan espacios de relación intermedios que pudieran ser casi tan variados como la primera y casi tan cómodos como la segunda. Todo lo que hay es un sistema de espacios dedicados al transporte y la clasificación alfanumérica de personas y objetos, sin ninguna otra función posible. En ese aspecto, el recorrido de acceso desde la calle a un apartamento no se diferencia en nada de, digamos, los túneles de la M-30, y las políticas de desarrollo urbano actuales nos están llevando cada vez más a la ciudad de paso, la ciudad archivador, la ciudad ascensor: una ciudad sin resquicios donde la vida social pueda ocurrir.

Esquema de un ascensor

Cuando alguien a mi lado saca a colación el clásico debate sobre si la arquitectura puede o no mejorar la sociedad y la vida de las personas, suele venirme a la cabeza todo esto: parece que, por lo menos, puede empeorarla. Eliminando espacios de actividad, limitando las oportunidades de encuentro, clasificando actividades en compartimentos estancos y excluyendo el lado social de las personas.

A veces, al hablar de estos temas, algunos me han planteado ciertas dudas dignas de atención: ¿Y si la arquitectura y el urbanismo “inmobiliarizados”, hechos por pura ley de mercado, responden realmente a una demanda? Si se hacen de esa manera, ¿será por alguna otra razón más allá de optimizar el espacio para aumentar el rendimiento económico? ¿Y si resulta que la gente quiere vivir así? Llegar a su casa por un pasadizo secreto, reducir al máximo el camino desde el coche hasta el recibidor, no ver ni oír jamás al vecino, ocultar todas sus actividades al resto…

Hay al menos dos cosas que me hacen pensar que no es así, al menos no como para justificar la forma tan masiva en que se han extendido los edificios-archivador:

Por un lado —y esto daría para un artículo aparte— hay que tener en cuenta que la calidad de la arquitectura y el urbanismo no se puede relacionar tan directamente con la respuesta del mercado. La arquitectura no es un bien de consumo opcional —si no te gusta o no te lo puedes permitir, no lo compras— sino que responde a varias motivaciones que podríamos situar a distintos niveles de profundidad en modelos como la pirámide de Maslow. La necesidad, incondicional y previa a muchas otras, de tener una vivienda influye mucho más que otros factores como el precio o la calidad, así que el hecho de que la gente las acepte tal y como se diseñan y construyen hoy día no es un indicador nada fiable de su calidad.

Por otro lado, tampoco me creo que la gente quiera vivir así, al menos no exclusivamente y por “imperativo arquitectónico”. En nuestra vida diaria podemos observar que vivimos en un pulso perpetuo entre las necesidades de intimidad y reconocimiento, de retiro y convivencia, de autonomía y relación, y otras muchas. Un pulso que si se desequilibra, puede provocar anomalías de comportamiento. Por ejemplo, la curiosidad hacia la vida de los demás es algo que está en la naturaleza humana, nos permite identificarnos con otros, establecer lazos, aprender conductas y transmitir conocimientos, en definitiva formar una sociedad y una cultura con los demás. Todos somos un poco voyeurs —de ahí el éxito de la prensa rosa—, y si se nos permite serlo de forma natural, rara vez llegaremos a rozar lo enfermizo. De la misma manera, todos somos también un poco exhibicionistas, un poco juerguistas, un poco entrometidos… en suma y por así decirlo, bastante gregarios.

No podemos evitarlo. Conquistamos nuestros pasillos con alfombrillas de diseños varios, colgamos elementos decorativos en las puertas, colocamos plantas que luego cuidamos con esmero, e incluso sacamos pequeños muebles auxiliares, fragmentos domésticos que pugnan por salir al espacio común y acaban casi siempre convirtiéndose en la única señal de vida humana entre el número del portal y la letra de la puerta.

Alfombrilla como toque personal

Otro pequeño ejemplo: En el edificio donde vivo, como en muchos otros, las plazas de garaje tienen trasteros detrás. Todos sabemos cómo es un garaje subterráneo comunitario: es un espacio oscuro, crudo, frío, absolutamente inhóspito. Otro no-lugar de manual, en el que parece que nada bueno podría suceder. Pero sucede. Una tarde, estando en mi trastero —acondicionado como taller casero de bicicletas, chapuzas caseras y maquetas—, oigo el sonido de una radio, y al asomarme al garaje me encuentro que hay dos trasteros más abiertos, arrojando franjas de luz cálida sobre los coches. En cada uno se adivina un pequeño paraíso personal de bricoleur, o de coleccionista, o de aficionado al modelismo. De uno de ellos sale el sonido de la radio, del otro, el de una sierra de calar. Un vecino sale y entra llevando piezas de madera que va cortando. Al rato, el otro aparece en la puerta preguntando por ciertos tornillos que le faltan. Y cuando nos damos cuenta, nos encontramos sumidos en la magia social que nace de las actividades, los intereses y los espacios compartidos.

¿Por qué no hay un lugar para todo eso en nuestras ciudades y edificios? ¿Y qué lugar sería ese?

Esa pregunta tendríamos que respondérnosla todos, arquitectos o no. Para mí, sería un lugar intermedio, un resquicio habitable entre lo privado de la vivienda y lo público de la calle. Un lugar donde pudiéramos sacar aquello que quisiéramos exhibir, o realizar las actividades en las que no nos importara ser observados y encontrarnos voluntariamente con otros… o no. Si lográramos salvar los primeros miedos y prejuicios que tenemos tras largos años de vecindad constreñida, parca y enrarecida, si pudiéramos salir del círculo vicioso de desconocimiento y recelo, si nos reeducáramos poco a poco en nuevas maneras de respetar y aprovechar lo colectivo…

… ¿qué podría pasar si parte del espacio de cada propietario estuviera en el espacio común, y tuviera derecho a personalizarlo y ocuparlo? ¿Si en cada acceso o planta hubiera espacio, ventilación, buena temperatura y luz? ¿Qué podría suceder si los ascensores fueran transparentes, y permitieran ver esos espacios comunes previos a cada vivienda? ¿Y si fueran mucho más lentos y tuvieran pantallas, tablones de anuncios, o pequeñas bibliotecas? ¿O si tuvieran un control manual de velocidad, pudiendo pararse a cualquier altura y volver atrás? ¿Qué podría ocurrir si los trasteros-talleres dieran a esos espacios, o al patio común, o a la piscina?

A la vez, añadiendo una dimensión más contemporánea, podríamos hablar de la creación de otro lugar intermedio entre lo privado de nuestro ordenador o nuestro móvil, y lo público de Internet. Otra nueva clase de espacio compartido que funcionaría en paralelo —pero siempre en relación cercana— con el espacio físico y en el que, salvando incluso las actuales barreras arquitectónicas en las que nos hemos encerrado, el concepto de vecindad pudiera comenzar  a revivir y florecer… Pero eso mejor lo dejamos para otro artículo.

Texto e ilustraciones realizados para Ecosistema Urbano (@ecosistema). Publicado originalmente en La Ciudad Viva.

Premio Ejemplo a Activadores Urbanos

Ayer estuve por primera vez en una gala de premios, como premiado. El PSOE de Alicante ha puesto en marcha el Premio Ejemplo con la idea de reconocer el trabajo de personas o colectivos que trabajen en Alicante y estén contribuyendo a mejorar la ciudad. Y deben de haberse acercado bastante al “nivel de calle” para haber encontrado a Activadores Urbanos, un colectivo incipiente que formamos Mario Hidrobo, Laura Gea y yo a raíz del taller What if…? Alicante en 2010, y que desde luego no se mueve demasiado en los entornos y canales que habitan los políticos habitualmente.

Premio Ejemplo 2012

Hace dos años nos presentamos individualmente a unas becas para ayudar en la dinamización del taller, y nos volcamos en dar visibilidad a los Silos de San Blas ante otros colectivos y la ciudad en general. La experiencia fue fantástica además de intensa (todos los participantes metimos allí mucho entusiasmo, trabajo y energía), y al final nos quedamos con ganas de perpetuar esa figura, el “activador urbano”, que pensamos que muchos ciudadanos podrían llegar a hacer suya. De ahí nació el pequeño colectivo que formamos y que hemos estado impulsando (especialmente Mario, porque yo desde Madrid me he quedado un poco desconectado) en estos últimos meses. Y apenas hace un par de semanas nos contactaron para comunicarnos que nos daban el Premio Ejemplo “por nuestra labor de promoción y desarrollo de un urbanismo participativo y sostenible”. Inesperado y esperanzador a partes iguales.

Esperazador porque parece que al menos una parte de la política alicantina parece estar despertando, comenzando a “escuchar la ciudad”, dejando una posición parcial o alejada y acercándose a la actividad que bulle en ella. Que nos hayan encontrado y reconocido, siendo como somos un colectivo todavía relativamente pequeño y reciente, dice mucho de esto. O al menos eso quiero creer.

Con todo, a mí recibir un premio así me resulta extraño. En casi todo lo que hacemos en la ciudad participa tanta gente y con perfiles tan diversos, que se hace raro aceptar un premio “en solitario”. Pero igualmente lo aceptamos y lo celebramos, y esperamos que el reconocimiento siga llegando a todos los que se mueven en, por y para la ciudad. Quizás algún día, quién sabe, alguien dé premio a un grupo de ciudadanos más allá de toda estructura, nombre o forma legal. A los ciudadanos activos. A los activadores urbanos, en minúsculas.

OdlI: Los shelter shifters

Orfanato de las ideas es una sección de La Cajita dedicada a publicar ideas, proyectos, emprendimientos y diseños, descabellados o no, que se me ocurren de vez en cuando y que por lo general se quedan en un “podría ser”. A lo más que aspiro con esto es a entretener, sorprender, divertir y en el mejor de los casos, quizás incluso inspirar una idea, una acción o un proyecto nuevo.

Es de sobra conocido (qué nos van a contar a los españoles) el problema de la segunda vivienda, esa que queda vacía durante la mayor parte del año, no por ello dejando de cobrarse un alto precio en términos paisajísticos o ecológicos.

Durante el año 2007 un grupo de arquitectos alicantinos describió este problema como una de las ineficiencias más grandes de la historia, y decidieron poner en marcha el movimiento [h]Estacional (habitante estacional), que posteriormente se ha ido internacionalizando hasta dar lugar al de los shelter shifters.

Un shelter shifter, o shiftant como se les conoce también (shifter + inhabitant), es una persona sin casa propia que encuentra alojamiento o espacio de trabajo ocupando viviendas y oficinas vacías de forma simétrica a sus propietarios. Con este sistema, los propietarios de una segunda vivienda pueden elegir cederla a un tercero para que la utilice y la cuide durante el tiempo en que ésta permanece vacía, y en períodos vacacionales intercambian su posición con el inquilino hestacional.

Este concepto no es del todo nuevo: seguro que a alguno le habrá parecido una versión consentida del modo de vida del personaje principal de la película Hierro 3, y también es evidente una cierta similitud con el intercambio vacacional de viviendas, del que lo diferencia un funcionamiento asimétrico (sólo una de las partes es propietaria) y extendido a todo el año.

Naturalmente los shelter shifters tienen su propio código de conducta. No sólo se comprometen a cuidar la casa y mantenerla, sino que intentan mantenerla en el mismo estado en el que les fue cedida, a veces hasta límites sorprendentes.  Su “silencioso” paso por la vivienda que usan sin dejar rastro les ha valido en la red el apodo de “sh-sh”  y hacen curiosas competiciones en las que se compara el antes y el después de una vivienda buscando la ausencia total de cambios. Algunos recurren al mapeado y guardado meticuloso de los objetos existentes y otros se limitan a convivir con ellos haciendo gala de un exquisito cuidado.

Además, de cara a tranquilizar a los propietarios, cuando un shelter shifter entra a formar parte de esta curiosa red de okupación consentida, queda inscrito con todos sus datos reales en un sistema de evaluación meritocrática similar al existente en otras redes, que a través de un sistema de valoraciones, testimonios y votaciones da un buen indicador de la fiabilidad de cada usuario. En cualquier caso, los “cambiadores de alojamiento” son generalmente personas solitarias o parejas de hábitos tranquilos y frugales que prefieren huir de las aglomeraciones y por tanto no les importa estar siempre en el “sitio indeseado”, siempre que sea de forma gratuita o (según el acuerdo) por un alquiler irrisorio.

Independientemente de lo extraño que pudiera parecer este modo de vida, no carece de antecedentes en la mayoría de culturas, y su aporte simbólico y real es muy significativo en una cultura del exceso como la nuestra. Como comenta el sociólogo Bertrand Bargan:

Los shelter shifters proponen una forma muy específica de habitar, pero con enseñanzas muy globales que deberíamos tomar seriamente en consideración: no sólo por el cuidado y respeto que muestran, sino por la eficiencia que promueven en el uso de las edificaciones y por tanto del territorio. Un hábito de vida inusual pero radicalmente más sostenible que muchos de los actuales.

Registrar, compartir y producir en red

El pasado miércoles 18 de enero Alba Santa y yo dimos una charla online en Think Commons, el canal de streaming sobre procomún y cultura libre que gestiona Domenico di Siena desde hace un par de meses. Una inmejorable oportunidad (y desafío) para poner en orden nuestras ideas y ver si éramos capaces de transmitir lo que hemos estado aprendiendo en una de nuestras asignaturas comunes del Máster DIWO: OSrights. La sesión la estructuramos de la siguiente forma:

  • Resumir los fundamentos de la propiedad intelectual: categorías, derechos que garantizan, instrumentos de protección y de cesión.
  • Analizar casos a través de los procesos de creación y las libertades que se permiten o limitan en modelos abiertos y cerrados:

El software libre, como precursor de las licencias abiertas
La obra creativa
Ciencia e I+D+i
Obra técnica y arquitectura

  • Plantear una serie de cuestiones abiertas para abrir el debate y nuevas líneas de trabajo

A continuación os dejo la presentación seguida de un resumen de las que creo que fueron las claves (que fueron muchas) de su contenido, tanto como excusa para hacer un repaso de lo que se habló como a modo de resumen para aquellos apresurados que no quieran pasar una agradable hora y media escuchando nuestros interesantes comentarios ;)

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FasterDIWO

En la última sesión del #masterDIWO alicantino, a la que no pude asistir, mis compañeros de eGruyere han sacado lo que me ha parecido una buena receta para superar la esclerosis y el perfeccionismo que me estaban invadiendo por estos lares: FasterDIWO.

Tomando en parte la definición de María, el ejercicio consiste en contar de forma rápida y sintética alguna experiencia, descubrimiento, rutina… que uno haya desarrollado a causa de (aunque no sólo por) formar parte de este máster. La idea es acercarlo a una “actualización de estado” más que a un “ensayo”, y mi objetivo concreto es lograr hacerlo en menos de un tomate. Ahí voy, y ya van unos minutos por delante.

pomodoro

Cosas que ya he aprendido o constatado en lo que llevamos de máster:

  • Los encuentros en persona son potentes, mucho más potentes (oh, blasfemia) que las relaciones por la red. La red crea entornos de información y espacios de contacto, de tanteo, de encuentro y de lo que uno quiera, pero el trabajo y la conversación en directo, cara a cara, yo a yo, son un motor mucho más efectivo para hacer cosas con otros, que al fin y al cabo es lo que busca todo lo DIWO. Salimos de cada fondue (o sesión del máster) como si nos hubiéramos dado cuerda mutuamente.
  • DIWO es realmente más que DIY. Hasta que no me puse con Alba a preparar una sesión para Think Commons, o hasta que no me puse con Massimo Menichinelli y otros a meterme en los entresijos del meta-diseño open p2p, no había salido de un medianamente autocomplaciente proceso de repaso de cosas ya sabidas, y ni que decir tiene que no había avanzado ni una décima parte de lo que avancé después.
  • Las herramientas se adaptan, se combinan y se crean si hace falta. Ahí está la wiki, ahí está eGlia, ahí está la red de blogs que se está formando, y ahí está incluso el espacio físico de co-trabajo, que hace amagos de aparecer… ahora que ya habíamos comenzado hace tiempo sin él. Lo importante son las intenciones, los objetivos, la voluntad creadora y ejecutora, la visión de lo que se quiere hacer. El mundo se cambia, sí, pero por el camino.

Y se acabó el pomodoro de hoy, medio haciendo trampas porque me he comido el descanso para meter algún enlace más. Otra vez saldrá mejor. Aprender haciendo, aprender haciendo.

Master DIWO en Arquitectura de Fuente Abierta

Bueno, aquí comienza la aventura.

Yo estaba en Madrid, pasando una época relativamente tranquila, cuando me enteré de que algo se estaba moviendo en Alicante: mis compañeros de la red de co-trabajo eGruyere andaban planeando comenzar con algo llamado máster DIWO, literalmente un máster Do It With Others. Sin saber más, el concepto me enganchó al instante, me enamoré de él… y aquí estoy.

Por lo que he estado leyendo el aprendizaje comienza haciéndose las preguntas adecuadas, y eso es a lo que me quiero dedicar las próximas semanas.

Veamos la primera pregunta relevante en todo esto: ¿Qué es un máster DIWO?

Esa es en el fondo la pregunta que nos hicimos en la primera reunión que tuvimos en Alicante, en nuestro ya tradicional café Tierra Solidaria:

Presentación del Máster DIWO de Alicante from CiudadSombra on Vimeo.

Siendo honesto, creo que nosotros mismos no estamos seguros de la respuesta. Es una prueba, un loco experimento educativo con nosotros mismos como cobayas, pero a estas alturas tenemos al menos algunas ideas claras al respecto: todo comienza con la voluntad individual de aprender algo que no ofrecen las instituciones de enseñanza habituales, o de aprenderlo de una manera que no encajaría dentro de sus métodos y sus tiempos. Para lograrlo, la solución inmediata es poner en marcha un proceso de aprendizaje DIY, Do It Yourself. Lo cual ya es de por sí un gran desafío: define tus propios objetivos, busca los recursos y fuentes necesarios, encuentra los contactos clave, y además, claro, tómate tu tiempo para sentarte y aprender…
Es en ese punto donde el concepto “hazlo con otros” cobra relevancia, permitiéndote contar con el apoyo de los compañeros, ayudándote a mantener un cierto ritmo, conectándote a una red profesional amplia y diversa, proporcionándote algo de retroalimentación durante el proceso… y aportándote el reconocimiento que de otra manera no obtendrías, por estar actuando al margen de las instituciones reconocidas. Eso es lo que aporta el DIWO.

Hasta aquí lo general. Si alguien tiene interés en conocer más a las maravillosas personas implicadas en el Máster DIWO de Alicante y sus proyectos, le recomiendo que visite la wiki.

Vamos con la segunda cuestión más relevante: ¿Qué quieres aprender?

Master DIWO: Jorge T. from CiudadSombra on Vimeo.

Nada más hacerme esta pregunta, mis proyectos personales, aparcados durante meses, me vinieron revoloteando a la mente como una nube de mosquitos. Entre ellos, difícil de cazar pero bien visible, estaba este, el blog que ahora mismo estás leyendo, y cuyo tema principal es el de la arquitectura abierta, o arquitectura 2.0 como puede que la haya llamado en algún momento. Mi primer impulso, claro, fue lanzarme sin medida y poner en marcha el Máster DIWO Definitivo en Arquitectura Abierta. Bastaron un par de segundos para volver a ser consciente de mis limitaciones y comenzar a centrarme: ¿Cuáles son las preguntas más candentes acerca de ese tema?

Y aparecí con esto.

Decidí centrarme en la comprensión de las herramientas, comportamientos y modelos de desarrollo usados en proyectos de fuente abierta, con la idea de llegar a ser capaz de extrapolarlos al campo de la arquitectura. ¿Arquitectura de fuente abierta? ¿Es posible? ¿Cómo?

Así que me definí los tres temas principales sobre los que creía más interesante desarrollar mi investigación:

  • Socioeconomía del open source #OSeconomics: economía de la abundancia y del conocimiento, modelos de negocio basados en fuente abierta, y todo lo relacionado con esta pregunta: ¿Cómo trabajar a tiempo completo en proyectos de fuente abierta… y vivir de ello? ¿Cómo podría eso cambiar el mundo en que vivimos?
  • Contexto técnico del open source #OSworkflow: gestión de la fuente y la colaboración, control de versiones, repositorios de fuente abierta, y cosa relacionadas con esta pregunta: ¿Cómo pueden trabajar juntos una serie de profesionales en un proyecto de fuente abierta con una mínima oportunidad de éxito? ¿Sin acabar completamente perdidos en entornos de trabajo complejos, obstruyendo el trabajo de los otros o perdiendo el control de sus contribuciones?
  • Autoría abierta #OSrights: propiedad intelectual e industrial, patentes, licencias abiertas, inteligencia colectiva, comunes… y lo relacionado con la siguiente pregunta: ¿Cómo puede uno obtener reconocimiento (y… bueno… sí, dinero) por su trabajo y a la vez mantenerlo abierto para que otros puedan copiarlo, reutilizarlo o modificarlo?

Eso es sobre lo que andaré leyendo, pensando, hablando y escribiendo durante los próximos meses. Mucho trabajo por delante, y poco tiempo libre. Eso sin contar el otro gran (enorme) desafío: ¡hacer que los resultados de esa investigación sean bilingües! Pero eso es otra historia y merece ser contada en otra ocasión…

Así que… ¿qué pensáis vosotros? ¿Estoy saltando a la piscina equivocada? ¿Estoy abordando un asunto obvio o demasiado trillado? ¿Estoy en el buen camino? ¿Me estoy dejando algo importante? Estaré encantado de leer vuestras impresiones.

Licencias abiertas… ¿para qué?

En una entrada anterior, bajo el título ¿Puede la arquitectura NO ser open source?, hablaba acerca del carácter intrínsecamente abierto de la arquitectura: la inteligencia colectiva acumulada a lo largo del tiempo, la autoconstrucción, la reforma y el bricolage, la dificultad en establecer restricciones y límites que impidan la reutilización de soluciones, etc. En cierta manera, negaba la necesidad o acierto de aplicar cualquier tipo de restricción a la arquitectura; ponía incluso en duda el concepto de autoría teniendo en cuenta que la mayor parte de la arquitectura se construye sin “técnicos”, “expertos” o “artistas” de por medio y es, sencillamente, de sus usuarios. ¿Por qué entonces puede tener sentido hablar de licencias abiertas? Precisamente, porque permitiría conciliar ambos mundos: el de la arquitectura de autor, restringida, profesional y regulada, y el de la arquitectura espontánea, colectiva, autoconstruida y alegal. Establecer una licencia abierta sobre los diseños arquitectónicos, siguiendo la filosofía open source, supondría crear un marco accesible y deseable, en el que unos vieran garantizado el reconocimiento de su dedicación profesional, y otros pudieran conservar su derecho a la copia, a la modificación, a la adaptación, etc.

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Construyendo comunidades de vecinos

Viendo los materiales publicados del curso Ciudad Colaborativa: innovación abierta en procesos de implicación ciudadana, impartido por Adolfo Chautón como parte de USDE, he encontrado el esbozo de un interesante proyecto que está emprendiendo Rubén Dguez:

CONSTRUYENDO COMUNIDADES DE VECINOS

El artículo es apenas un enunciado, una declaración de intenciones, pero creo que una muy acertada y deseable en la actualidad. Comparto al 100% los planteamientos y objetivos de Rubén, que tienen que ver con dar a los usuarios de una futura comunidad de vecinos la posibilidad de implicarse en la concepción y el diseño del edificio que los albergará. No hay un ámbito donde la participación del usuario sea tan importante como en la vivienda, aunque esto daría para argumentarlo aparte.

En cuanto al proceso que él esboza Sigue leyendo

¿Puede la arquitectura NO ser open source?

Hace un par de años, tras introducirme entusiasmado en el mundo del software libre y toda su filosofía, me encontré haciéndome la siguiente pregunta: ¿puede la arquitectura ser open source? Con el tiempo, y tras dedicarle muchos ratos a pensar e investigar sobre el tema, me he dado cuenta de que una buena manera de comenzar a buscar una respuesta es preguntado al revés: ¿puede NO serlo?

Una de las mejores explicaciones que he leído acerca del software libre decía lo siguiente:

Y es que esto del software libre parece una cosa muy moderna y que ahora está de moda, pero en realidad es tan antiguo como la informática, o incluso mucho más. Porque, para empezar, el software nació libre. Al principio, la gente escribía programas, y se los pasaba a otra gente que los modificaba y se los pasaban a otros… ¿Cómo iba a ser de otro modo? ¿Para qué me sirve esconder un programa y quedarmelo sólo para mí? Crear un programa puede ser mucho trabajo (y por eso es mejor compartirlo y que te ayuden), pero una vez hecho ese trabajo, hacer una copia para otra persona es virtualmente gratis en tiempo, esfuerzo y dinero. Pasó bastante tiempo antes de que a alguien se le ocurriera que se podía vender un programa informático. Y cuando lo hizo, seguramente la gente que tenía alrededor le diría algo como “Pero si son sólo bits, cualquiera puede copiarlos o rehacerlos. ¿Cómo vas a vender eso?”.

Algo así podría decirse de la arquitectura: Sigue leyendo

¿Arquitectura abierta?

Desde hace unos 2 años llevo una investigación personal y bastante amateur (a base de leer, escribir, y últimamente también hacer) sobre la relación de la arquitectura con los modos de hacer sociales (lo participativo, lo inclusivo, lo colaborativo, lo pactado, lo relacional, lo distribuido, etc.) y sus herramientas, medios o recursos (autoconstrucción, DIY, bricolage, TIC, fabricación paramétrica, redes sociales, técnicas vernáculas, etc.), no tanto de forma analítica o especializada como sintética, tratando de componer todo eso en una visión de conjunto que hasta ahora, con la aparición de la “actitud 2.0″ no se había hecho evidente.

Busco definir el concepto de arquitectura abierta o 2.0, que intenta englobar lo anterior estableciendo conexiones, siguiendo rastros que lo hagan visible y manejable, y experimentando con él en la práctica. Esta sección del blog intenta ser un concentrador de reflexiones, ejemplos, herramientas, críticas, técnicas y otros recursos que por su acumulación puedan ir formando con el tiempo una definición propia. Se presupone por tanto que es definición no existe de forma completa ahora mismo, aunque sí se podría esbozar un ámbito de trabajo que sitúe al lector:

Cada vez somos más los arquitectos a los que nos interesa la arquitectura como conversación y negociación que es entre agentes: promotor, usuario, constructor, arquitecto, etc. A algunos nos preocupa especialmente la actual divergencia de aspiraciones e imaginarios entre ellos, que se ha puesto en evidencia de forma masiva en la actualidad: empresarios que promueven en serie una arquitectura de consumo, artesanos que ven perderse su valor y la transferencia de conocimiento a nuevas generaciones, usuarios desorientados que no saben cómo buscar la calidad, arquitectos estratosféricamente alejados de las expectativas de una sociedad que los entiende menos que nunca…

La arquitectura abierta busca la forma de acercar todas esas líneas de trabajo, involucrando a todos los interesados en el ciclo de vida completo de la arquitectura, lo que requiere buscar otros procesos de trabajo, otros métodos y herramientas, otros enfoques que ayuden a replantear el conjunto.

La arquitectura abierta no es una idea novedosa, sino la combinación por afinidad de muchas tendencias que llevan latentes en la historia de la arquitectura desde que el ser humano comenzó a construirse espacios para habitar. No se pretende inventar nada, sino mostrarlo, ordenarlo y darle un nombre para que otros lo puedan reconocer y trabajar sobre ello.

El modelo socioeconómico que hay detrás

Hace unos años comencé a interesarme por el lado social de la arquitectura: las interacciones humanas que tiene detrás. Los motivos que llevan a la construcción, las diferentes formas de gestión, los agentes implicados, los beneficios que determinadas formas de hacer arquitectura aportan (o niegan) a los usuarios, la relación técnico-usuario, etc.

El caso es que una de las primeras reflexiones que me surgieron fue acerca del modelo socioeconómico que subyace en distintos tipos de proyecto, y la quería compartir aquí porque por alguna razón ha salido en dos tres conversaciones distintas separadas por apenas unos días, y me ha parecido oportuno aprovechar la “casualidad”. Este artículo está escrito hablando de proyectos de arquitectura, pero puede aplicarse a casi cualquier tipo de proyecto en cualquier ámbito, así que sustituid “arquitectura” por lo que prefiráis.

Para empezar, digamos que el carácter de todo proyecto puede descomponerse a nivel general en dos componentes imprescindibles para que se lleve a cabo: el impulso y la estructura. Sigue leyendo