Uno de los trabajos más interesantes que he hecho en estos meses pasados ha sido la modelización de estructuras singulares (concretamente, estructuras ligeras/tensadas) mediante maquetas. Maquetas, sobre todo, que funcionasen de la misma forma (salvando la escala) que el proyecto original.
La que veis abajo es un modelo de la Needle Tower II de Kenneth Snelson, uno de los “padres” de la tensegridad (junto con B. Fuller), y la hice como primer ejercicio para el curso de Proyectos de Estructuras Singulares. Se trataba de hacer un modelo para entender la forma de funcionar de estas estructuras, formadas por elementos discontinuos que funcionan a compresión pura unidos por líneas continuas de tracción.
La maqueta está realizada con tubos de aluminio de 4mm y conectores de acero inoxidable con un tornillo para fijar los cables (estos conectores son el mejor detalle de la maqueta). Los cables en sí son de nylon de 6 Kp de resistencia. En el interior de los tubos se aloja un sistema de rosca oculta que permite alargar varios milímetros cada barra sin que apenas se note exteriormente, con el fin de dar a los cables la tensión adecuada: a igual longitud de cable, más longitud de barras significa más tensión.
Lo mejor es que realmente funciona, los elementos comprimidos se mantienen perfectamente en su sitio, como flotando, y aunque la maqueta se ponga de lado o boca abajo sigue funcionando con el mismo principio estructural (autotensionado) y mantiene su forma. Eso sí, como se destense un poco, se mueve como un flan.
Esta maqueta estuvo en la exposición Lightness: Estructuras ligeras, ubicada en el Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante, y de la cual he dejado el folleto en LittleBox>Design. Con el montaje de luces que hicieron, las maquetas, todas de madera, tela blanca y metal, quedaron francamente bien. La exposición fue un éxito, hasta el punto de que ahora mismo las maquetas van rumbo a Madrid para ser expuestas no se bien dónde…
Os dejo una foto parcial de la instalación:
La segunda parte del curso consistió en desarrollar una estructura propia con los conocimientos adquiridos en el primer modelizado, también con resultados interesantes… pero esa es otra historia y será contada en otro momento.
Fotos 1 y 5 (nocturnas): Jorge Toledo
Fotos 2, 3 y 4 (diurnas): Pablo Coquillat
Tiempo de diseño y ejecución: 2 min, 37 seg. Coste: Cero euros. Material: base de una lámpara vieja, y lámina de material de embalaje no identificado.
Características: Fácil desmontaje. Regulación de la intensidad lumínica. Resultado:
La fotografía no le hace justicia al diseño, mi cámara de fotos tiene un “rango dinámico” demasiado bajo, y si capta las luces, pierde las sombras, y viceversa. En directo la luz se distribuye de forma mucho más suave y con mil matices más…
Por si alguno no conoce nada sobre cómo funciona Google por dentro, aquí os dejo un pequeño vídeo que, si bien no es exhaustivo, resume bastante bien la idea general.
¿Entendéis ahora por qué las mejores genialidades de la web en los últimos años provienen de Google? ¿Por qué hacen cosas tan sencillas y tan bien hechas? A mí me parece que es porque la gente que las hace está viviendo bien.
Con ese eslogan (que se explica nada más ver sus diseños) subtitulan los de Point-7 su rango de velas de windsurf. Personalmente, nunca me ha tirado el negro, en parte por lo que tiene asociado culturalmente, en parte porque para el diseño siempre me pareció la opción fácil: ponle fondo negro, y quedará de muerte, seguro.
Sin embargo, no puedo dejar de aplaudir el diseño de estas velas, porque han logrado imbuirles una fuerza y un carácter que no se estaba viendo mucho en el windsurf. Más “oscuro”, pero con una distinción irreprochable, que las hace dignas de alguien más que un windsurfero macarra :P
En directo deben ser como un deportivo de última generación, con la chapa negra y pulida, las líneas elegantes y agresivas. Hasta los nombres son provocativos: llamar “Sado” a una vela y ponerle una chica espatarrada, si no es provocación, que me digan lo que es, jeje. Sólo me faltaba eso, pensar en sexo hasta mientras hago windsurf…
Podéis verlas en la web oficial. No las voy a poner aquí porque no encajarían del todo con el fondo blanco, hay que verlas en su entorno. Echadle un vistazo a la AC-1, a la Sado, a la Sweet (un corazón, ¡con un par!), etc.
Igual es una broma del subconsciente, pero apenas unos días después de leer y comentar este post en miénteMe, comencé a pensar en el tema de los sistemas operativos, que hasta ahora me había parecido más bien una curiosidad que algo que pudiera realmente plantearme en serio.
El caso es que, no muy casualmente, desde que en mi vigésimosexto cumpleaños un amigo me dejara la semilla de la discordia en forma de Ubuntu7.04, precisamente estoy planeando (que va más allá de pensando en) pasarme de Windows a Linux.¿Por qué Linux, y no Mac, por ejemplo, o simplemente seguir en Windows? Porque Linux es libre, principalmente. Porque es libre, y se me ha ocurrido dar un paso más para vivir de acuerdo con mis ideales. En este caso, por suerte, resulta que además de libre, Linux es un gran sistema operativo, así que el cambio está doblemente justificado.
Sin embargo, acabo de ver el MacBook (¡arf!) que se quiere comprar el arquitecto con el que trabajo, y casualmente también un artículo sobre el iPhone (¡”$%&!), y me he dado cuenta de que estaba eligiendo, no sólo entre tres sistemas operativos, sino entre tres microcosmos informáticos. Está claro que para mí el hecho de que Linux sea libre es determinante pero, por curiosidad, ¿cómo son, en general esas tres opciones?
Windows. Es la cultura de masas. La inercia desapercibida. Estás en Windows porque, sencillamente, es EL sistema operativo cuando no sabes nada de informática. Y como la cultura de masas, su calidad no es determinante a la hora de usarlo. Lo usas porque lo usas, y si te mata a errores, si se ralentiza conforme le instalas programas nuevo, si… pues te aguantas, c’est la vie. No se elige Windows por sus características, sino por su difusión, por su implantación previa*, y su uso no da más satisfacción que la comodidad que da seguir la corriente sin pensar demasiado.
Mac. Es el paraíso. Dita sea, sí, lo es. Mac es fácil, es hermoso, es casi idílico. Tiene su propio mundo de programas y dispositivos, con su maravilloso diseño que llega a todos los detalles. A su lado, un PC parece una máquina industrial. Mac es calidad, es garantía, es olvidarse de cualquier otro problema, porque ya otros pensaron por ti, y además lo pensaron bien, muy bien. La satisfacción que da el disfrutar, sin más, de algo bien hecho.
Linux. Es un taller. A veces, casi un campo de batalla. En Linux nada está fijo o definitivamente solucionado, aunque –eso sí- funcione perfectamente tal y como está. En Linux, las cosas no sólo son lo que son, sino lo que pueden ser. Linux es un foro donde la humanidad decide activamente hacia dónde quiere ir -en el contexto de la informática-, sin leyes de mercado, sin otros intereses que los de los propios usuarios, que en gran medida son (o siempre pueden ser) también los programadores. En Linux, la satisfacción no viene de la comodidad inerte o la seducción material, sino de la realización personal, del cumplimiento de los deseos o ideales propios. Y Linux también es atractivo, no creáis, pero su belleza no es inmaculada y perfectamente depurada como en Mac, ni embaucadora y maquillada como en Windows; es una belleza en constante cambio, como la del género humano, marcada por lo que sucede a su alrededor, definida entre todos. Linux no tiene una cara, ni dos, ni tres. Linux tiene infinitas caras e innumerables cuerpos, todos funcionando con un único corazón que también evoluciona. Linux es a la vez miles de sistemas operativos diferentes, creados por miles de visiones diferentes de lo que debería ser un sistema operativo. Vaya, qué bonito me ha quedado…
Por eso, que se resume en decir que es libre, quiero pasarme a Linux. Porque si quisiera ir a lo bueno y no equivocarme, sin duda iría a Mac. Y si ni siquiera me hubiera planteado todo esto… seguiría en Windows.
A continuación os dejo aquí una divertida comparación leída en los foros oficiales de AutoCAD, al respecto de por qué pedir una versión de ese programa para Linux:
I run a business that delvers food to people (I do Architecture). I could really use any ol’ car to do this, but sometimes that food is Pizza (DWG files), and sad for me there’s only one company that makes a decent Pizza oven for a car (Autodesk). And, doubly sad for me, they only make it for a crappy Ford 1970’s Station Wagon (Windows). Now, if it weren’t for that, I could instead drive the nice new hybrid cars that get much better gas mileage and are way safer and more comfortable (Macs) or I would drive some hippy bio-diesel industrial-strength truck and make my own gas even (Linux). But, because of these stupid Pizzas, and the stupid company that makes the Pizza ovens, I either have to buy two cars, or just drive the station wagon, even though for most of what I do the station wagon doesn’t help me, and sometimes even hurts me. And it certainly doesn’t help my business to not have Pizza on the menu, but it certainly does hurt my business to keep feeding and fixing this stupid old station wagon.
Aunque cabría aclarar que ese hippy bio-diesel industrial-strength truck, en realidad, no desmerece absolutamente nada, por su aspecto y uso, respecto de un deportivo de alta gama (obviando el hardware, claro). Echad un vistazo a esto, si lo dudáis:
Ahora queda lo más difícil (y lo que más me motiva): montar un sistema completo en Linux, donde pueda hacer todo lo que hacía hasta ahora, y además, seguir siendo compatible con todos los que quedan atrás, asomados a la ventana.Muchos dirán que me estoy complicando** la vida, pero la satisfacción de poder poner a mis obras el subtítulo de “enteramente realizado usando software libre” no me la quita nadie.
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*A día de hoy, si Windows fuera un SO minoritario, ¿quién se pasaría a él voluntariamente desde cualquier otro? … Pues eso. **Cabría aclarar que la complicación de la transición a Linux no es por el sistema operativo, que en sí es bien sencillo de instalar y cuenta con más ayudas que cualquier otro. De hecho, lo puedes usar sin siquiera instalarlo, y va de cine. La complicación viene por el hecho de que los programas comerciales a los que estamos acostumbrados no están sobre ese soporte, lo que es como decir que todo se reduce a un problema de aprender a usar nuevos programas, libres por supuesto, con lo que además estaré aún más cerca de mi ideal. Lo demás… es sentarse y disfrutar. Con todo, admito que me jo… que Illustrator y AutoCAD no estén para Linux :P
¡Ya está aquí la versión de race de las afamadas velas Л, de la velería TriSails!Esta vez se trata de un modelo de diseño limpio y estructura innovadora, con un comportamiento nunca visto en la historia del windsurf, que bla bla bla… :P
Es una versión beta, la “de serie” aún la tengo a medias… Aquí he dejado un nuevo diseño, con su descripción comercial y todo. He añadido un logotipo y una cierta “imagen corporativa” para que la presentación fuera más convincente xD
¿Qué tenéis en el fondo del “escritorio”? Es una cosa que siempre me ha llamado la atención. En mi caso, el fondo de pantalla es una de las pocas cosas que cambian en mi entorno de acuerdo con mi actitud hacia la vida, de las pocas creaciones que pueden decir algo más personal. No suelen ser fotos a secas, sino interpretaciones estéticas con una lectura determinada, y generalmente llevan aparejada una personalización completa de la interfaz del sistema operativo.
Tengo algunos guardados. Los pongo en orden cronológico:
Es proverbial (al menos para mí mismo) mi poca fuerza de voluntad y mi carácter soñador, más bien poco activo. Y también, aunque menos conocida, la parte melancólica de mi carácter. Creo que en este primer fondo, está todo eso. Sólo verlo evoca un ambiente, una actitud, casi una forma de ser… Es deprimente, uf.
Este otro es la fase complementaria. No más lamentaciones: toda energía ha de ser canalizada hacia delante. Ese lema aparece en esa imagen, en mi agenda y hasta en mis apuntes de esa época. Do you? No tiene traducción al español. Simplemente, es una pregunta sobre la acción. La foto que le sirve de fondo es de muy mala calidad, pero tiene una energía impresionante. Fue en esa época cuando descubrí el naranja como expresión de actividad y movimiento. Una pura cuestión de equilibrio.
Después vino la fase “Less is bore”. Según tengo entendido, esa frase es de Venturi, e ironiza con el significado de esa otra frase erróneamente atribuida a Mies van der Rohe, que dice: Less is more. ¿Menos es más? Pse. Menos es… aburrido. Supongo que para aquel entonces había encontrado el equilibrio entre mi parte naranja y mi parte azul, y estaba asumiendo mi propia dispersión de intereses.
A la derecha de la imagen iba una nota, con el mismo fondo azul y texto blanco, donde iba escribiendo y borrando las cosas pendientes, los proyectos, las ideas…
Ahora mismo, el escritorio es completamente blanco. A veces dejo vistos los iconos, a veces lo oculto todo. Se ve que he decidido que lo mejor, si uno quiere pensar libremente, es que la mesa, las paredes y la pantalla estén limpias, del mismo modo en que para componer música lo mejor es el silencio. Bueno… No sé, algo así.
Hmmm… por lo que veo, ya llevo tras de mí la fase azul, la fase naranja, la fase multicolor y la fase blanca. No está mal, si tenemos en cuenta que estamos hablando de 5 años. ¿He llegado ya al final, por mezcla aditiva? ¿O aún tengo todo el espacio RGB por delante? ¿Llegaré a una fase negra? …
Otra de diseño. Hace un tiempo os puse la primera propuesta de logotipo e imagen corporativa para el Club WindSurf Área. Durante la misma reunión de la directiva en la que lo presenté, y ante los tibios* comentarios, comencé a garabatear en una hoja… y de ahí surgió la segunda propuesta, la que finalmente se aceptó (por práctica unanimidad) en una Junta General.
Como veis, el logotipo es aún más simple que el anterior, pero da mucho juego en el sentido de que puede ser manipulado de mil formas sin perder su identidad.
Las aplicaciones, por tanto, son ilimitadas, desde una postal digital hasta… bueno, ya iré poniendo algunas más.
Sólo un último montaje, que puse a modo de cierre del PDF de presentación. Es un poco vacilada, pero hay que entenderlo, era joven y estaba orgulloso de mi obra xD
* Al final, he descubierto que la tibieza de los comentarios es un mal inevitable. A la gente, pasado un cierto nivel de “cutrez” aceptable, le da igual el aspecto de las cosas. Sólo con el paso de los meses, cuando han comenzado a ver las transformaciones que provocaba su aplicación, han llegado a implicarse un poco más con el proyecto, e incluso dar muestras de abierta satisfacción, que es el mejor premio al que un diseñador amateur y principiante puede aspirar.
Bueno… otro programa (Flash); otro formato; infinidad de nuevas posibilidades. Os dejo una curiosidad, para los que no la hayáis visto. Es una postal digital que hice para felicitar el nuevo año a la gente del club de windsurf. Lo peor fue seleccionar y recortar cada una de las diminutas imágenes que la forman. Hay cosas que se podrían mejorar, pero… bastante es que la llegara a acabar a tiempo.
Una tarde, hace unos años (vivía aún en aquella casa con jardín) mientras tocaba el violín, me di cuenta de que el puente, esa pequeña pieza que mantiene elevadas las cuerdas, se apoyaba de forma un poco sesgada sobre la caja. Se me ocurrió que, sin menospreciar el trabajo del luthier, yo podía arreglarlo fácilmente por mí mismo.
Destensé las cuerdas y el puente quedó suelto. Lo llevé al garaje–taller y comencé a lijarle los apoyos para dejarlos perfectamente perpendiculares. Pues bien, he aquí un gran defecto que me impediría ser escultor: una vez comienzo a quitar materia, me resulta difícil parar, y lo más probable es que a golpe de escoplo acabase quedándome sin nada en las manos. Tras lijar los apoyos, decidí que podría estar bien redondearle algunos bordes con la lija, y así lo hice. Lijé todos los bordes. El puente quedaba… interesante, como más suave a la vista, pero la máquina talladora se había puesto en marcha. Vi el cutter sobre la mesa, miré el puente, volví a mirar el cutter, y sin pensarlo demasiado, comencé a cortar. Si recorto esta punta por aquí, y corto en bisel esta otra… y esa otra…
Bueno, ya lo veis. Lo que era un puente tradicional, con cantos afilados y delicados cortados a máquina, acabó en una pieza de artesanía de inspiración modernista, como vegetal. Sólo al empezar a repasarlo con la lija me pregunté si no me estaría cargando el sonido. En fin, un puente no es tan caro, pensé, se puede sustituir, así que lo acabé y lo volví a montar.
Debo decir que a mis oídos, el sonido del violín no perdió ni un solo punto. En realidad, el puente sigue haciendo su función de apoyo y transmisión sonora. Aunque al verlo parece mucho más inestable que uno tradicional, tuve el buen tino de cortar sólo las “florituras” decorativas, dejando intactas las partes resistentes.
Y ahora, cada vez que lo saco para tocar un rato, puedo sentir la satisfacción de haberme hecho, si no un violín completo, al menos una parte de él. No es más bonito (más bien… al contrario) ni mejor que el original: simplemente, lo hice yo. Es un valor “canjeable” sólo por mí mismo, pero en fin, es un valor añadido. El que no lo entienda, que se haga uno.