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Martes, 6 de Diciembre de 2011La quintaesencia de una wiki: mejor links a páginas que aún no existen que páginas a las que no llegue ningún link.
Reflexión con Ester Gisbert en la wiki de masterDIWO
La quintaesencia de una wiki: mejor links a páginas que aún no existen que páginas a las que no llegue ningún link.
Reflexión con Ester Gisbert en la wiki de masterDIWO
Hoy, saliéndome un poco de mi contexto habitual, he asistido a una charla del Triform Institute y he descubierto un modelo conceptual muy interesante, utilizable tanto para explicar y diagnosticar la realidad como para actuar sobre ella, y que en cierto modo parece capaz de dar cabida a muchas de las inquietudes e intuiciones que llevo notando en mí y a mi alrededor últimamente, desde el movimiento del 15M hasta mi propio interés por la cultura abierta o las nuevas formas de trabajo.
Se llama triformación social, y su definición gráfica sería algo parecido a la siguiente imagen (interpretación personal):

Según el modelo de la triformación social, la actividad humana se podría dividir según tres ámbitos principales: lo cultural, lo jurídico-político y lo económico; tres ámbitos que aunque superpuestos en cada persona y en la sociedad, son diferentes y han de regirse cada uno por sus propias leyes, y a los que pueden aplicarse tres conocidos principios que la Revolución Francesa planteó con acierto pero falló en implementar: libertad, igualdad y fraternidad. Todo ello teniendo al individuo, la persona, como agente fundamental y activo en la transformación (que no cambio) y desarrollo (que no crecimiento) de la humanidad.
Con eso quedaría enunciado el modelo de la triformación de forma relativamente sencilla… aunque la dificultad de aplicación a gran escala sea inversamente proporcional a la sencillez de planteamiento.
Intuitivamente, y antes siquiera de entrar a estudiarlo, ya suena bastante razonable, aunque algunas asociaciones nos pudieran parecer raras (¿economía y fraternidad?) y en general uno no vea por dónde comenzar a aplicarlo. Para mí el indicio más claro de su acierto es la capacidad de diagnóstico que muestra si lo leemos en sentido opuesto: ¿qué pasa si aplicamos cada uno de los principios que propone al ámbito que no le corresponde? Entonces el modelo se convierte en un muestrario de patologías sociales que podremos reconocer sin problemas a nuestro alrededor.
¿Os suenan lemas tan contemporáneos como “La cultura no se vende” o “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”? No son más que el síntoma de rechazo a un sistema que aplica los principios de la economía a la gestión de lo cultural o lo jurídico-político, respectivamente.
Y no voy a seguir dando ejemplos, solamente os sugiero que intentéis aplicar a vuestro contexto, vuestro campo de trabajo o vuestros intereses distintas combinaciones de los principios y ámbitos arriba representados, y veáis si reconocéis algún síntoma a vuestro alrededor. El resto, lo dejo a vuestra imaginación.
Luego podéis intentar hacer lo más difícil y emocionante de todo: aplicarlo en sentido positivo.
Probablemente observéis que la igualdad en lo jurídico-político es algo que casi damos por supuesto hoy día como algo deseable; que la libertad en lo cultural es una batalla que aún es necesario ganar pero que se está luchando (¿os suena el tema de la cultura abierta, Creative Commons, el open source…?); y que la fraternidad en lo económico está apenas despuntando, pero con mucha fuerza, en nuevos modelos de financiación colectiva, organizaciones empresariales colaborativas, emprendizaje social, nuevas formas de entender la banca y hasta “monedas” o sistemas económicos completos propuestos como alternativa.
De momento y para mí, indicios suficientes como para pensar que este modelo puede ser digno de estudio, confrontarlo con algunas ideas propias y ver qué puede aportar a mi forma de entender el mundo.
Si el #15m ha tenido un resultado sobre la política, es algo difícil de evaluar, pero os puedo decir el resultado que ha tenido sobre mi persona: ha logrado hacerme pensar sobre política, con un interés y una intensidad que me sorprenden a mí mismo. Y estoy seguro de que no soy el único.
Pues bien, llevo estos meses pensando, discutiendo y observando lo que sucede, y concretamente esta semana ha sido bastante intensa en ese sentido. La súbita reagitación por las calles de Madrid a raíz del desalojo de Sol y su ocupación por la policía, las conversaciones en la plaza y en la autopista con un entusiasmado Domenico (el cual me sugirió muchas de las ideas aquí plasmadas, por no decir casi todas) y varios artículos, como este de Amalio Rey, que me han acercado finalmente al pensamiento práctico.
De todas las opciones que uno podría plantearse ante las próximas elecciones (desde el voto en blanco hasta el voto suicida, pasando por la huida a una isla desierta), me ha interesado especialmente la posibilidad de que parte de la energía del movimiento del #15M se tradujese en la creación de un nuevo partido en el que sus integrantes pudieran sentirse identificados. Al principio la idea me parecía, según el momento, superflua, absurda, improbable tirando a imposible, o demasiado complicada. Pero al seguir dándole vueltas he llegado a una opción que podría tener algún sentido a varias escalas y desde varios puntos de vista, y esa es la que quiero contar aquí:
Fundar un partido sin pretensión de gobernar, solamente dedicado a vigilar la salud del sistema político, a promover el cambio hacia uno mejor y a favorecer la cercanía de la ciudadanía a la política, y viceversa.
En general, fuera cual fuera el tema llevado a debate, el partido se limitaría a opinar y votar sobre la política en sí, planteando y defendiendo propuestas que supusiesen una mejora del sistema de turno en las siguientes líneas:
El partido velaría por todos esos aspectos en general (sobre el funcionamiento y la estructura del sistema político) y en particular (sobre cada medida debatida en el seno de éste). Adicionalmente, podría funcionar como catalizador de la reflexión, impulsando la investigación y testeado de nuevos modelos y la educación de las personas en la proactividad política. Se abstendría deliberadamente de valorar o pronunciarse, con voz o voto, sobre cualquier otro aspecto, con el curioso efecto de que siendo más específico, sería también más universal.
Sólo de este modo se podría convertir ese nuevo partido en la opción de todos los que no se sintiesen representados en ningún otro partido o en el sistema en sí mismo. Sólo así estaría dedicado al 100% a recoger y visualizar el desencanto e indignación ciudadanos, pudiendo aglutinar incluso los diferentes “votos de descontento” (el blanco, el nulo, el “utilitarizado”, el “agnóstico”) y convertirlos en una fuerza de cambio.
He leído propuestas en las que se habla de hacer un partido (o agrupación de electores) temporal, que cumplida su función desaparezca. Yo diría que incluso podría seguir en marcha, siempre con la misma vocación de no gobernar y con una presencia autorregulada por el contexto político. Así, en tiempos de corrupción del sistema, el partido cogería fuerza y podría acometer su renovación, y en tiempos de salud política, desaparecería de forma natural por transferencia de votos hacia partidos que realmente lo mereciesen por sus propuestas de gestión y gobierno, y que hubiesen sido capaces de ganarse el voto. Cuanto más deteriorado estuviese un sistema, más representación obtendría el mecanismo (llámese partido) dedicado a regenerarlo.
Igual que el movimiento del #15M, ese partido tendría una vocación y alcance internacional, pudiendo estar presente en cada pueblo, ciudad, nación o región del mundo siempre con el mismo objetivo: vigilar y mejorar la política en todo lo posible, luchando por convertirla en una herramienta en beneficio de la humanidad.
Debido a su propio carácter y a la dificultad de mantenerse imparcial en unas cosas y centrado en otras, en su piedra fundacional estaría grabada a fuego la auto-aplicación de todos esos principios de la forma más profunda posible, y contaría con sistemas de control externo a prueba de desvirtuamiento y corrupción, que permitiesen:
Y… creo que con esto la idea ha quedado esbozada. Algo me dice que un partido que naciese ahora y tuviese esas características sería candidato a recibir un apoyo enorme. Por su propio carácter podría incluso apoyarse casi completamente en la comunidad en cosas como la difusión y la financiación, lo que lo haría a la vez dependiente (del apoyo ciudadano) e independiente (de otros agentes, de “los mercados”, etc.).
A estas alturas ya hay iniciativas puestas en marcha con más o menos acierto. Falta que alguna de ellas aclare y simplifique sus aspiraciones, emita un mensaje limpio y potente del que se pueda hacer eco la sociedad. Os dejo algunos enlaces interesantes:
Artículo sobre la dispersión de partidos minoritarios
Una idea vista en Propongo: Crear un partido temporal solo para las proximas elecciones Ved las propuestas relacionadas y los debates que contienen, hay muchas ideas interesantes, la mayoría de las cuales están aquí simplificadas y sintetizadas.
Para acabar, diría que ese partido no ha de llamarse “del 15m” ni nada parecido. Ni siquiera necesita salir del movimiento en sí, como opinaban por aquí. Creo que una propuesta lo suficientemente clara y limpia puede salir por sí sola y luego atraer apoyos del movimiento y de fuera de él. Y para ello es importante que incluso el nombre hable de su carácter no gubernamental y su objetivo renovador. Os dejo unos cuantos para que fantaseéis un rato:
Si queréis ver la propuesta en Propongo y apoyarla con vuestro voto para que sea difundida, podéis hacerlo aquí:
Viendo el otro día el streaming de Urban Social Design Experience se mencionó en el chat algo sobre el manifiesto del Culto a lo Hecho.
No soy muy amigo de manifiestos (basta ver mi reacción al último que leí), su rotundidad y radicalidad me resultan intelectualmente incómodas, por así decirlo. Sin embargo, reconozco su valor como definiciones extremas y limpias de diferentes formas de ver la vida que por lo demás siempre solemos encontrar en una forma más mezclada.
Este manifiesto en concreto me ha llegado por varias razones. Me encanta su desparpajo con toques humorísticos (me encanta que sean 13 puntos, y no los forzados 3 o 10 de toda la vida) y el hecho de que los propios autores lo trivialicen ya antes de presentarlo. Pero por otro lado no deja de contener varias sugerencias importantes, en la línea tan contemporánea de la beta perpetua, el work in progress, el learning-by-doing, y demás conceptos “2.0″, pero también en un plano mucho más personal:
A mí, que últimamente ando liado con muchos procesos de puesta en marcha, conexión, relación o gestión la mayoría de las veces difícilmente tangibles, me ha servido como tranquilizante y a la vez como revulsivo. Como cuando me pongo a arreglar la bicicleta y descubro que me encanta ese trabajo, este manifiesto me ha recordado otros tiempos (no muy lejanos) en los que he vivido más del hacer que del pensar, y aunque ellos no lo diferencian ni lo mencionan directamente, también más ligado a lo físico que a lo digital. Siempre con las manos manchadas: de serrín, de cola, de pintura, de grasa…
Y me ha recordado que para hacer efectiva una mínima praxis hay que mantener un equilibrio entre la especulación estratégica y la pura y simple creación. Que tratar de apuntar bien no debe evitarnos disparar una y otra vez hasta acertar. Dicho y hecho. O tan radicalmente como proponen ellos: sin saber, hacer, y acabar.
¿Qué es el crowd funding?
Entre los muchos cambios que el lado social de Internet está provocando, a mí me gusta destacar, por su potencial de cambio socioeconómico, el fenómeno del crowd funding: una nueva forma de dar un soporte económico a todo tipo de proyectos socializando tanto la inversión y la financiación como los beneficios resultantes.
El crowd funding adopta muchas formas, pero en todas ellas tiene una cosa en común: sustituye la necesidad de un prestamista o inversor poderoso por la participación acumulativa de muchos pequeños agentes interesados que contribuyen con una cantidad mucho menor.
Ejemplo simplificado: en lugar de pedir a 1 persona que ponga 10.000€, pido a 10.000 personas que inviertan 1€.
Esto tiene dos consecuencias directas: se evita tener que “pasar por el aro” de las condiciones (con frecuencia abusivas) exigidas por un solo “pez gordo”, y de paso se garantiza la deseabilidad e interés social del proyecto, ya que de otro modo sencillamente no será capaz de reunir el apoyo suficiente. Es la sociedad, o la parte interesada de ella, la que “decide” qué proyectos salen adelante, y no el capricho o el interés de un único agente.
Como veremos a continuación, la mayoría de los sistemas de financiación colectiva actuales han nacido en el seno de la web 2.0 y es en ella donde desarrollan la mayor parte de su actividad. Esto es así gracias a ciertas características propias de Internet: entre otras, la capacidad de construir relaciones alrededor de un interés común, la posibilidad de difundir un mensaje con muy largo alcance y a la vez con bastante “puntería”, y la facilidad para la micro-participación de cualquier usuario en distintas formas, desde dejar un comentario hasta hacer una pequeña donación en un par de clics. De este modo es posible alcanzar rápidamente una masa crítica muy elevada de usuarios interesados, y pedirles muy poco tiempo y dinero a cambio de participar.
Hace unos años comencé a interesarme por el lado social de la arquitectura: las interacciones humanas que tiene detrás. Los motivos que llevan a la construcción, las diferentes formas de gestión, los agentes implicados, los beneficios que determinadas formas de hacer arquitectura aportan (o niegan) a los usuarios, la relación técnico-usuario, etc.
El caso es que una de las primeras reflexiones que me surgieron fue acerca del modelo socioeconómico que subyace en distintos tipos de proyecto, y la quería compartir aquí porque por alguna razón ha salido en dos tres conversaciones distintas separadas por apenas unos días, y me ha parecido oportuno aprovechar la “casualidad”. Este artículo está escrito hablando de proyectos de arquitectura, pero puede aplicarse a casi cualquier tipo de proyecto en cualquier ámbito, así que sustituid “arquitectura” por lo que prefiráis.
Para empezar, digamos que el carácter de todo proyecto puede descomponerse a nivel general en dos componentes imprescindibles para que se lleve a cabo: el impulso y la estructura. (más…)
Orfanato de las ideas es una nueva sección de La Cajita, dedicada a publicar ideas, proyectos, emprendimientos y diseños, descabellados o no, que se me ocurren de vez en cuando y que por lo general se quedan en un “podría ser”. A lo más que aspiro con esto es a entretener, sorprender, divertir y en el mejor de los casos, quizás incluso inspirar una idea, una acción o un proyecto nuevo.
Una de las menos estudiadas consecuencias del cine (y de la literatura) es la sensación de mediocridad que deja en el espectador inmediatamente después: la vida de uno siempre parece insulsa en comparación con las de los personajes de película. Ellos viven guay, aunque las estén pasando moradas. Ya pueden estar deprimidos por un amor imposible o perseguidos a tiros mientras conducen que tú, de una forma que jamás admitirías porque ni te has dado cuenta, casi los envidias.
No sé, tienen… algo. Admitámoslo. Un algo que, bien desplumado, podría llamarse casting, maquillaje, banda sonora, historias y escenas bien seleccionadas siguiendo un guión, fotografía, atrezzo y cosas así. Imaginemos por un momento que quitásemos la banda sonora, nos metiésemos en la película y les siguiéramos durante un día: nos daríamos cuenta de que sus vidas no son en realidad ni mejores ni peores que las nuestras. Ir en bici por un arcén no es lo mismo si vas bien encuadrado y la cámara te sigue en travelín, con unos acordes de aire surfero matizando la escena, que si vas solo y lo único que oyes son los coches zumbar a tu lado. Y tampoco es lo mismo ver la historia desde un sillón, que vivirla realmente, con los sudores que eso conlleva…
En fin, entendéis por dónde voy, ¿no? Bien. Ahora démosle la vuelta: si alguien grabara los buenos momentos de nuestras vidas con una buena calidad de imagen, planos bien elegidos y una banda sonora de quitar el hipo, apuesto cien a uno a que nosotros mismos alucinaríamos de ver lo bien que vivimos, de lo mucho que molamos y de la cantidad de buenas historias que nos suceden… o nos podrían suceder.
Pues a eso se dedica FilmizeMe.com: precisamente a peliculizar tu vida por encargo. (más…)
Últimamente estoy leyendo mucho (¡demasiado!) sobre emprendizaje, innovación, creatividad, actitud 2.0 y en fin, todas esas cosas que hoy día andan tan de la mano. Todo suena arrebatadoramente interesante, y me siento identificado con muchas de las posturas, técnicas, filosofías y tendencias que he ido descubriendo, pero… llega un momento en el que te paras, medio alelado tras una avalancha de enlaces o twitts apabullantes, o de textos como este…
… y dan ganas de salir corriendo al desierto más cercano. Porque si tengo que ser a la vez proactivo, rompedor, desestructurado, eficiente, móvil, imprescindible, asertivo, enérgico, ágil, innovador, tenaz, smart, incansable, sorprendente, metódico, visionario, hiperconectado, abierto, y por tanto dedicarme a romper moldes, surfear la cresta de la ola, adelantarme a la situación, poner en duda las bases, redefinir e innovar ya mientras desayuno y dejar al resto del mundo sin respiración… francamente, no sé si me va a dar tiempo para ser humano.
Uno acaba sintiendo una especie de exigencia de brillantez que no ayuda nada a vivir bien. Si el renacimiento trajo la (discutible) idea de que la genialidad era cosa de cada individuo, últimamente parecen hacernos creer por todos lados que la innovación hay que beberla y sudarla cada día como el agua, casi sin darnos cuenta y a litros. ¿Dónde queda el conocimiento tranquilo y el buen hacer del artesano? ¿Y qué si quiero ser un tipo sencillo por un rato? ¿Es realmente tan peligroso quedarse parado? ¿Y si un día me levanto poco creativo, y decido trabajar en algo más monótono o menos arriesgado? ¿No vale? ¿Y si renuncio a intentar cambiar el mundo por una semana, o un año, para vivir una experiencia vital de otro tipo y seguir construyéndome como persona?
Cito una frase del artículo de donde saqué la imagen de arriba, pero cambiando el énfasis a otra palabra:
¡La SOBREDOSIS de inspiración y motivación que todos necesitamos de vez en cuando!
Sí, sobredosis. Y lo de que la necesitemos, pues es posible, pero muy de vez en cuando, como catalizador pero no como combustible. Yo ya tengo mi moraleja personal: empápate de todo eso, pero ten a mano una toalla para secarte. Lee y aprende lo que quieras, pero cuidado con los empachos vitales, o acabarás deseando convertirte en un anacoreta para compensar.
Ni tanto ni tan poco; el equilibrio, el camino del medio, sigue siendo mi vía preferida. Y hablando de equilibrio: leer The Laws of Simplicity o Zen Habits resulta que no compensa la sobredosis de complejidad de lo demás. Incluso simplificar es complejo hoy día, y más si se hace como imposición teórica, de modo que la única solución real es ponerse a hacer otras cosas, y dejar la teoría para ratos sueltos. Nada nuevo, por otra parte, pero tenía que decirlo.
Hay cosas que están en el aire, y en tal concentración que comienzan a condensar por todos lados a la vez, dando lugar a proyectos aparentemente inconexos pero que acaban hablando de las mismas cosas. Para muestra, ahí va un parecido razonable:
Espacio Creativo Independiente de Córdoba:
Promotorium, del que en breve espero publicar algo más por aquí:
Es fantástico. Encuentros así, unidos a muchos otros razonamientos y varias conversaciones sueltas, me hacen pensar que puede que haya llegado el momento de “extraer” de mi PFC la parte relacionada con la creación de espacios de trabajo, y encontrarle un lugar por derecho propio en la realidad. Más reflexiones en breve…