De mecanografía, teclados mecánicos y buenos propósitos

No sé si por tradición o porque realmente sirve para algo, a comienzos de año muchos nos ponemos a reflexionar en lo que hicimos el año anterior y lo que queremos conseguir en el año entrante. Si hay una cosa fácil de llenar es la lista de buenos propósitos que rara vez cumples, pero hace un par de años descubrí que era mucho más realista, más efectivo y también más gratificante ponerse un único objetivo y asegurarse de cumplirlo.

Hace un par de años logré saltar de un avión como desafío a mi miedo a las alturas, y este año pasado me propuse re-aprender y mejorar mi mecanografía. Así que aprovechando el World Typing Day, que se celebra cada año el 8 de enero, justamente de eso quería escribir: de otro objetivo cumplido durante el 2015. Sigue leyendo

El vértigo no es el miedo a caer, sino el deseo de saltar

Tras años sufriendo de vértigo y entendiéndolo como un miedo incontrolable, escuchar esa frase me cambió totalmente la forma de verlo. Puso en palabras una sensación que intuía pero que no había hecho consciente: esa atracción fatal por lanzarse al vacío, ese impulso de saltar (sería tan fácil, tan fácil…) y traspasar ese instante irrevocable en el que sabes que no habría vuelta atrás. Sólo puede entenderlo el que lo ha sentido.

Más tarde descubrí que la frase está inspirada en algo que escribía Milan Kundera en “La insoportable levedad del ser”:

¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

En seguida me encontré pensando en cómo sería, por una vez, permitirme el lujo de ceder a ese impulso, y casi inmediatamente decidí que tenía que averiguarlo por mí mismo. Pues bien, qué mejor manera de hacerlo que a lo grande, poniéndome en un extremo: saltando desde la puerta abierta de un avión a 4000 metros del suelo. Allá que fui.

Os dejo el vídeo que me hicieron, dejando claro que no tuve nada que ver en su grabación, montaje y elección de la música, que no es un fake, y que sí, que el que sale soy yo. Claramente.

¿Y cómo fue? Muy difícil de explicar sin caer en vaguedades. Una salida muy brusca de mi zona de seguridad. Una pérdida instantánea de todas las cosas en las que me apoyo en el día a día. Un vacío mental absoluto. Una especie de asombro vital infinito, como volver a nacer.

Pero explicarlo por escrito requeriría dar muchas vueltas, y no sé si lo tengo tan asimilado todavía. Tengo que concentrarme mucho para evocar las sensaciones, que cambiaban a cada instante. El instante de decidir hacerlo, el instante de reservar el vuelo, el instante de subir a la avioneta, el de abrirse la puerta, el de asomarme al vacío, el de empezar a acelerar en caída libre, el de flotar ingrávido en la enormidad del cielo, el de pender en silencio sobre el paisaje, el de tirar de los mandos del paracaídas y notar la fuerza centrífuga al entrar en barrena, el de poner los pies en el suelo de nuevo… Todos diferentes, desconocidos y únicos. Así que os emplazo a que el que tenga curiosidad, que lo pruebe por sí mismo. Es una experiencia límite que, si no queréis vivir preguntándoos cómo será, merece la pena afrontar al menos una vez en la vida.

Pero la mejor sensación de todas, la que más marca ha dejado en mi vida diaria, es de voluntad y confianza. Me prometí, como único objetivo para 2012, que tomaría la decisión de hacerlo, me dejaría llevar por sus consecuencias y saltaría por encima de mis propios miedos… y he saltado.

Entre árboles y cuerdas

El que sigue es uno de los vídeos que grabamos durante una mañana de paseo por las alturas (moderadas, pero alturas al fin y al cabo), entre árboles y cuerdas.

Un gran ejercicio, y no sólo físico, aunque eso el que no tenga vértigo seguramente no lo entienda. Te lanzas escalerilla arriba con el ánimo de no hacerle ni una sola concesión al miedo a las alturas que por lo general te las hace pasar canutas en estas situaciones. Confías en que podrás pasar por lo que sea, y te comprometes a no pensar siquiera en volver atrás. Sólo adelante, a lidiar con lo que venga. Y de alguna manera inexplicable, lo logras. Cada tramo de recorrido que avanzas es una patada al miedo que te acompaña, persistente. Otro tramo, otra patada. No se va, pero no importa, has descubierto que puedes darle patadas desde encima de una cuerda y seguir adelante. A veces te tiembla el pulso, pero nunca la determinación, y no deja de crecer la sensación de control y libertad que te da el hecho de estar superándote a ti mismo. Y cuando te dejas deslizar por el último cable, volando por encima del agua sin más opción que confiar y disfrutar, la persona que toca tierra al otro lado es una versión mejorada de ti mismo. Como la vida misma.

Gracias a Francesco Cingolani por cederme la GoPro con la que se grabó esto. Este es el primer vídeo hecho con esta cámara en régimen de no propiedad, y como todos los que se graben con ella en adelante, está bajo licencia Creative Commons (CC BY).

La Cajita 3.0 en proceso

Hace ya cerca de tres años y medio (que es mucho tiempo en Internet), estaba preparándome para el primer gran salto de este blog: pasar de ser una plantilla retocada de Blogger a funcionar sobre WordPress en un espacio web propio. Fue mi primer paso en el mundillo del diseño y desarrollo de páginas web, y me he alegrado muchas veces de haberme decidido a darlo.

blog1.0

Ahora toca dar otro paso importante, que probablemente ponga el blog realmente patas arriba. Si el primer cambio fue de plataforma, manteniendo el aspecto prácticamente idéntico, el que se avecina es de diseño y reestructuración profunda de la página, manteniendo la plataforma.

A decir verdad, y para mi propia sorpresa, no es que me haya cansado del diseño actual. Me llevó mucho tiempo consolidarlo y funciona bien: es sencillo, es personal, tiene un punto original sin muchas pretensiones, y lleva un buen montón de horas de código en pequeños detalles. Sin embargo, sigue arrastrando varios problemas no resueltos de fondo:

  • Se basa en un tema antiguo y muy básico, Kubrick, que venía por defecto con WordPress 1.5. Es un poco pesado (que no difícil) introducir nuevas funciones, y hay muchas ventajas de las nuevas versiones de WordPress que no se pueden aprovechar. Creo que va siendo hora de cambiar a una base más actual pero aún sencilla de modificar. Concretamente, el excelente tema (también por defecto en WordPress) Twenty Eleven.
  • Es una ensaladilla. Aunque los contenidos están bien categorizados por tema y tipo, no estoy nada seguro de que la gente los visualice así. Como me interesan temas bastante dispares y pensé que no todo el mundo querría seguirlos todos, me esforcé por introducir los feeds separados para que cada uno pudiera suscribirse al canal o canales de su interés, pero dudo de que alguno de mis escasos y valiosos seguidores lo haya hecho, obligándose a sí mismos a tragarse lo mismo el vídeo de una sesión de windsurf que un post gigante sobre arquitectura 2.0. Mi experiencia me dice que los blogs temáticos se entienden mejor y llegan a más gente, pero a la vez me gustaría mantener la idea de la web personal “todo incluido”. Y en ese sentido…
  • … La Cajita actual tampoco muestra de forma clara y directa mi identidad digital: quién soy, qué hago, qué pienso, qué me interesa, por dónde me muevo, en qué trabajo. Para averiguarlo hay que navegar por las categorías (¿alguien lo hace?) y leer varios posts. No tiene una relación clara con otros blogs o redes sociales en las que me muevo, y sobre todo, mezcla sin distinción contenidos propios de un blog (cosas que pienso o me interesan) con entradas más propias de un porfolio (cosas que hago).

Muchas de mis reflexiones coinciden con (y en parte se inspiran en) las que en su momento hizo Carlos Cámara acerca de su propio blog, con algunas particularidades que en su conjunto me han llevado a proponerme lo siguiente:

Identidad digital

  • Un blog que sirva como tarjeta de presentación única. Un solo enlace donde alguien pueda ver quién soy, cómo soy. Ello implica, por ejemplo, que si le doy la dirección a un potencial cliente o colaborador, pueda llegar rápidamente a mi trabajo y mis ideas. Eso creo que Carlos lo ha resuelto francamente bien. Pero también ha de mantener el lado personal, mis aficiones e intereses, principalmente porque forman parte de lo que soy y me apetece contarlas. Además, me he dado cuenta de que lo profesional y lo amateur me resultan muy complicados de separar, me muevo saltando siempre entre ambos entornos: aficiones que de pronto se convierten en trabajo remunerado (la mayoría, curiosamente, aunque de forma muy modesta), y temas profesionales que en cambio desarrollo sin cobrar un duro. Cada lector debería poder decidir rápidamente qué aspecto, punto de vista o tema quiere curiosear o seguir regularmente.

Estados

  • Microblogging. Las redes sociales están muy bien para publicar avisos de “estado” o pequeñas experiencias, pero me da la sensación de que, en lugar de construir una identidad digital acumulada en el tiempo, tienden a la instantaneidad y todo se acaba perdiendo en las profundidades de una timeline. El caso de Facebook es extremo y sintomático porque ni siquiera tiene buscador. En LaCajita 3.0 me estoy planteando incorporar una función de “actualización de estado” propia, abierta y revisitable, que por supuesto estará conectada con las redes sociales que es donde se seguirá produciendo la mayor parte de la conversación.

Tipos de post

  • Distintos tipos de posts para distintos contenidos. Ya probé ese enfoque en esta misma versión, con un formato específico (sombreado, sin título, simplificado) para las citas, pero quiero llevarlo más allá, de forma que los distintos formatos ayuden a diferenciar el tipo de contenido.

Comentarios

  • Énfasis en los comentarios. Forman parte de la conversación y son una de las cosas que más valor aportan a un blog sobre cualquier otra plataforma. En ese sentido, siempre me ha gustado cómo eMe los coloca al mismo nivel que el contenido de la entrada. No tengo nada claro si funcionará con entradas más largas, pero lo voy a intentar copiar del maestro, a ver qué pasa ;)

Simplicidad

  • Simplicidad. Con todo lo anterior, es probable que acabe añadiendo enlaces a nuevas formas de navegar por el contenido, breves presentaciones, aclaraciones y explicaciones, contenidos complementarios, etc. Y con ello el blog tenderá a complicarse, multiplicando widgets y sidebars por doquier. Un acercamiento posible era personalizar la barra lateral según el post (por categorías, temas, secciones, etc.) como he comenzado a hacer en sociarq. Pero, unido al citado tema de los comentarios y a varias conversaciones con Francesco Cingolani y otros sobre la simplicidad en tiempos de complejidad y sobreinformación, he decidido apostar por otro más radical, experimental y posiblemente un poco suicida:  eliminar completamente las barras laterales. LaCajita 3.0 sólo tendrá contenido en sus páginas, y todo lo demás estará comprimido en un panel-menú ocultable, para que el lector se pueda dedicar a leer, sin más, la entrada que le haya interesado y el debate que ésta pueda haber generado.

Actualmente tengo un servidor local en el que voy probando los nuevos cambios, y cuando tenga la base subiré el nuevo tema para ver qué os parece y acabar de retocarlo. Por delante queda el desafío de que el nuevo diseño mantenga algo de continuidad con el anterior, o al menos os guste igualmente aunque sea distinto. Y como no podía ser menos, os animo a vosotros mis uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis lectores habituales a que me comentéis vuestras impresiones.

¿Qué os gusta del blog? ¿Qué creéis que mejoraría con alguna modificación? ¿Cómo lo usáis normalmente? ¿Os parece interesante el nuevo enfoque?

Cambios, cambios, cambios

Un día como hoy (¿casualmente?, San Jorge) de hace exactamente un año, estaba colgando los paneles acabados de mi Proyecto Final en las paredes de la politécnica dispuesto por fin a dar, al revés que Neil Armstrong, un paso insignificante para la humanidad pero enorme para mí: el “cambio de estado” de estudiante a arquitecto.

Un año que imaginaba tranquilo y ha resultado ser todo lo contrario, lleno de proyectos que se me han ido mezclando y alternando sin tregua hasta hoy, unos más importantes, rentables o cómodos que otros, pero todos interesantes. El verano entero trabajando en la Escuela WindSurf Área, y casi a la vez arrancando con el taller What if…? Alicante y la Plataforma Petracos. Fue también el año en el que pusimos en marcha eGruyère, donde por mi parte metí muchas inquietudes acerca del trabajo abierto que ya había apuntado en el PFC. El año, además, en el que en Oblivion’s Garden nos quedamos bajo mínimos, sin bajista, sin cantante y casi sin fuerzas, para luego encontrar una nueva voz superando todas nuestras expectativas, y pese a tener el grupo patas arriba acabar sacando 10 nuevos temas en apenas 4 meses. El año en que mi interés por la cultura abierta comenzó a verse cada vez más en este mismo blog. El año en el que arranqué (con muy poco gas pero con bastantes expectativas) con Sociarq, y que en estas últimas semanas me ha ofrecido la posibilidad de participar del nacimiento de LibreARQ, proyecto que llevamos tiempo rumiando entre varios y que espero que salga adelante con fuerza. El año en el que mi primer y pequeño proyecto de construcción ha ido creciendo desde la idea hasta la licencia de obra. El año, y lo dejaré aquí para no ser más pesado… el año en que, tras varias colaboraciones esporádicas, los de Ecosistema Urbano me han ofrecido la oportunidad de participar con ellos más de cerca en su apuesta por el diseño social urbano, el open source y la cultura abierta en general.

De modo que no sé qué parte atribuir a la casualidad del hecho de que justo un año después de acabar la carrera esté también de cambios, escribiendo esto desde mi nueva y soleada habitación junto al Manzanares, la mudanza apenas terminada, y pensando en qué hago tan lejos de la costa y en por qué no parece importarme demasiado.

Siempre he tenido ganas de conocer Madrid desde dentro, y también de escapar de Alicante a donde fuese, a cambiar de aires. Tengo que admitir que durante estos últimos dos o tres años esa situación ha ido cambiando: Alicante ha dejado de ser para mí una ciudad inerte y un completo desmán urbano para pasar a ser un espacio de oportunidad y un auténtico hervidero de actividad… además de un completo desmán urbano que sigue siendo, claro. De pronto, todo por allí se me estaba haciendo demasiado interesante como para dejarlo como si nada, así que casi tengo que agradecer que el empujón me haya llegado desde fuera, o habría echado raíces del todo antes de darme cuenta.

Espero poder aprovechar esta oportunidad para limpiar un poco la cabeza, el armario y la agenda, separarme un poco de algunos proyectos para pensar y observar cómo siguen por sí mismos, y centrarme en otros más personales que he tenido aparcados por demasiado tiempo. Por ejemplo, arrancar poco a poco con Sociarq, sacando las decenas de borradores que tengo en espera, y ponerme con este mismo blog, LaCajita, que durante estos últimos meses ha acabado de perder su sentido (que nunca estuvo muy claro) y que me pide a gritos un replanteamiento de raíz si quiero que siga aportando algo de valor.

Iluso de mí, claro. ¿Centrarme? ¿Despejarme? ¿Aparcar proyectos e ideas? ¡Vamos…! Todos los que me conocen un poco estarán riéndose de mí al otro lado de la pantalla, pero bueno, dejadme vivir al menos por un tiempo la ilusión de que cambiar de ciudad me permitirá cambiar, siquiera un poco, de vida.