Tejiendo lo común: desarrollo social y urbano en red

El pasado jueves 29 de noviembre estuve en Alicante, invitado por Arquitectos Sin Fronteras para dar una charla sobre “trabajo en red” en el marco del curso-taller “EnREDándonos en la Zona Norte

Colaboración, red, estructuras mixtas, remezcla y complejidad - collage de imágenes de opensourceway

Collage de imágenes de OpenSourceWay – CC BY-SA

El tema es muy amplio y estoy lejos de considerarme un experto en estas cosas, por lo que fue un desafío darle forma para una audiencia variada incluyendo arquitectos, activistas, vecino… Esta es la descripción de la charla, enviada a priori, y que luego matizaré en función de lo que sucedió allí realmente:

La charla intenta encontrar un enfoque práctico, cercano a la experiencia de los asistentes, al desarrollo social y urbano en red. Se parte de la idea de que la vida urbana de una ciudad, un barrio o una calle, es un bien común que mejora y perdura cuando se cuida de forma colectiva. Sin embargo, la complejidad de ese entorno pone a prueba toda estructura organizativa para hacerlo. Se propone, entonces, hacerlo en red.

¿Qué significa en red? Ante todo hay que diferenciarlo, que no separarlo, de “en la red”, hablando del carácter complementario de lo físico y lo digital como espacios de oportunidad. Cabe comentar aquí otras características del trabajo en red: la capacidad de trascender formas rígidas de organización y permitir una mayor adaptabilidad; la gestión de la diversidad, admitiendo incluso el disenso sin dejar de funcionar; la posibilidad de conectar y poner en valor directamente a las personas, sin intermediarios, favoreciendo de ese modo un desarrollo personal que redunda rápidamente en desarrollo social.

Se proponen también una serie de principios que permiten que el trabajo en red sea fructífero y satisfactorio, y se produzca en pro del bien común. Se introducen conceptos que es recomendable tener en cuenta, como la autonomía en las herramientas y los medios, las libertades básicas del software libre como fuente de inspiración, y la cultura abierta como una manera de favorecer el desarrollo de la sociedad y el de la propia ciudad en que habita.

El núcleo principal de la charla se dedica a hablar de tres aspectos fundamentales del desarrollo urbano y social en red: el conocimiento del entorno, la colaboración, y el conocimiento compartido. Cada uno de ellos se comentará desde una perspectiva cercana al ciudadano de a pie, proponiendo herramientas, metodologías o medios que pudieran ser útiles de forma directa, tratando siempre de equilibrar los recursos digitales con los físicos para mostrar que su combinación permite salvar barreras culturales, de edad o educación, como la brecha digital, el idioma, etc.

El objetivo es principalmente atraer la curiosidad hacia otra forma de entender la organización de iniciativas de todo tipo -sociales, culturales, económicas, legales o técnicas- en el entorno urbano, y proporcionar algunas pistas, algunas herramientas, algunos recursos de los que partir para recorrer ese camino colectivamente.

Dudando sobre la manera de contar todo esto, y enlazando con una reciente reflexión sobre “pensar en red”, decidí probar un formato menos habitual, y esto es lo que llevé:

Ver a pantalla completa o clic derecho para descargar.

Es un mapa mental en formato .svg que visualicé directamente en Inkscape (¡a pelo!) pero que ahora he aprovechado para montar con un recorrido animado con Sozi (podéis hacer clic, zoom y arrastrar sobre él). Ante la imposibilidad de abordar todos esos temas, la idea era dejar el “camino” a recorrer un poco abierto, para poder ir enlazando los temas de mayor interés para todos los asistentes.

A la hora de la verdad, no dio tiempo a entrar en detalles (la charla duró poco más de media hora), de modo que la conversación quedó en un plano general y muy falta de ejemplos a los que “agarrarse”. Espero que eso no la hiciera demasiado abstracta. Nota mental, que comparto por si a alguien más le sirve: la próxima vez, intentar aunar ambas cosas, contando cada concepto general con un ejemplo, aunque sea a toda velocidad.

Independencia sí, pero de los bancos: el aval colectivo

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El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

Artículo de Pau Llop que cuenta la experiencia de Zemos98, quienes recientemente decidieron alejarse de la banca “tradicional” y financiarse a través de la cooperativa de crédito Coop57, para lo cual pidieron y obtuvieron un aval colectivo.

Un interesantísimo paso en la exploración de otros modelos económicos, llevando la idea de crowdfunding a otro nivel. ¡Recomendado!

Independencia sí, pero de los bancos: el aval colectivo

La gestión económica, el gran reto de las redes de trabajo

Sesión nómada de eGruyère, red de trabajo

Ya lo he vivido varias veces. Estar semanas o meses trabajando con otros en perfecta armonía, y que entre el dinero en juego: porque un encargo se acaba y hay que cobrarlo, porque se ganó un concurso y hay que recibir el premio… De pronto, lo que minutos antes era todo confianza, ganas de aportar y buen ambiente, se ve invadido por oleadas inesperadas de recelo, desacuerdo y un claro ensombrecimiento del ambiente. Del paradigma de la colaboración y la generosidad se salta de pronto, en un pequeño pero significativo vuelco, al demasiado conocido de la competencia y el egoísmo. No me atrevería a generalizar, pero creo que este es uno de los puntos débiles del trabajo en colectivos o en redes: la gestión económica se complica y se ve desplazada fuera de los principios que envuelven el resto de la actividad, convirtiéndose a la vez en un mal necesario (para el grupo) y un bien codiciado (para el individuo). Al menos esa es mi experiencia; si hay alguien que esté trabajando de una manera “distinta” y haya logrado salvar este asunto, por favor que me lo diga y quedamos para hablar y arrancarle el secreto entre cañas.

Pues bien: hace poco, en eGruyère, finalizamos un taller relacionado con un proyecto común a varios miembros de la red, y nos pusimos a la –supuestamente grata– tarea de cobrarlo y repartir los beneficios. Rápidamente se abrieron varios frentes de resolución poco clara:

  • No participaban sólo las personas habituales de la red, sino también algunas de más allá, haciendo evidente la dificultad de marcar límites y planteando un conflicto de gestión de medios, recursos, permisos de acceso y transparencia variable en la información. Esto, que se puede resolver de varias formas cuando hay un “dentro” y un “fuera” claros como en empresas y colectivos, es un tema crucial en redes de trabajo informes y extensibles. Pero esto merece un post, o varios, aparte.
  • El segundo asunto a resolver fue el de la legalidad. Dado que eGruyère no tiene forma legal reconocible –de todas maneras no hay una forma legal en España para una “red distribuida y abierta de trabajo colaborativo”– ni por supuesto una forma de gestión económica/fiscal en correspondencia, esto se liquidó asumiendo la gestión de todo a través de una sola de las partes implicadas, una empresa o un autónomo dados de alta y reconocidos legalmente. Un parche delicado y en parte alegal sobre el que tendremos que volver en otro momento y otro post.
  • El tercero, el del reparto en sí de los ingresos. Con el problema añadido de no haber dejado del todo claras –y bien escritas– las condiciones de colaboración desde el principio, llegamos al punto de no retorno en el que el dinero estaba al llegar y teníamos que decidir cómo distribuirlo. Este último punto me gustaría comentarlo un poco más aquí.

En el caso que comento, el tema se saldó sin pena ni gloria, con el sencillo –y casi siempre injusto– principio del reparto igualitario: el total neto se divide entre los que somos, y tocamos a lo que tocamos. Una solución típica, que resulta ser ideal… para dejar a la gente con la boca cerrada pero no del todo satisfecha. La incomodidad que supuso esa parte del proceso en el grupo nos hizo plantearnos este tema como un asunto fundamental a resolver para el futuro.

¿Cómo distribuir los ingresos en un grupo de gente diferente, que ha trabajado de forma distinta? Si lo intentamos hacer proporcional al trabajo y a los méritos, ¿cómo evaluamos ambos? ¿Llevamos la cuenta de las horas dedicadas? Y para hacer ello, ¿confiamos en que cada uno lo haga bien, o ponemos algún tipo de control? ¿Cómo incorporamos el resto de aportaciones menos mensurables, como la calidad del trabajo, el conocimiento aportado, el compromiso, etc.? Se nos abrió un campo de trabajo interesantísimo que no sabíamos muy bien cómo abordar, lleno de soluciones ya probadas pero no demasiado satisfactorias.

Esbozando la complejidad estructural de una red de trabajo

En ese momento, una de las claves del asunto apareció como por casualidad: uno de los compañeros comentó que debido a su baja participación prefería renunciar a su parte. Fue un momento sorprendente, ya que por lo general el reparto del dinero parte de la base de que todos buscan llevarse la mayor parte posible, principio que se desmontó de forma instantánea. La respuesta que se le dio en aquel momento fue más espontánea que meditada, pero aportó el ingrediente que faltaba:

“Acepta lo que te toca, y si crees que es demasiado, nos invitas al resto a unas cañas, lo reinviertes en algo común, se lo das a una persona que pienses que se ha quedado corta en su reconocimiento por el trabajo que hizo, o lo donas a algún proyecto que intente hacer de este mundo un lugar mejor. Lo que se te ocurra y te apetezca.”

Esta conversación abrió de pronto un frente inesperado: descubrimos que podíamos afrontar este proceso de distribución desde la generosidad

En eGruyère mantenemos desde entonces un hilo de reflexión al respecto, un debate interno –bastante tenue, eso sí– que nos encantaría compartir con otros colectivos, redes, plataformas y estructuras de trabajo similares, que requieren nuevos modelos económicos en resonancia con los principios que hay detrás: colaboración, empatía, flexibilidad, descentralización, transparencia…

Valga esta entrada para lanzar el debate a la red, y en breve publicaré un par de experiencias-hallazgo que, si no son soluciones maravillosas y definitivas, sí que señalan caminos que merece la pena recorrer.

Update: Si quieres participar en una charla sobre este tema, se está organizando aquí.

Arquitectos, publicaciones digitales y redes sociales

Hace unos meses me contactaron Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó para participar en una serie de entradas que están realizando en su blog, en las que entrevistan a arquitectos acerca de su relación con la web y las redes sociales. Fue un entretenido ejercicio de reflexión, del que reproduzco a continuación la parte que me atañe.

Entrevista en el blog de Stepien y Barno

 

1. ¿Podrías resumir cómo es tu presencia general en Internet?

Personal, con tendencia a evitar identidades abstractas o simbólicas. Polifacética, huyendo cada vez más de perfiles demasiado especializados que, por otra parte, no lograría mantener por mucho tiempo. Bastante poco instrumentalizada en general, mi presencia en Internet es una parte de mi presencia en este mundo e intento vivirla y disfrutarla como tal, sin condicionarla a la obtención de unos resultados. Y últimamente, también bastante crítica, me interesan cada vez más temas como la autonomía digital, y comienzo a tomar muchas decisiones en ese ámbito desde un punto de vista ético que no me había planteado antes. Por otro lado, es algo en constante evolución, siempre en construcción, así que todo lo que comento aquí no es más que una instantánea a día de hoy.

2. Si tienes web ¿Cuáles serían sus principales características?

La-cajita.es es igual que lo demás: Personal, poco instrumentalizada y polifacética. No tiene un tema ni un ritmo concreto en los contenidos, que varían desde lo técnico a lo personal, de lo profesional a lo amateur. Es sencilla, diseñada y construida con más cariño que conocimientos técnicos, y tiene un aire un poco a medio camino entre elegante y simpático. Hasta hace poco, la web y el blog siempre han sido una misma cosa, y no descarto que vuelvan a serlo.
Por otro lado tengo sociarq.net, una web que comencé para ir anotando mis reflexiones en el campo de la arquitectura abierta, y donde la taxonomía de etiquetas y la propia estructura de la web están pensadas para dar una definición global y acumulativa de ese concepto. Últimamente estoy pensando en fundir ambos blogs, pero no es fácil.

3. En el caso de tener blog podrías contarnos lo más destacado él.

El blog siempre ha sido un poco como mi tarjeta de presentación. Lo más destacado es que representa bastante bien mi forma de ser, de pensar y de actuar; digamos que se parece un poco a mí. Es una completa ensalada, casi el único sitio donde cualquier otra persona puede ver mi vida, desde mi punto de vista: todo junto y a la vez. Algo que es también su mayor debilidad, ya que por lo general se entienden mucho mejor los blogs temáticos.

4. Te animarías a hablarnos sobre tu presencia en las redes sociales (en cuáles estás, que es lo que haces en ellas…)

Facebook: La uso porque es donde está la mayoría de mis contactos personales, permite tener una visión (sesgada, claro) de en qué anda mi entorno personal más cercano. Pero no me aporta mucho más, principalmente porque no he intentado siquiera que lo haga… hasta ahora, que comienzan a aparecerme (sin buscarlos) otros tipos de contactos y eso va a requerir otra manera de usarla.

Twitter: Es la que más uso, la que más me costó entender y también la que más me ha aportado hasta la fecha. El hecho de poder seguir a otros sin requerimiento de reciprocidad la hace perfecta para crear poco a poco una red de contactos a mi gusto. En Twitter, a diferencia de otras redes, puedo crear un “ambiente” específico para entablar conversaciones (no tanto para mantenerlas) sobre un tema o con un enfoque tan delimitado como yo quiera.

Ambas son “jardines cerrados” y preferiría cambiarlas por otras abiertas como Diaspora o Identi.ca, pero para que me valiera ese cambio, tendría que encontrar también a mi gente en esas otras redes. En esto admito que soy prisionero de la decisión (o la falta de ésta) de la mayoría.

Diaspora: Apenas he comenzado a usarla, pero estoy descubriendo un potencial enorme, algo como la suma en positivo de Facebook y Twitter. El público, todavía bastante geek, y el uso de los #hashtags me están permitiendo entrar en contacto con gente y contenidos muy interesantes a nivel internacional. Es la única red que uso más en inglés que en español.

Estoy en un par de redes sociales más, como Google+ o Linkedin, pero si quiero usarlas para conversar he de estar presente en ellas de verdad, y eso me pone un límite en la cantidad de redes sociales que puedo gestionar en un tiempo razonable, así que algunas quedan, de momento, en segundo plano. Linkedin en concreto apenas la uso como red social, sino como ficha profesional.

5. ¿Cuánto tiempo al día dedicas a mantener a punto las redes sociales y publicaciones digitales?

Si me permitís la distinción, diría que últimamente dedico alrededor de media hora al día a “mantenerlas a punto” (aprender sobre ellas, gestionar contactos, ajustar preferencias o diseño, revisar y adecuar el uso que hago de ellas), y un par de horas a disfrutarlas, a interactuar con otras personas o a desarrollar temas que me interesan a través de ellas. Contando aquí las actividades de producción y creación, las de consumo y las de interacción: desde redactar una entrada para el blog hasta dejar un comentario a un amigo o ver un vídeo interesante que alguien me ha compartido.

6. ¿Consideras que tu visibilidad dentro del entorno digital es suficiente?

Sí. A veces me dejo arrastrar por la fantasía común de “engordar los números”, pero a la hora de la verdad prefiero usar las redes para conversar, no para difundir. Y hay un límite en la cantidad de conversaciones valiosas que puedes mantener, de modo que prefiero tener cerca interlocutores interesantes a multiplicar el número de receptores o seguidores. La visibilidad que necesito, y la que tengo, es la justa para llegar a esos interlocutores y mantener conversaciones de calidad, y crecerá de forma natural conforme yo lo necesite o mi entorno lo provoque.

7. ¿Tienes algún tipo de estrategia a la hora de constituir tu Identidad Digital?

Tener una estrategia en un medio tan cambiante me parece complicado y excesivamente instrumentalizador para mi forma de moverme en él, pero he ido encontrando una serie de criterios personales que me permiten tomar decisiones en ese ámbito. Por ejemplo, conversar y convivir más que difundir. Tratar de persona a persona. Intentar que sea completa, que no se disocie en muchas identidades diferentes. Tratar de que mi identidad digital y mi identidad presencial se lleven bien, sin quitarse importancia o tiempo la una a la otra, y sobre todo que ambas compartan y reflejen la misma forma de ser y los mismos principios de comportamiento y actitud que quiero para mi persona y mi vida.

8. ¿Qué beneficios, a nivel laboral (colaboraciones, encargos…), has obtenido gracias a tu presencia en la red?

En eso, la red digital (Internet) se solapa mucho con la red presencial, las personas presentes en ambas tienden a ser las mismas y su potencial como red es similar: el contacto persona a persona, y las interacciones y conversaciones que surgen de éste. Son éstas las que llevan a encuentros, a colaboraciones, a construir proyectos comunes que eventualmente entran a formar parte de mi actividad profesional. Las personas con las que trabajo y colaboro hoy día forman parte activa de mi red, y viceversa: los trabajos y colaboraciones que llevo entre manos proceden de esa red. Internet sólo aporta algunas oportunidades específicas en términos de comunicación a distancia y en diferido, y en la facilidad que nos da para agruparnos por intereses o proyectos comunes. Casi todas las oportunidades que surgen son de colaboración y emprendimiento, rara vez de encargo o “fichaje” pasivo por terceros. Esto es algo que parece que nos pasa a casi todos.

9. ¿Hay algo concreto que te gustaría mejorar en relación al tema de tu reputación digital?

Intento pensar en la reputación como algo que obtengo como resultado de mis actos, no algo que pueda buscar o manipular. Me parece más sano verlo así. Pero sí tengo algunas inquietudes relacionadas: me gustaría que mi identidad digital tendiera a ser única, íntegra, y me permitiera presentarme como persona completa, con todas mis facetas, de modo que la reputación que pudiera construirse a partir de ello lo hiciera teniendo en cuenta todas ellas. Que fuera el contexto, el exterior, el que seleccionara la parte de mí que le interesa, sin dejar de ver o valorar las otras. Es algo que no he logrado aún y ni siquiera sé si es del todo posible todavía, es un desafío incluso en la vida real: tendemos a seleccionar qué faceta mostramos en cada entorno… y pocos entornos están preparados para admitir múltiples aspectos de la personalidad.

Podéis ver la entrevista original, con las respuestas de los otros dos entrevistados, y todas las demás entrevistas de la serie.

OdlI: Los shelter shifters

Orfanato de las ideas es una sección de La Cajita dedicada a publicar ideas, proyectos, emprendimientos y diseños, descabellados o no, que se me ocurren de vez en cuando y que por lo general se quedan en un “podría ser”. A lo más que aspiro con esto es a entretener, sorprender, divertir y en el mejor de los casos, quizás incluso inspirar una idea, una acción o un proyecto nuevo.

Es de sobra conocido (qué nos van a contar a los españoles) el problema de la segunda vivienda, esa que queda vacía durante la mayor parte del año, no por ello dejando de cobrarse un alto precio en términos paisajísticos o ecológicos.

Durante el año 2007 un grupo de arquitectos alicantinos describió este problema como una de las ineficiencias más grandes de la historia, y decidieron poner en marcha el movimiento [h]Estacional (habitante estacional), que posteriormente se ha ido internacionalizando hasta dar lugar al de los shelter shifters.

Un shelter shifter, o shiftant como se les conoce también (shifter + inhabitant), es una persona sin casa propia que encuentra alojamiento o espacio de trabajo ocupando viviendas y oficinas vacías de forma simétrica a sus propietarios. Con este sistema, los propietarios de una segunda vivienda pueden elegir cederla a un tercero para que la utilice y la cuide durante el tiempo en que ésta permanece vacía, y en períodos vacacionales intercambian su posición con el inquilino hestacional.

Este concepto no es del todo nuevo: seguro que a alguno le habrá parecido una versión consentida del modo de vida del personaje principal de la película Hierro 3, y también es evidente una cierta similitud con el intercambio vacacional de viviendas, del que lo diferencia un funcionamiento asimétrico (sólo una de las partes es propietaria) y extendido a todo el año.

Naturalmente los shelter shifters tienen su propio código de conducta. No sólo se comprometen a cuidar la casa y mantenerla, sino que intentan mantenerla en el mismo estado en el que les fue cedida, a veces hasta límites sorprendentes.  Su “silencioso” paso por la vivienda que usan sin dejar rastro les ha valido en la red el apodo de “sh-sh”  y hacen curiosas competiciones en las que se compara el antes y el después de una vivienda buscando la ausencia total de cambios. Algunos recurren al mapeado y guardado meticuloso de los objetos existentes y otros se limitan a convivir con ellos haciendo gala de un exquisito cuidado.

Además, de cara a tranquilizar a los propietarios, cuando un shelter shifter entra a formar parte de esta curiosa red de okupación consentida, queda inscrito con todos sus datos reales en un sistema de evaluación meritocrática similar al existente en otras redes, que a través de un sistema de valoraciones, testimonios y votaciones da un buen indicador de la fiabilidad de cada usuario. En cualquier caso, los “cambiadores de alojamiento” son generalmente personas solitarias o parejas de hábitos tranquilos y frugales que prefieren huir de las aglomeraciones y por tanto no les importa estar siempre en el “sitio indeseado”, siempre que sea de forma gratuita o (según el acuerdo) por un alquiler irrisorio.

Independientemente de lo extraño que pudiera parecer este modo de vida, no carece de antecedentes en la mayoría de culturas, y su aporte simbólico y real es muy significativo en una cultura del exceso como la nuestra. Como comenta el sociólogo Bertrand Bargan:

Los shelter shifters proponen una forma muy específica de habitar, pero con enseñanzas muy globales que deberíamos tomar seriamente en consideración: no sólo por el cuidado y respeto que muestran, sino por la eficiencia que promueven en el uso de las edificaciones y por tanto del territorio. Un hábito de vida inusual pero radicalmente más sostenible que muchos de los actuales.