Cita

Me gusta la idea de que el método ayude a liberar tiempo para dedicarlo a la improvisación. Curiosa paradoja: haz lo que debes para que puedas hacer más lo que quieres.

A. Rey

Muertes y resurrecciones… de proyectos o comunidades

Escribo este post a raíz de un artículo compartido por Pago González, titulado Closing communities: FFFFOUND! vs MLKSHK. El artículo habla de dos plataformas web que están próximas a cerrar, y explica lo diferentes que están siendo las formas de cierre. FFFFOUND! está siendo cerrada con poco tiempo de aviso y sin dar opción a sus usuarios a exportar sus datos personales y sus contenidos. MLKSHK, por otro lado, no solamente ha dado mucho más tiempo de aviso a sus usuarios, sino que les ha proporcionado herramientas para exportar sus datos, cediéndoles incluso lo necesario (incluido el código fuente) para que puedan mover la comunidad a otro lado, dándole una nueva vida.

El caso es que me ha recordado un tema que me atrae desde hace un tiempo y encaja muy bien en estos días de Semana Santa: ¿Qué pasa cuando un proyecto (una aplicación, una herramienta, una plataforma web, un foro como este, etc.) llega a su fin? ¿Cómo podemos darle una “muerte digna”? ¿Hay vida más allá de su muerte? ¿Qué sucede con su alma, la comunidad? Sigue leyendo

Tres cosas que re-aprendí de Theo Jansen

Patas de una de las piezas de Theo Jansen - Foto: Diana Piñeiro

La máquina-animal sacada de su medio natural – Foto: Diana Piñeiro

Hace tiempo que pasó la última exposición de Theo Jansen en Madrid, pero sigo teniendo muy frescas las ganas de compartir algunas ideas que se me quedaron pegadas durante la visita. De explicarlas, o de explicármelas, contármelas a mí mismo para tratar de enseñarme algo que creo que necesito aprender. Sigue leyendo

Cómo el diseño está cambiando Linux

El sistema operativo Linux (GNU/Linux para los puristas), siempre ha sido diverso como ningún otro. Cuando hablamos de Windows y Mac OS hablamos de una sola interfaz, que cambia entre versiones y que puede ser modificada con aplicaciones de terceros, pero que normalmente es idéntica en todos los sistemas. Cuando hablamos de Linux, en cambio, hay tantas variaciones que podríamos pensar que estamos ante sistemas operativos completamente diferentes.

Hasta hace unos pocos años lo habitual era encontrar en toda esa variedad una ligera sordidez en la interfaz, al menos en comparación con los sistemas operativos comerciales contemporáneos. Se trataba de software realizado por programadores y usado por personas de un perfil mayoritariamente técnico, para quienes lo importante era que cierta función existiera, sin importar tanto ni dónde, ni con qué aspecto ni con qué criterios de usabilidad lo hiciera. No se pensaba mucho en la experiencia de uso de un público amplio, y el concepto de “atractivo” estaba más orientado a “lo que puede hacer el sistema” que a “lo bonito/agradable/sencillo de usar que es el sistema”.

Ahora bien, por su carácter libre Linux muta y se ramifica continuamente, en una u otra dirección, y siempre ha sido (o intentado ser) lo que sus usuarios-desarrolladores querían que fuera. De modo que era previsible que, con la entrada de más y más diseñadores durante los últimos años, haya comenzado a aparecer un renovado interés por el diseño de la interfaz gráfica. Algunos de estos diseñadores han acabado implicándose en el desarrollo, y han empezado a aparecer versiones diseñocétricas, que tratan de actualizar el aspecto del sistema o incluso exploran nuevos conceptos para la interfaz. Sigue leyendo

De mecanografía, teclados mecánicos y buenos propósitos

No sé si por tradición o porque realmente sirve para algo, a comienzos de año muchos nos ponemos a reflexionar en lo que hicimos el año anterior y lo que queremos conseguir en el año entrante. Si hay una cosa fácil de llenar es la lista de buenos propósitos que rara vez cumples, pero hace un par de años descubrí que era mucho más realista, más efectivo y también más gratificante ponerse un único objetivo y asegurarse de cumplirlo.

Hace un par de años logré saltar de un avión como desafío a mi miedo a las alturas, y este año pasado me propuse re-aprender y mejorar mi mecanografía. Así que aprovechando el World Typing Day, que se celebra cada año el 8 de enero, justamente de eso quería escribir: de otro objetivo cumplido durante el 2015. Sigue leyendo

Para construir cultura libre hay que usar infraestructuras libres

El pasado junio se planteó en la lista de correo de la red #meetcommons una contradicción muy interesante que se presenta al trabajar con los principios de la cultura libre, pero con herramientas o sobre infraestructuras que no lo son. Entendiendo, por infraestructuras, que no hablamos sólo de software sino de herramientas, espacios, medios… todo aquello de lo que nos servimos y en lo que nos apoyamos para desarrollar nuestras actividades.

Muchos hemos vivido ese conflicto interno, y nos han surgido preguntas. ¿Deberíamos ser consecuentes y apoyarnos en herramientas e infraestructuras construidas desde los mismos principios que aplicamos en nuestro trabajo, o son cosas separadas? ¿Podemos programar software libre desde un Mac? ¿Podemos hacer diseños colectivos con palés usando AutoCAD? ¿Podemos alojar iniciativas de economía alternativa en un espacio cedido y financiado por un banco?

Para mí, en esta obra del colectivo francés Rotor, ejemplo de espíritu hacker, colaboración, reutilización, sostenibilidad, arquitectura en beta y economía de medios, el Mac queda como un OVNI aterrizado de otro planeta. ¿Por qué?

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Autofocus: productividad para flojos de voluntad

Autofocus

Hace ya unos años, mientras trabajaba en mi PFC, me olvidé tanto del resto del mundo que la cosa empezó a descontrolarse. Mi lista de tareas (que gestionaba sin mucho criterio) no hacía más que extenderse, y no veía en el horizonte ninguna posibilidad de reducirla. Al final, en medio de un agobio importante, decidí dejar el proyecto de lado y me pasé 3 días estudiando métodos/técnicas de productividad: GTD, Pomodoro y, finalmente, Autofocus, de la que hablaré ahora mismo.

Salí de aquella crisis de productividad tan rápido que durante unos días creí haberlo superado para siempre. Ya está, ahora soy una máquina, que se prepare el mundo.

Pues… no. Aprender cualquier método lleva bastante práctica, pequeño saltamontes. Por mucho que sigas blogs y leas libros sobre ello, no se trata tanto de saberse una técnica como de cambiar ciertos hábitos, y eso, siento decirlo, es muy difícil y lleva bastante trabajo. Esa es la demoledora verdad:

Si eres inconstante, perezoso o lo tuyo es dejar las cosas para más adelante, adoptar un método de productividad te va a resultar tan difícil como abordar las tareas sin él.

Entonces, ¿no hay esperanza? Bueno… Sigue leyendo

Cita

Los analfabetos del mañana no serán los que no hayan aprendido a leer, sino los que no hayan aprendido a aprender.

H Gerjuoy

Cambiando el mundo a golpe de cuchara

Disco Sopa en Matadero - Foto de Cocook en Flickr

Hoy, en un par de horas dando vueltas por la exposición We Traders en Matadero, con la “discosopa” (cena cocinada colectivamente, con música de fondo, y usando comida que de otro modo iba directa a la basura) que han organizado los de Foodsharing y Cocook hoy allí, me he reafirmado en que hay un mundo mejor que pugna por desarrollarse y que, sorpresa, está en este, al alcance de cualquiera… y más aún, hecho por cualquiera. Sin héroes, sin jaleos, desde lo más rutinario de nuestras vidas, como puede ser, en este caso, la comida.

Para los faltos de esperanza o imaginación, para los que no saben que hay que mirar por otros lados para encontrar buenas noticias o para los que las buscabais sin encontrarlas, os dejo algunas de las iniciativas que he conocido hoy: Sigue leyendo

Cita

Hay un tiempo para todo…

… un tiempo para la centrada serenidad,
y un tiempo para el complejo e hiperconectado multitasking.

Inspirado en viejas palabras.

El “implicómetro”: ¿desarrollamos un ecualizador para la colaboración?

Hago este post para contar en abierto una nueva línea de trabajo que ha surgido últimamente dentro de #meetcommons, y que tiene que ver tanto con los “cuidados” del proceso y del equipo humano como con la gestión de proyectos más fríamente entendida. A partir de un interesante debate sobre la necesidad de visibilizar la implicación de los participantes en un proceso, surgido en el hilo de emails “Atendiendo los cuidados del proceso“, ha salido un grupo de trabajo que a día de hoy ya tiene varios prototipos esbozados, algunos de ellos en marcha.

A muchos nos ha pasado: especialmente en proyectos de colaboración a distancia o en aquellos en los que los participantes no están en contacto directo a todas horas, se producen “silencios”, desapariciones o invisibilidades que hacen difícil saber qué grado de implicación y compromiso con el proyecto está manteniendo cada uno. Por ejemplo, que alguien no dé señales de vida en una lista de correo puede tener muchos motivos detrás: que esa persona está desconectada del proyecto y pasa de todo, que está temporalmente ausente por alguna razón pero volverá con energías renovadas, que está conectada y al tanto pero sólo escuchando, o que está trabajando a tope en el tema y apenas saca tiempo para dar señales de vida. Estos “silencios” debilitan el pulso de un proyecto, dificultan medir las fuerzas del grupo para gestionar tareas y expectativas, e incluso provocan malentendidos.

¿Cómo solucionarlo? Varios de nosotros ya hemos intentado, en proyectos anteriores, idear y usar herramientas para que las personas puedan, durante el proceso de trabajo, visualizar el compromiso, la implicación, la dedicación, el “estado” de cada uno con el proyecto común en cada momento.

Gráfico sinfónico de implicación de distintos agentes en un proyecto, pensado para el Vivero de Autogestión de Alicante

Gráfico sinfónico de implicación de distintos agentes en un proyecto, pensado para el Vivero de Autogestión de Alicante

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El carsharing como alternativa al coche privado: comparativa de servicios en Madrid

Hace unos meses me quedé definitivamente sin coche. Desde que me mudé a Madrid apenas he tenido necesidad de usarlo, así que no lo estoy echando nada en falta, especialmente los gastos, el aparcamiento y otras cargas como las averías y el mantenimiento.

Sin embargo, por mucho que por lo general me mueva bien con transporte público y mi fiel bicicleta plegable, hay ocasiones en las que me vendría bien un coche: cuando tengo que ir a un sitio difícilmente accesible de otra manera, llevar una carga importante, o… bueno, de momento esas dos. Como ya comentaba en el dilema de la movilidad, intento usar siempre el “menor” vehículo posible para trasladarme, sin descartar para nada el coche cuando se hace realmente necesario. Y para esas pocas ocasiones creo que no merece la pena (ni es sostenible como comportamiento generalizado) mantener uno propio así que lo más razonable es alquilarlo puntualmente, o tener acceso a uno compartido.

¿Compartido, con quién? Aunque se puede hacer perfectamente entre personas, por ejemplo con un vecino, requiere un cuidado, un respeto y una coordinación extremos. Estuve compartiendo coche durante años y sé que las cosas se pueden complicar con la diferencia de uso, el desgaste, las reparaciones, los horarios, la limpieza y el mantenimiento… casi todo es susceptible de provocar conflicto si no se está muy atento.

Carsharing diagram illustration by Jorge Toledo

Pues bien, ahí es donde entra el carsharing. El concepto es sencillo: Una empresa, cooperativa o comunidad mantiene una flota de coches, haciéndose cargo de su mantenimiento y coordinación, y el usuario paga una cuota (fija y/o por horas y/o por kilómetros) por usarlo. De ese modo, se optimizan muchos procesos, se reduce el impacto medioambiental con el menor consumo de energía y recursos, y se recortan los gastos para cada usuario. Una situación win-win-win.

Pero, a la hora de la verdad y comparándolo con tener un coche propio o con alquilarlo esporádicamente, ¿sale a cuenta el carsharing? Sigue leyendo

La donación activa

Donación activa

Cada vez que me aborda por la calle alguien para intentar convencerme de algo siento el mismo rechazo. En cuanto veo la camiseta corporativa y la carpeta, sé lo que va a pasar: Me van a pedir un minuto de mi tiempo (no cuela: todos sabemos que los minutos, como las cañas, nunca van solos), y me va a tocar tomar dos decisiones en cuestión de segundos, allí de pie, con el rugido de los coches de fondo y otras mil cosas en la cabeza:

Si pararme o no.
Si «comprar» o no. Sigue leyendo

Origen

Hoy me he encontrado con la persona que, sin saberlo, me inspiró la idea de estudiar arquitectura, y he podido al fin decírselo, cerrando un círculo que, sin ánimo de dramatizar, literalmente me cambió la vida.

Durante todos estos años he mantenido vivo el recuerdo del momento inception, el origen de la idea, con todos sus detalles: El colegio, creo que en octavo, la hora de entrar a clase, los compañeros ya marchándose de la pista deportiva, Vicente y yo disponiéndonos a hacerlo. A raíz de no sé qué conversación, le pregunté a qué quería dedicarse, y él, parado delante de mí, me miró fijamente y, con una intensidad y un convencimiento que pocas veces he visto, me dijo:

—Yo voy a ser arquitecto.

Casi podría decir que lo dijo con mayúsculas. Arquitecto. ARQUITECTO. Yo tenía una idea muy vaga de lo que eso quería decir, pero se me clavó la palabra en alguna parte, y de alguna manera que no alcanzo a entender ni yo mismo, fue creciendo en mí durante los años siguientes hasta llevarme a ser lo que, entre otras cosas, soy hoy: un arquitecto.

Casi veinte años después, me he encontrado con Vicente y se lo he contado. Sentía la necesidad de hacérselo saber de alguna manera, de agradecerle un momento que para él pudo ser casual, pero que para mí fue un punto de inflexión, un antes y un después.

A día de hoy, él no es arquitecto. Por cosas de la vida, no pudo serlo. Fui yo quien, a través de una mirada y cinco palabras, adopté su sueño y acabé cumpliéndolo. Ahora sólo espero que él encuentre la oportunidad de hacerlo y, entonces, habremos cerrado el círculo los dos.

Restaurar un monasterio, instaurar una comunidad

El año pasado por estas fechas, leyendo un libro de escritos de Gaudí, me encontré con una memoria* que hilaba maravillosamente el proceso de restauración de un monasterio con la creación de una comunidad local, en una línea que hoy día muchos estamo re-buscando y redescubriendo. Os dejo la foto y transcribo a continuación:

Comienzo del capítulo "Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet" de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro "Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos" editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Muchos y pequeños son los pueblos que están cerca de Poblet. Si se intentara su restauración no hay duda de que los obreros empleados para ello residirían en el monasterio, habitando en este caso los antiguos edificios y talleres. Empezaría a formarse allí una sociedad que si al terminar sus trabajos se le cediera gratis o por poco precio una vivienda y una parte de tierra a cada uno, se establecería definitivamente allí formándose un pueblo alrededor del monasterio.

La restauración no debería salir de los muros de Poblet; es decir, todos los objetos artísticos o no, que debieran ejecutarse, habrían de serlo en el mismo monasterio llamando a los artistas encargados de ello e invitándoles para que con sus familias se quedaran allí; buscando al efecto los que por su posición social pudieran fácilmente cambiar de domicilio, para así agrupar los distintos elementos que son necesarios para formar un pueblo.

Lo bueno es que el título del post podría valer tanto para este texto como para el proyecto unMonastery. Y, cambiando Poblet por Matera y haciendo alguna que otra actualización, también el contenido de la memoria en sí.

En 1867, unos arquitectos comienzan la descripción de un proceso constructivo-creativo por las condiciones necesarias para crear comunidad a su alrededor.  Casi siglo y medio después, y desde una nueva “posición social” de neonómadas y ciudadanos glocales un grupo de personas habilita un espacio en un pueblo italiano e inicia un proceso de cotrabajo y convivencia creativa.

¿Qué ha cambiado y qué sigue siendo igual?

*Comienzo del capítulo “Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet” de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro “Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos” editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Cita

Me gusta hacer muchas cosas, pero lo que mejor se me da es imaginar que hago muchas cosas.

Madrid

Madrid

Madrid

1. f. Geom. Aplicado a la superficie peninsular ibérica, dícese del lugar geométrico de todos los puntos interiores más alejados de la línea de cosa.

Enlazado, transmedia y no lineal… ¿ya sin remedio?

Si mi forma de escribir una entrada es un síntoma de mi forma de pensar, podríamos decir que ahora mismo, a noviembre de 2012, tengo un pensamiento básicamente no lineal, basado en enlaces y con tendencia a lo transmedia. Algo como esto:

Imagen de giulia.forsythe en Flickr - clic para ver original

Me explico. Imaginad que estoy escribiendo un artículo, o una entrada del blog como es el caso. Mi flujo de trabajo es más o menos así:

Empiezo anotando rápidamente las ideas básicas sobre las que quiero escribir. Corto y pego hasta que las tengo en un orden que me gusta. Desarrollo un poco de una y luego otro poco de otra, sin un orden definido. Dejo una frase a medias y salto hacia arriba para anotar una nueva idea. Salgo corriendo a buscar una imagen, ya que de pronto me da la sensación de que necesito verla al lado del texto. Añado la imagen en medio del texto a medio acabar. Releo el texto. Sigo escribiendo por un lugar indeterminado. Me acuerdo de cierto artículo, y marcho a buscarlo. Lo leo, encuentro la parte que me interesa. Ya que estoy, añado un comentario con lo que llevo en mente. Copio el enlace, y vuelvo al editor, donde lo pego, aún sin contexto. Escribo lo que le falta alrededor. Releo el texto a partir de ahí. Vuelvo a mover de sitio otro fragmento. Cambio de formato un párrafo. Cambio tres palabras y una coma de otro. Decido que voy a grabar el propio proceso de escritura de esto, descubro que no tengo un grabador instalado, busco e instalo Eidete, y me pongo a grabar. Sigo escribiendo. Añado una introducción, y salgo disparado a Google a buscar un concepto que no acabo de ver claro. Vuelvo a añadir texto hacia la mitad de un párrafo, desplazando el resto hacia abajo. Salto a buscar otra imagen, la descargo, la edito un poco. Vuelvo al navegador, añado un par de frases más. Inserto la imagen. Busco en la otra pestaña el enlace original. Releo el texto. Cambio una coma. Pongo en cursiva una palabra. Muevo una imagen de sitio. Cambio otras dos palabras. Sigo leyendo. Salvo a buscar otro enlace, y lo añado. Cambio una frase… Y sigo así, sin método, enlazando un pensamiento con otro sin importar con qué medio lo estoy expresando ni qué lugar ocupará en la obra acabada.

Seguro que no soy el único con esa forma de escribir. No lineal, basada en enlaces y transmedia. ¿Os suena? Como la misma Internet. En cierta medida, es razonable: en este entorno, esta forma de trabajar es natural. Mi preocupación viene cuando descubro que he llegado a un punto en el que me cuesta trabajar de otra manera.

Imagen por London Permaculture en Flickr - clic para ver original

Por ejemplo, de forma lineal. Qué lejos quedan los tiempos en los que –en la era pre-digital o en los inicios de ésta– me informaba y buscaba referencias, extraía notas e imágenes, me sentaba delante de una hoja en blanco, ordenaba las ideas en mi cabeza, y las iba poniendo ya ordenadas, una tras otra. Luego, iba añadiendo las imágenes y otro material complementario ya previsto, y si por el camino había cometido errores, lo pasaba todo a limpio.

Ahora tampoco me resulta cómodo trabajar de forma aislada y enfocada. Ni siquiera logro estar mucho rato escribiendo en uno de mis programas preferidos, FocusWriter, que me permite escribir sobre un fondo a mi gusto, sólo las letras en medio de la pantalla, oyendo el sonido de las teclas y nada más. Me funciona –y lo disfruto– a veces, en momentos de “volcado” mental, pero a la mínima que pienso en pulir el texto acabo saltando a otro lado en busca de enlaces, documentos, referencias, imágenes o vídeos que ni siquiera tenía previsto usar. Adiós, minimalismo y concentración. Hola, movimiento y pensamiento inquieto.

Para mí esto es una experiencia clara de que lo que hago, cómo lo hago y con qué lo hago me reprograma el cerebro.  En el mejor de los casos, puede decirse que mi mente se ha adaptado a la perfección al medio en el que se mueve. Pero en un escenario más amplio como es la vida, no tengo claro que me guste esa especialización. Me preocupa estar perdiendo cosas como la capacidad de pensar de forma lineal, necesaria para articular un discurso hablado, para escribir un texto a mano o interpretar una pieza de música. Y si esta tendencia sigue adelante, dentro de unos años puede que sea incapaz de recordar nada que pueda encontrar en Google, o de tener en mente una cita o una tarea que pueda llevar en la agenda, o recordar un número de teléfono que lleve en el móvil… cosas que ya me empiezan a suceder. El propio ejercicio de pensamiento modifica nuestra forma de pensar y el hábito fija esos cambios, y a veces me planteo si quiero aceptar eso sin más o prefiero expandir la mente en otros frentes, buscando la variedad, diversificando ambientes, materiales, formatos, medios, herramientas, compañías, etc.

En fin… Burla burlando, y rozando el exhibicionismo, ahí va el vídeo de parte del making of de este post:

Al hilo de esto cabría comentar cómo, con esta forma no lineal de escribir, la mejor herramienta del mundo es un outliner como el difunto Google Notebook, Scrivener o Workflowy. Pero eso lo dejamos para otro día.

Del hackerspace a tu garaje: descargando hardware DIY desde la web

Enlace

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

Interesante reflexión sobre los gestores de paquetes aplicados a la distribución de modelos para la fabricación digital. Algo que podría ser también interesante para aplicar el modelo open source a la arquitectura. ¿Puede un sistema de distribución de “paquetes” facilitar y hacer operativa la distribución libre de proyectos? ¿Cómo sería ese gestor, y esos paquetes?

Cita

Si quieres llegar rápido, vete solo; si quieres llegar lejos, vete con otros. Proverbio africano.

Conversaciones de ascensor en una ciudad sin intermedios

Soy arquitecto —lo confieso—, pero como a tantas otras personas me ha tocado vivir en sitios creados, no según principios arquitectónicos, sino por requerimientos inmobiliarios, que por desgracia son muy diferentes. En cualquier caso, lo que hoy me gustaría contar es algo que he vivido como habitante, como usuario, como vecino, como visitante, en el día a día de mi ciudad, y con lo que cualquiera podría sentirse identificado.

¿Os habéis encontrado alguna vez con alguien en el ascensor? Seguro que sí. Aunque a veces me da la sensación de que los ascensores modernos están diseñados para evitarlo, muchas veces ocurre. Y seguro que os sonará esta conversación, palabra arriba, palabra abajo:

Conversación típica

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué somos tan escuetos en esos encuentros? Yo le he dado algunas vueltas —especialmente entre las plantas segunda y quinta—, y entre muchas posibles razones como podría ser sentir antipatía hacia ese vecino, ser tímido, no estar de humor, etc. he acabado descubriendo una muy sencilla: porque en un ascensor es prácticamente imposible mantener una conversación.

Lo he intentado varias veces, y siempre acabamos igual: uno de los dos interlocutores ya de pie en su pasillo, cargado con las bolsas de la compra, y el otro dentro del ascensor, con el dedo puesto en el botón que impide que las puertas se cierren y corten alguna frase en dos como una guillotina; ambos intentando alargar un momento fugaz de encuentro. Se me ocurren muchas situaciones en las que me apetecería conversar, pero casi todas tienen una luz más bonita, un espacio más acogedor, una postura más cómoda y algo más de tiempo por delante.

Como consecuencia inevitable de esta dificultad, llegamos a evitar encontrarnos con otra gente en el ascensor, condenados a una presencia y un silencio forzados. La mayoría de las veces sólo los niños, directos a lo que les interesa sin convenciones y cortesías de por medio, son capaces de comenzar y acabar una micro-conversación de ascensor, con una observación o una pregunta directa, y aún así tampoco es un lugar en el que quieran estar.

¡Que alguien diga algo!

Basta un breve paseo por redes sociales como Facebook para ver el sintomático —e hilarante— imaginario colectivo que hay alrededor de todo esto:

Mirar los botones del ascensor cuando subo con alguien desconocido | Rogarle al ascensor que cierre sus puertas antes de que llegue la vecina | No sé qué hacer cuando subo o bajo en ascensor con un desconocido | Yo también cuando estoy en un ascensor y sube gente me quedo mirando el piso | Por esos momentos de silencio en el ascensor con los vecinos | …

Y es que un ascensor es uno de los no-lugares más conseguidos que existen. Es casi imposible lugarizarlo, hasta el punto de llegar a convertirse por ello en un reto, objeto de las fantasías más íntimas. El tiempo compartido en ese reducido espacio es mínimo, apenas da para cruzar tres o cuatro frases. La presencia física es forzosamente cercana, nada natural. Incluso la orientación espacial se anula, dificultando la percepción de la velocidad, la dirección, la ubicación y la orientación. Recuerdo lo incomprensible que le parecía a mi abuelo que la casa de mis tíos diera a la misma calle por la que él había entrado. El ascensor le convertía el edificio en un auténtico Escher.

Pues bien, gran parte de lo dicho sobre los ascensores también se podría decir del resto de espacios comunes en la mayoría de los vecindarios urbanos que conozco. Entre la vastedad impersonal de la ciudad y la intimidad de la vivienda faltan espacios de relación intermedios que pudieran ser casi tan variados como la primera y casi tan cómodos como la segunda. Todo lo que hay es un sistema de espacios dedicados al transporte y la clasificación alfanumérica de personas y objetos, sin ninguna otra función posible. En ese aspecto, el recorrido de acceso desde la calle a un apartamento no se diferencia en nada de, digamos, los túneles de la M-30, y las políticas de desarrollo urbano actuales nos están llevando cada vez más a la ciudad de paso, la ciudad archivador, la ciudad ascensor: una ciudad sin resquicios donde la vida social pueda ocurrir.

Esquema de un ascensor

Cuando alguien a mi lado saca a colación el clásico debate sobre si la arquitectura puede o no mejorar la sociedad y la vida de las personas, suele venirme a la cabeza todo esto: parece que, por lo menos, puede empeorarla. Eliminando espacios de actividad, limitando las oportunidades de encuentro, clasificando actividades en compartimentos estancos y excluyendo el lado social de las personas.

A veces, al hablar de estos temas, algunos me han planteado ciertas dudas dignas de atención: ¿Y si la arquitectura y el urbanismo “inmobiliarizados”, hechos por pura ley de mercado, responden realmente a una demanda? Si se hacen de esa manera, ¿será por alguna otra razón más allá de optimizar el espacio para aumentar el rendimiento económico? ¿Y si resulta que la gente quiere vivir así? Llegar a su casa por un pasadizo secreto, reducir al máximo el camino desde el coche hasta el recibidor, no ver ni oír jamás al vecino, ocultar todas sus actividades al resto…

Hay al menos dos cosas que me hacen pensar que no es así, al menos no como para justificar la forma tan masiva en que se han extendido los edificios-archivador:

Por un lado —y esto daría para un artículo aparte— hay que tener en cuenta que la calidad de la arquitectura y el urbanismo no se puede relacionar tan directamente con la respuesta del mercado. La arquitectura no es un bien de consumo opcional —si no te gusta o no te lo puedes permitir, no lo compras— sino que responde a varias motivaciones que podríamos situar a distintos niveles de profundidad en modelos como la pirámide de Maslow. La necesidad, incondicional y previa a muchas otras, de tener una vivienda influye mucho más que otros factores como el precio o la calidad, así que el hecho de que la gente las acepte tal y como se diseñan y construyen hoy día no es un indicador nada fiable de su calidad.

Por otro lado, tampoco me creo que la gente quiera vivir así, al menos no exclusivamente y por “imperativo arquitectónico”. En nuestra vida diaria podemos observar que vivimos en un pulso perpetuo entre las necesidades de intimidad y reconocimiento, de retiro y convivencia, de autonomía y relación, y otras muchas. Un pulso que si se desequilibra, puede provocar anomalías de comportamiento. Por ejemplo, la curiosidad hacia la vida de los demás es algo que está en la naturaleza humana, nos permite identificarnos con otros, establecer lazos, aprender conductas y transmitir conocimientos, en definitiva formar una sociedad y una cultura con los demás. Todos somos un poco voyeurs —de ahí el éxito de la prensa rosa—, y si se nos permite serlo de forma natural, rara vez llegaremos a rozar lo enfermizo. De la misma manera, todos somos también un poco exhibicionistas, un poco juerguistas, un poco entrometidos… en suma y por así decirlo, bastante gregarios.

No podemos evitarlo. Conquistamos nuestros pasillos con alfombrillas de diseños varios, colgamos elementos decorativos en las puertas, colocamos plantas que luego cuidamos con esmero, e incluso sacamos pequeños muebles auxiliares, fragmentos domésticos que pugnan por salir al espacio común y acaban casi siempre convirtiéndose en la única señal de vida humana entre el número del portal y la letra de la puerta.

Alfombrilla como toque personal

Otro pequeño ejemplo: En el edificio donde vivo, como en muchos otros, las plazas de garaje tienen trasteros detrás. Todos sabemos cómo es un garaje subterráneo comunitario: es un espacio oscuro, crudo, frío, absolutamente inhóspito. Otro no-lugar de manual, en el que parece que nada bueno podría suceder. Pero sucede. Una tarde, estando en mi trastero —acondicionado como taller casero de bicicletas, chapuzas caseras y maquetas—, oigo el sonido de una radio, y al asomarme al garaje me encuentro que hay dos trasteros más abiertos, arrojando franjas de luz cálida sobre los coches. En cada uno se adivina un pequeño paraíso personal de bricoleur, o de coleccionista, o de aficionado al modelismo. De uno de ellos sale el sonido de la radio, del otro, el de una sierra de calar. Un vecino sale y entra llevando piezas de madera que va cortando. Al rato, el otro aparece en la puerta preguntando por ciertos tornillos que le faltan. Y cuando nos damos cuenta, nos encontramos sumidos en la magia social que nace de las actividades, los intereses y los espacios compartidos.

¿Por qué no hay un lugar para todo eso en nuestras ciudades y edificios? ¿Y qué lugar sería ese?

Esa pregunta tendríamos que respondérnosla todos, arquitectos o no. Para mí, sería un lugar intermedio, un resquicio habitable entre lo privado de la vivienda y lo público de la calle. Un lugar donde pudiéramos sacar aquello que quisiéramos exhibir, o realizar las actividades en las que no nos importara ser observados y encontrarnos voluntariamente con otros… o no. Si lográramos salvar los primeros miedos y prejuicios que tenemos tras largos años de vecindad constreñida, parca y enrarecida, si pudiéramos salir del círculo vicioso de desconocimiento y recelo, si nos reeducáramos poco a poco en nuevas maneras de respetar y aprovechar lo colectivo…

… ¿qué podría pasar si parte del espacio de cada propietario estuviera en el espacio común, y tuviera derecho a personalizarlo y ocuparlo? ¿Si en cada acceso o planta hubiera espacio, ventilación, buena temperatura y luz? ¿Qué podría suceder si los ascensores fueran transparentes, y permitieran ver esos espacios comunes previos a cada vivienda? ¿Y si fueran mucho más lentos y tuvieran pantallas, tablones de anuncios, o pequeñas bibliotecas? ¿O si tuvieran un control manual de velocidad, pudiendo pararse a cualquier altura y volver atrás? ¿Qué podría ocurrir si los trasteros-talleres dieran a esos espacios, o al patio común, o a la piscina?

A la vez, añadiendo una dimensión más contemporánea, podríamos hablar de la creación de otro lugar intermedio entre lo privado de nuestro ordenador o nuestro móvil, y lo público de Internet. Otra nueva clase de espacio compartido que funcionaría en paralelo —pero siempre en relación cercana— con el espacio físico y en el que, salvando incluso las actuales barreras arquitectónicas en las que nos hemos encerrado, el concepto de vecindad pudiera comenzar  a revivir y florecer… Pero eso mejor lo dejamos para otro artículo.

Texto e ilustraciones realizados para Ecosistema Urbano (@ecosistema). Publicado originalmente en La Ciudad Viva.

Cita

Crear el mundo que queremos es una forma más sutil y poderosa de actuar, que intentar destruir el mundo que no queremos.

Marianne Williamson

OdlI: Los shelter shifters

Orfanato de las ideas es una sección de La Cajita dedicada a publicar ideas, proyectos, emprendimientos y diseños, descabellados o no, que se me ocurren de vez en cuando y que por lo general se quedan en un “podría ser”. A lo más que aspiro con esto es a entretener, sorprender, divertir y en el mejor de los casos, quizás incluso inspirar una idea, una acción o un proyecto nuevo.

Es de sobra conocido (qué nos van a contar a los españoles) el problema de la segunda vivienda, esa que queda vacía durante la mayor parte del año, no por ello dejando de cobrarse un alto precio en términos paisajísticos o ecológicos.

Durante el año 2007 un grupo de arquitectos alicantinos describió este problema como una de las ineficiencias más grandes de la historia, y decidieron poner en marcha el movimiento [h]Estacional (habitante estacional), que posteriormente se ha ido internacionalizando hasta dar lugar al de los shelter shifters.

Un shelter shifter, o shiftant como se les conoce también (shifter + inhabitant), es una persona sin casa propia que encuentra alojamiento o espacio de trabajo ocupando viviendas y oficinas vacías de forma simétrica a sus propietarios. Con este sistema, los propietarios de una segunda vivienda pueden elegir cederla a un tercero para que la utilice y la cuide durante el tiempo en que ésta permanece vacía, y en períodos vacacionales intercambian su posición con el inquilino hestacional.

Este concepto no es del todo nuevo: seguro que a alguno le habrá parecido una versión consentida del modo de vida del personaje principal de la película Hierro 3, y también es evidente una cierta similitud con el intercambio vacacional de viviendas, del que lo diferencia un funcionamiento asimétrico (sólo una de las partes es propietaria) y extendido a todo el año.

Naturalmente los shelter shifters tienen su propio código de conducta. No sólo se comprometen a cuidar la casa y mantenerla, sino que intentan mantenerla en el mismo estado en el que les fue cedida, a veces hasta límites sorprendentes.  Su “silencioso” paso por la vivienda que usan sin dejar rastro les ha valido en la red el apodo de “sh-sh”  y hacen curiosas competiciones en las que se compara el antes y el después de una vivienda buscando la ausencia total de cambios. Algunos recurren al mapeado y guardado meticuloso de los objetos existentes y otros se limitan a convivir con ellos haciendo gala de un exquisito cuidado.

Además, de cara a tranquilizar a los propietarios, cuando un shelter shifter entra a formar parte de esta curiosa red de okupación consentida, queda inscrito con todos sus datos reales en un sistema de evaluación meritocrática similar al existente en otras redes, que a través de un sistema de valoraciones, testimonios y votaciones da un buen indicador de la fiabilidad de cada usuario. En cualquier caso, los “cambiadores de alojamiento” son generalmente personas solitarias o parejas de hábitos tranquilos y frugales que prefieren huir de las aglomeraciones y por tanto no les importa estar siempre en el “sitio indeseado”, siempre que sea de forma gratuita o (según el acuerdo) por un alquiler irrisorio.

Independientemente de lo extraño que pudiera parecer este modo de vida, no carece de antecedentes en la mayoría de culturas, y su aporte simbólico y real es muy significativo en una cultura del exceso como la nuestra. Como comenta el sociólogo Bertrand Bargan:

Los shelter shifters proponen una forma muy específica de habitar, pero con enseñanzas muy globales que deberíamos tomar seriamente en consideración: no sólo por el cuidado y respeto que muestran, sino por la eficiencia que promueven en el uso de las edificaciones y por tanto del territorio. Un hábito de vida inusual pero radicalmente más sostenible que muchos de los actuales.

La Movida 2.0

Movida 2.0

Un lugar, un momento, un montón de gente

Desde hace unos años mi impresión desde lejos, desde Alicante, ha sido que en Madrid sucedían muchas cosas. Que la gente estaba muy conectada y activa, con tanta capacidad de acción como de pensamiento. Que se hacían cosas de manera creativa, valiente, sin concesiones. Y que había ciertos aspectos, ciertos principios o valores en común en todo ello.

En una especie de broma admirativa, a ese fenómeno comencé a llamarlo “la Movida 2.0”. La primera vez que recuerdo haberlo comentado entre la propia gente de Madrid fue en el primer #meetcommons, todo un ejemplo en sí mismo del concepto, y me sorprendió (¿me sorprendió, realmente?) ver que los propios madrileños parecían cómodos con la expresión.

¿Qué es la Movida 2.0?

No hay mucho que definir. Creo que cualquiera que ya forme parte de ella sabrá exactamente a qué se refiere.

Movida por el movimiento, la actividad, la efervescencia cultural, el optimismo creativo y la revolución. Colectivos, plataformas, redes, individuos, espacios, acciones, propuestas. Y lo 2.0 entendido como segunda versión, como un guiño a la primera Movida madrileña, pero también como declaración de principios: lo 2.0 es una definición inspirada en la “web 2.0” y extrapolable a otros ámbitos, que de alguna manera incluye los principios que nos mueven: lo participativo, lo colectivo, el aprender haciendo, lo distribuido, el espíritu hacker, lo abierto, el concepto de beta perpetua, lo transparente, el Do It Yourself, el Do It With Others, lo inclusivo, todo lo co-, la cultura libre en general y muchos otros conceptos similares que forman una nube difusa y variable que condensa continuamente en forma de una lluvia capaz de cambiarlo todo.

Muchos términos fundidos en una forma de entender el mundo y en un término que no es más que una broma dicha completamente en serio: la Movida 2.0.

Sin #hashtag no hay revolución

Todo habría quedado en una anécdota si no fuera porque el otro día Domenico, que es un visionario de su tiempo y un auténtico concept investor, me dijo que el término estaba gustando allí donde lo soltaba. Que había que darle alas y comenzar a usarlo para referirnos a ese algo que ya es evidente en esta ciudad y que está emergiendo en todas partes.

movida2p0

Y así, en medio de una fiesta en Matadero, hablando por encima de la música, rodeados de gente interesante por todas partes, y haciendo honor al espíritu de nuestra época, nos pusimos a crear un hashtag:

#movida2p0

El paso

Hace dos días vi a un señor mayor dar un paso maravilloso. Llegó cruzando por donde no debía, al igual que yo, y nos encontramos sobre las franjas blancas que marcan espacios muertos sobre el asfalto.

Pareció titubear al acercarse al bordillo. Yo frené la bici, atento a sus movimientos. Se detuvo completamente durante unos segundos, con los pies juntos, las manos en el bastón y la mirada fija en el bordillo, como calculando la dificultad del desafío. Y de pronto, con un gesto desconocido y hermoso, inestable pero infinitamente decidido, avanzó un pie y en un solo paso, limpio y largo, se plantó encima de la acera.

No pude menos que pararme a mirarle con admiración mientras seguía, ahora de nuevo con pasitos cortos de viejo, su camino por la acera.

Historias de Madrid y otros lugares

Hace un año celebraba en este blog el primer aniversario de mi vida como arquitecto egresado, y a la vez mi llegada a Madrid, que por no recordar la fecha exacta he dado en fijar el día 23 de abril. Un año más, aprovecho esta fecha para pararme un rato y volverme a mirar el camino andado.

Madrid desde la terraza de León11

En aquella entrada fantaseaba con alejarme un poco de mis propios proyectos, tomándome las cosas con un poco más de calma. La cosa funcionó durante un tiempo: alejado del movimiento de Alicante y aún ajeno al de Madrid, me dediqué a disfrutar la agradable rutina de ir cada día a la oficina, cocinar y comer con mis compañeros de trabajo y volver a casa paseando o en bicicleta dispuesto a pasar una tarde tranquila.

Comida en Ecosistema Urbano

Mis sueños de tranquilidad no duraron demasiado. Al poco, fiel a mi naturaleza, comencé a hacer algo que había deseado desde hacía años: sumergirme en la “movida 2.0” de Madrid, y encontrarme con toda esa gente interesante que venía siguiendo de lejos durante los últimos años. Poco a poco comencé a conocer a las personas que piensan y trabajan tras misteriosos colectivos como Zuloark, León 11, Inteligencias Colectivas, Comunes, Comandante Tom y muchos otros que se mueven con ellos.

Zuloark, Inteligencias Colectivas, Domenico di Siena, Comandante Tom y otros en Matadero

Comencé a entender su forma de trabajar, tuve la oportunidad de verlos en acción e incluso colaborar con ellos en alguna que otra cosa. Poco a poco, un encuentro llevó a otro, y mi red madrileña no ha parado de crecer. Tuve además la oportunidad de vivir en directo una increíble muestra de la energía social latente cuando el movimiento 15M estalló en Sol, a apenas unos minutos en bici desde mi casa, y nos tuvo con los pies en la plaza y el corazón en un puño durante una semana alucinante.

Sol

¿A dónde me ha llevado todo esto? Escribo esto a las dos de la madrugada tras dos semanas sin una sola tarde libre, saltando de quedada en quedada, de evento en evento, de reunión en reunión, de bar en bar, sumergido en una atractiva y descontrolada vorágine social. Cada año me oiréis decir que en abril se vuelve todo el mundo loco y estalla la agenda cultural (en abril, eventos mil), pero este ha superado a cualquier otro que recuerde, culminando hace un par de días con la eclosión de muchas nuevas relaciones en un intenso fin de semana de Meet Commons.

Mi bandeja de entrada digital, que había permanecido limpia y ordenada durante meses, lleva semanas acumulándose y creciendo fuera de control, empujada a un lado por la fuerza de lo presencial, por la llamada de las redes en las que yo mismo me he ido enganchando a lo largo y ancho de Madrid.

Con todo, estoy orgulloso de, haciendo un esfuerzo consciente por evitar que la rutina y la velocidad de la ciudad me absorbieran, haber logrado mantener la mirada receptiva, sorprendida y tranquila del visitante, disfrutando de pequeños momentos cotidianos en mi casa o por las calles. Sigo pedaleando con el mismo deleite y andando despacio, cada vez más despacio, incluso por los túneles del Metro, donde todos corren como locos para abordar el vagón que se escapa. Me he apuntado con amigos a azarosas derivas urbanas, recorriendo sin rumbo fijo un barrio diferente cada vez. He seguido con mi búsqueda del equilibrio y de la calidad de vida, cada vez con más consciencia y más interés, buscando mejorar mis hábitos, mis ritmos, mi forma de trabajar, y sintiendo que estoy al principio (muy al principio, ay) de un camino prometedor.

Madrid desde el Manzanares

En bici por el parque del Manzanares

Por lo demás, mis proyectos personales han avanzado a un ritmo muy relajado. He publicado apenas diez entradas en este blog en un año, y sólo un par, aunque bien densas, en Sociarq. He realizado un esfuerzo bastante torpe de diseño y sobre todo de organización de contenidos y gestión de la identidad digital para La Cajita 3.0… que aún está por salir del horno. He iniciado y casi completado un seminario sobre desarrollo de organizaciones desde el enfoque de la triformación, que me ha abierto un mundo al que hasta ahora era casi del todo ajeno y que espero poder conectar con muchos de mis proyectos. Parcialmente de vuelta hacia Alicante, donde el pulso de eGruyere sigue latiendo, me he lanzado a formar parte del MasterDIWO con tantas ganas como poco impulso productivo. He tenido la oportunidad de dar mis primeras tres conferencias y e impartir otros tantos talleres, casi siempre con otros como me juré a mí mismo que haría el mismo día que acabé el PFC.

El nacimiento de MasterDIWO

Y poco más por ese lado. Podría resumir este año diciendo que, de la filosofía del Do It With Others, he disfrutado a más no poder el with others y apenas rozado el do it.

En lo puramente profesional, que fue la razón que me hizo ir a Madrid, la experiencia en Ecosistema Urbano no ha tenido precio, y daría para un post aparte. Lo que comenzó como una colaboración temporal alrededor de Whatif se fue ido extendiendo con la llegada del proyecto dreamhamar, que me brindó la oportunidad de vivir cerca de dos meses en el interior Noruega.

dreamhamar

Vida doméstica junto al lago Mjøsa

Con la salida de Domenico de la oficina, me cayó el blog en las manos y me encontré de pronto sumergido en un trabajo de “editor” online a un nivel que no esperaba.

He comenzado a hacer viajes de trabajo, algo nuevo para mí. Desde la locura de ir a Tarragona en coche, tener un par de reuniones y volver a Madrid en un solo día, hasta un reciente e indefinible fin de semana de taller en la isla de Bahrein. La semana que viene, reunión de trabajo en París. Y luego, quién sabe.

Detallitos de gente que me quiere

Por lo demás, he cumplido 30 años, me he propuesto saltar en paracaídas (porque me da mucho miedo y porque me da la gana), soy doblemente tío y además padrino de Matías, el segundo hijo de mi primer amigo. Bienvenido a la adultez, my friend. Y luego, de nuevo, quién sabe, porque… ya no dependerá sólo de mí.

El pequeño Matías

Algo se mueve. Tras un año de dejarme llevar plácidamente por lo que me rodea, comienzo a notar que hay algunas decisiones que tomar. Empiezo a sentirme dividido entre Madrid y Alicante, entre la libertad del autónomo y la seguridad de un trabajo fijo, entre las ganas de hacer muchas cosas y el intento de encontrar hábitos más equilibrados, entre la exuberancia profesional y una vida personal y doméstica más tranquila. Pero a diferencia de hace un año, no estoy ansioso por encontrar la solución.

Tomando como lema el verso, hago camino al andar.

Puebla de Sanabria, 2011

Comparar procesos por su grado de libertad

Para la charla “Registrar, compartir y producir en red” que dimos en Think Commons el pasado enero, Alba y yo utilizamos un modelo para comparar los distintos grados de libertad de diferentes procesos, usando aquí “libertad” casi en el mismo sentido en el que se usa en el software libre. Este modelo de estudio lo sacamos muy rápidamente, pero probó ser bastante útil para estudiar en profundidad las consecuencias (en la sociedad, en el modelo económico, en la cultura, etc.) de liberar tanto los procesos (o partes de ellos) como los resultados (también los parciales). El primer esquema (que podríamos llamar “versión beta”) que incluimos en la presentación estaba estructurado así:

Modelo en beta

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Cita

Improvisar (bien) es, en contra de lo que solemos pensar, lo que más preparación requiere.

Registrar, compartir y producir en red

El pasado miércoles 18 de enero Alba Santa y yo dimos una charla online en Think Commons, el canal de streaming sobre procomún y cultura libre que gestiona Domenico di Siena desde hace un par de meses. Una inmejorable oportunidad (y desafío) para poner en orden nuestras ideas y ver si éramos capaces de transmitir lo que hemos estado aprendiendo en una de nuestras asignaturas comunes del Máster DIWO: OSrights. La sesión la estructuramos de la siguiente forma:

  • Resumir los fundamentos de la propiedad intelectual: categorías, derechos que garantizan, instrumentos de protección y de cesión.
  • Analizar casos a través de los procesos de creación y las libertades que se permiten o limitan en modelos abiertos y cerrados:

El software libre, como precursor de las licencias abiertas
La obra creativa
Ciencia e I+D+i
Obra técnica y arquitectura

  • Plantear una serie de cuestiones abiertas para abrir el debate y nuevas líneas de trabajo

A continuación os dejo la presentación seguida de un resumen de las que creo que fueron las claves (que fueron muchas) de su contenido, tanto como excusa para hacer un repaso de lo que se habló como a modo de resumen para aquellos apresurados que no quieran pasar una agradable hora y media escuchando nuestros interesantes comentarios ;)

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FasterDIWO

En la última sesión del #masterDIWO alicantino, a la que no pude asistir, mis compañeros de eGruyere han sacado lo que me ha parecido una buena receta para superar la esclerosis y el perfeccionismo que me estaban invadiendo por estos lares: FasterDIWO.

Tomando en parte la definición de María, el ejercicio consiste en contar de forma rápida y sintética alguna experiencia, descubrimiento, rutina… que uno haya desarrollado a causa de (aunque no sólo por) formar parte de este máster. La idea es acercarlo a una “actualización de estado” más que a un “ensayo”, y mi objetivo concreto es lograr hacerlo en menos de un tomate. Ahí voy, y ya van unos minutos por delante.

pomodoro

Cosas que ya he aprendido o constatado en lo que llevamos de máster:

  • Los encuentros en persona son potentes, mucho más potentes (oh, blasfemia) que las relaciones por la red. La red crea entornos de información y espacios de contacto, de tanteo, de encuentro y de lo que uno quiera, pero el trabajo y la conversación en directo, cara a cara, yo a yo, son un motor mucho más efectivo para hacer cosas con otros, que al fin y al cabo es lo que busca todo lo DIWO. Salimos de cada fondue (o sesión del máster) como si nos hubiéramos dado cuerda mutuamente.
  • DIWO es realmente más que DIY. Hasta que no me puse con Alba a preparar una sesión para Think Commons, o hasta que no me puse con Massimo Menichinelli y otros a meterme en los entresijos del meta-diseño open p2p, no había salido de un medianamente autocomplaciente proceso de repaso de cosas ya sabidas, y ni que decir tiene que no había avanzado ni una décima parte de lo que avancé después.
  • Las herramientas se adaptan, se combinan y se crean si hace falta. Ahí está la wiki, ahí está eGlia, ahí está la red de blogs que se está formando, y ahí está incluso el espacio físico de co-trabajo, que hace amagos de aparecer… ahora que ya habíamos comenzado hace tiempo sin él. Lo importante son las intenciones, los objetivos, la voluntad creadora y ejecutora, la visión de lo que se quiere hacer. El mundo se cambia, sí, pero por el camino.

Y se acabó el pomodoro de hoy, medio haciendo trampas porque me he comido el descanso para meter algún enlace más. Otra vez saldrá mejor. Aprender haciendo, aprender haciendo.