Cita

Me gusta la idea de que el método ayude a liberar tiempo para dedicarlo a la improvisación. Curiosa paradoja: haz lo que debes para que puedas hacer más lo que quieres.

A. Rey

Muertes y resurrecciones… de proyectos o comunidades

Escribo este post a raíz de un artículo compartido por Pago González, titulado Closing communities: FFFFOUND! vs MLKSHK. El artículo habla de dos plataformas web que están próximas a cerrar, y explica lo diferentes que están siendo las formas de cierre. FFFFOUND! está siendo cerrada con poco tiempo de aviso y sin dar opción a sus usuarios a exportar sus datos personales y sus contenidos. MLKSHK, por otro lado, no solamente ha dado mucho más tiempo de aviso a sus usuarios, sino que les ha proporcionado herramientas para exportar sus datos, cediéndoles incluso lo necesario (incluido el código fuente) para que puedan mover la comunidad a otro lado, dándole una nueva vida.

El caso es que me ha recordado un tema que me atrae desde hace un tiempo y encaja muy bien en estos días de Semana Santa: ¿Qué pasa cuando un proyecto (una aplicación, una herramienta, una plataforma web, un foro como este, etc.) llega a su fin? ¿Cómo podemos darle una “muerte digna”? ¿Hay vida más allá de su muerte? ¿Qué sucede con su alma, la comunidad?

Por mi experiencia en Ecosistema Urbano he podido comprobar la cantidad de “cadáveres” que deja el devenir de nuestras actividades. Cuando los proyectos terminan (y todos terminan en algún momento), dejan atrás páginas web que se convierten en meros vestigios y en cargas a mantener, páginas de Facebook cuyo capital comunicativo tiene difícil aprovechamiento y transferencia, plataformas de mapeo colectivo que seguramente no vuelvan a usarse, etc. Muchas de estas herramientas, infraestructuras, espacios o canales sirvieron en su día de soporte a comunidades, a grupos de personas unidas por un proyecto común. Y la mayor parte de ellas terminan desapareciendo cuando el dominio no se renueva a tiempo, cuando el servidor deja de funcionar, cuando un fallo o falta de actualización en el software complica su mantenimiento o cuando se decide que sencillamente no tiene sentido mantenerlas, y se cierran sin más. Muy pocas reciben una “muerte digna” en vida, cuando su comunidad aún está presente y puede responder o decidir: ¿Queremos cerrar esto? ¿Cómo le damos fin? ¿O queremos mantenerlo? ¿O transformarlo? ¿En qué condiciones?

Si en estos casos, que tenían a su alrededor una comunidad de por sí efímera o de reducido tamaño, ya es difícil tomar una decisión hacia su conservación, su transformación o su adecuado cierre, ¿cómo no va a ser complicado en aquellos proyectos que dan vida a enormes comunidades? Sobre todo cuando la web, el foro o la aplicación de turno no es de la comunidad, sino de una tercera persona o empresa que tiene poder total para decidir. En esos casos, el respeto y el cuidado se hacen todavía más importantes: el final de un proyecto tiene un impacto más allá de quien lo decide.

Y estamos hablando de proyectos en la red, pero podríamos trasladar estas preguntas a cualquier otro proyecto. Por mencionar un caso conocido, ¿qué va a pasar con El Campo de Cebada cuando se cumpla su destino y se emprenda la construcción de un equipamiento donde ahora hay un vacío-lleno y una comunidad urbana? ¿Qué morirá ahí y qué no? ¿Cómo será esa muerte, y ese entierro?

Las soluciones más dignas que he visto son aquellas que incluyen a la propia comunidad en la decisión, facilitando formas de abandonar el barco, de celebrar un cierre o pasar algún tipo de duelo (aunque suene exagerado), o incluso de tomar el relevo en el mantenimiento y desarrollo del proyecto, aunque sea llevándose lo que haya de valor y sembrándolo en otro lugar.

¿Conocéis otros casos interesantes? ¿Qué formas diferentes habéis visto de cerrar proyectos? ¿Qué sería para vosotros un buen cierre o una “muerte digna”?

Tres cosas que re-aprendí de Theo Jansen

Patas de una de las piezas de Theo Jansen - Foto: Diana Piñeiro

La máquina-animal sacada de su medio natural – Foto: Diana Piñeiro

Hace tiempo que pasó la última exposición de Theo Jansen en Madrid, pero sigo teniendo muy frescas las ganas de compartir algunas ideas que se me quedaron pegadas durante la visita. De explicarlas, o de explicármelas, contármelas a mí mismo para tratar de enseñarme algo que creo que necesito aprender. Sigue leyendo

Cómo el diseño está cambiando Linux

El sistema operativo Linux (GNU/Linux para los puristas), siempre ha sido diverso como ningún otro. Cuando hablamos de Windows y Mac OS hablamos de una sola interfaz, que cambia entre versiones y que puede ser modificada con aplicaciones de terceros, pero que normalmente es idéntica en todos los sistemas. Cuando hablamos de Linux, en cambio, hay tantas variaciones que podríamos pensar que estamos ante sistemas operativos completamente diferentes.

Hasta hace unos pocos años lo habitual era encontrar en toda esa variedad una ligera sordidez en la interfaz, al menos en comparación con los sistemas operativos comerciales contemporáneos. Se trataba de software realizado por programadores y usado por personas de un perfil mayoritariamente técnico, para quienes lo importante era que cierta función existiera, sin importar tanto ni dónde, ni con qué aspecto ni con qué criterios de usabilidad lo hiciera. No se pensaba mucho en la experiencia de uso de un público amplio, y el concepto de “atractivo” estaba más orientado a “lo que puede hacer el sistema” que a “lo bonito/agradable/sencillo de usar que es el sistema”.

Ahora bien, por su carácter libre Linux muta y se ramifica continuamente, en una u otra dirección, y siempre ha sido (o intentado ser) lo que sus usuarios-desarrolladores querían que fuera. De modo que era previsible que, con la entrada de más y más diseñadores durante los últimos años, haya comenzado a aparecer un renovado interés por el diseño de la interfaz gráfica. Algunos de estos diseñadores han acabado implicándose en el desarrollo, y han empezado a aparecer versiones diseñocétricas, que tratan de actualizar el aspecto del sistema o incluso exploran nuevos conceptos para la interfaz. Sigue leyendo

De mecanografía, teclados mecánicos y buenos propósitos

No sé si por tradición o porque realmente sirve para algo, a comienzos de año muchos nos ponemos a reflexionar en lo que hicimos el año anterior y lo que queremos conseguir en el año entrante. Si hay una cosa fácil de llenar es la lista de buenos propósitos que rara vez cumples, pero hace un par de años descubrí que era mucho más realista, más efectivo y también más gratificante ponerse un único objetivo y asegurarse de cumplirlo.

Hace un par de años logré saltar de un avión como desafío a mi miedo a las alturas, y este año pasado me propuse re-aprender y mejorar mi mecanografía. Así que aprovechando el World Typing Day, que se celebra cada año el 8 de enero, justamente de eso quería escribir: de otro objetivo cumplido durante el 2015. Sigue leyendo

Para construir cultura libre hay que usar infraestructuras libres

El pasado junio se planteó en la lista de correo de la red #meetcommons una contradicción muy interesante que se presenta al trabajar con los principios de la cultura libre, pero con herramientas o sobre infraestructuras que no lo son. Entendiendo, por infraestructuras, que no hablamos sólo de software sino de herramientas, espacios, medios… todo aquello de lo que nos servimos y en lo que nos apoyamos para desarrollar nuestras actividades.

Muchos hemos vivido ese conflicto interno, y nos han surgido preguntas. ¿Deberíamos ser consecuentes y apoyarnos en herramientas e infraestructuras construidas desde los mismos principios que aplicamos en nuestro trabajo, o son cosas separadas? ¿Podemos programar software libre desde un Mac? ¿Podemos hacer diseños colectivos con palés usando AutoCAD? ¿Podemos alojar iniciativas de economía alternativa en un espacio cedido y financiado por un banco?

Para mí, en esta obra del colectivo francés Rotor, ejemplo de espíritu hacker, colaboración, reutilización, sostenibilidad, arquitectura en beta y economía de medios, el Mac queda como un OVNI aterrizado de otro planeta. ¿Por qué?

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Autofocus: productividad para flojos de voluntad

Autofocus

Hace ya unos años, mientras trabajaba en mi PFC, me olvidé tanto del resto del mundo que la cosa empezó a descontrolarse. Mi lista de tareas (que gestionaba sin mucho criterio) no hacía más que extenderse, y no veía en el horizonte ninguna posibilidad de reducirla. Al final, en medio de un agobio importante, decidí dejar el proyecto de lado y me pasé 3 días estudiando métodos/técnicas de productividad: GTD, Pomodoro y, finalmente, Autofocus, de la que hablaré ahora mismo.

Salí de aquella crisis de productividad tan rápido que durante unos días creí haberlo superado para siempre. Ya está, ahora soy una máquina, que se prepare el mundo.

Pues… no. Aprender cualquier método lleva bastante práctica, pequeño saltamontes. Por mucho que sigas blogs y leas libros sobre ello, no se trata tanto de saberse una técnica como de cambiar ciertos hábitos, y eso, siento decirlo, es muy difícil y lleva bastante trabajo. Esa es la demoledora verdad:

Si eres inconstante, perezoso o lo tuyo es dejar las cosas para más adelante, adoptar un método de productividad te va a resultar tan difícil como abordar las tareas sin él.

Entonces, ¿no hay esperanza? Bueno… Sigue leyendo

Cita

Los analfabetos del mañana no serán los que no hayan aprendido a leer, sino los que no hayan aprendido a aprender.

H Gerjuoy

Cambiando el mundo a golpe de cuchara

Disco Sopa en Matadero - Foto de Cocook en Flickr

Hoy, en un par de horas dando vueltas por la exposición We Traders en Matadero, con la “discosopa” (cena cocinada colectivamente, con música de fondo, y usando comida que de otro modo iba directa a la basura) que han organizado los de Foodsharing y Cocook hoy allí, me he reafirmado en que hay un mundo mejor que pugna por desarrollarse y que, sorpresa, está en este, al alcance de cualquiera… y más aún, hecho por cualquiera. Sin héroes, sin jaleos, desde lo más rutinario de nuestras vidas, como puede ser, en este caso, la comida.

Para los faltos de esperanza o imaginación, para los que no saben que hay que mirar por otros lados para encontrar buenas noticias o para los que las buscabais sin encontrarlas, os dejo algunas de las iniciativas que he conocido hoy: Sigue leyendo

Cita

Hay un tiempo para todo…

… un tiempo para la centrada serenidad,
y un tiempo para el complejo e hiperconectado multitasking.

Inspirado en viejas palabras.

El “implicómetro”: ¿desarrollamos un ecualizador para la colaboración?

Hago este post para contar en abierto una nueva línea de trabajo que ha surgido últimamente dentro de #meetcommons, y que tiene que ver tanto con los “cuidados” del proceso y del equipo humano como con la gestión de proyectos más fríamente entendida. A partir de un interesante debate sobre la necesidad de visibilizar la implicación de los participantes en un proceso, surgido en el hilo de emails “Atendiendo los cuidados del proceso“, ha salido un grupo de trabajo que a día de hoy ya tiene varios prototipos esbozados, algunos de ellos en marcha.

A muchos nos ha pasado: especialmente en proyectos de colaboración a distancia o en aquellos en los que los participantes no están en contacto directo a todas horas, se producen “silencios”, desapariciones o invisibilidades que hacen difícil saber qué grado de implicación y compromiso con el proyecto está manteniendo cada uno. Por ejemplo, que alguien no dé señales de vida en una lista de correo puede tener muchos motivos detrás: que esa persona está desconectada del proyecto y pasa de todo, que está temporalmente ausente por alguna razón pero volverá con energías renovadas, que está conectada y al tanto pero sólo escuchando, o que está trabajando a tope en el tema y apenas saca tiempo para dar señales de vida. Estos “silencios” debilitan el pulso de un proyecto, dificultan medir las fuerzas del grupo para gestionar tareas y expectativas, e incluso provocan malentendidos.

¿Cómo solucionarlo? Varios de nosotros ya hemos intentado, en proyectos anteriores, idear y usar herramientas para que las personas puedan, durante el proceso de trabajo, visualizar el compromiso, la implicación, la dedicación, el “estado” de cada uno con el proyecto común en cada momento.

Gráfico sinfónico de implicación de distintos agentes en un proyecto, pensado para el Vivero de Autogestión de Alicante

Gráfico sinfónico de implicación de distintos agentes en un proyecto, pensado para el Vivero de Autogestión de Alicante

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El carsharing como alternativa al coche privado: comparativa de servicios en Madrid

Hace unos meses me quedé definitivamente sin coche. Desde que me mudé a Madrid apenas he tenido necesidad de usarlo, así que no lo estoy echando nada en falta, especialmente los gastos, el aparcamiento y otras cargas como las averías y el mantenimiento.

Sin embargo, por mucho que por lo general me mueva bien con transporte público y mi fiel bicicleta plegable, hay ocasiones en las que me vendría bien un coche: cuando tengo que ir a un sitio difícilmente accesible de otra manera, llevar una carga importante, o… bueno, de momento esas dos. Como ya comentaba en el dilema de la movilidad, intento usar siempre el “menor” vehículo posible para trasladarme, sin descartar para nada el coche cuando se hace realmente necesario. Y para esas pocas ocasiones creo que no merece la pena (ni es sostenible como comportamiento generalizado) mantener uno propio así que lo más razonable es alquilarlo puntualmente, o tener acceso a uno compartido.

¿Compartido, con quién? Aunque se puede hacer perfectamente entre personas, por ejemplo con un vecino, requiere un cuidado, un respeto y una coordinación extremos. Estuve compartiendo coche durante años y sé que las cosas se pueden complicar con la diferencia de uso, el desgaste, las reparaciones, los horarios, la limpieza y el mantenimiento… casi todo es susceptible de provocar conflicto si no se está muy atento.

Carsharing diagram illustration by Jorge Toledo

Pues bien, ahí es donde entra el carsharing. El concepto es sencillo: Una empresa, cooperativa o comunidad mantiene una flota de coches, haciéndose cargo de su mantenimiento y coordinación, y el usuario paga una cuota (fija y/o por horas y/o por kilómetros) por usarlo. De ese modo, se optimizan muchos procesos, se reduce el impacto medioambiental con el menor consumo de energía y recursos, y se recortan los gastos para cada usuario. Una situación win-win-win.

Pero, a la hora de la verdad y comparándolo con tener un coche propio o con alquilarlo esporádicamente, ¿sale a cuenta el carsharing? Sigue leyendo

La donación activa

Donación activa

Cada vez que me aborda por la calle alguien para intentar convencerme de algo siento el mismo rechazo. En cuanto veo la camiseta corporativa y la carpeta, sé lo que va a pasar: Me van a pedir un minuto de mi tiempo (no cuela: todos sabemos que los minutos, como las cañas, nunca van solos), y me va a tocar tomar dos decisiones en cuestión de segundos, allí de pie, con el rugido de los coches de fondo y otras mil cosas en la cabeza:

Si pararme o no.
Si «comprar» o no. Sigue leyendo

Origen

Hoy me he encontrado con la persona que, sin saberlo, me inspiró la idea de estudiar arquitectura, y he podido al fin decírselo, cerrando un círculo que, sin ánimo de dramatizar, literalmente me cambió la vida.

Durante todos estos años he mantenido vivo el recuerdo del momento inception, el origen de la idea, con todos sus detalles: El colegio, creo que en octavo, la hora de entrar a clase, los compañeros ya marchándose de la pista deportiva, Vicente y yo disponiéndonos a hacerlo. A raíz de no sé qué conversación, le pregunté a qué quería dedicarse, y él, parado delante de mí, me miró fijamente y, con una intensidad y un convencimiento que pocas veces he visto, me dijo:

—Yo voy a ser arquitecto.

Casi podría decir que lo dijo con mayúsculas. Arquitecto. ARQUITECTO. Yo tenía una idea muy vaga de lo que eso quería decir, pero se me clavó la palabra en alguna parte, y de alguna manera que no alcanzo a entender ni yo mismo, fue creciendo en mí durante los años siguientes hasta llevarme a ser lo que, entre otras cosas, soy hoy: un arquitecto.

Casi veinte años después, me he encontrado con Vicente y se lo he contado. Sentía la necesidad de hacérselo saber de alguna manera, de agradecerle un momento que para él pudo ser casual, pero que para mí fue un punto de inflexión, un antes y un después.

A día de hoy, él no es arquitecto. Por cosas de la vida, no pudo serlo. Fui yo quien, a través de una mirada y cinco palabras, adopté su sueño y acabé cumpliéndolo. Ahora sólo espero que él encuentre la oportunidad de hacerlo y, entonces, habremos cerrado el círculo los dos.

Restaurar un monasterio, instaurar una comunidad

El año pasado por estas fechas, leyendo un libro de escritos de Gaudí, me encontré con una memoria* que hilaba maravillosamente el proceso de restauración de un monasterio con la creación de una comunidad local, en una línea que hoy día muchos estamo re-buscando y redescubriendo. Os dejo la foto y transcribo a continuación:

Comienzo del capítulo "Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet" de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro "Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos" editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Muchos y pequeños son los pueblos que están cerca de Poblet. Si se intentara su restauración no hay duda de que los obreros empleados para ello residirían en el monasterio, habitando en este caso los antiguos edificios y talleres. Empezaría a formarse allí una sociedad que si al terminar sus trabajos se le cediera gratis o por poco precio una vivienda y una parte de tierra a cada uno, se establecería definitivamente allí formándose un pueblo alrededor del monasterio.

La restauración no debería salir de los muros de Poblet; es decir, todos los objetos artísticos o no, que debieran ejecutarse, habrían de serlo en el mismo monasterio llamando a los artistas encargados de ello e invitándoles para que con sus familias se quedaran allí; buscando al efecto los que por su posición social pudieran fácilmente cambiar de domicilio, para así agrupar los distintos elementos que son necesarios para formar un pueblo.

Lo bueno es que el título del post podría valer tanto para este texto como para el proyecto unMonastery. Y, cambiando Poblet por Matera y haciendo alguna que otra actualización, también el contenido de la memoria en sí.

En 1867, unos arquitectos comienzan la descripción de un proceso constructivo-creativo por las condiciones necesarias para crear comunidad a su alrededor.  Casi siglo y medio después, y desde una nueva “posición social” de neonómadas y ciudadanos glocales un grupo de personas habilita un espacio en un pueblo italiano e inicia un proceso de cotrabajo y convivencia creativa.

¿Qué ha cambiado y qué sigue siendo igual?

*Comienzo del capítulo “Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet” de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro “Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos” editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Cita

Me gusta hacer muchas cosas, pero lo que mejor se me da es imaginar que hago muchas cosas.

Madrid

Madrid

Madrid

1. f. Geom. Aplicado a la superficie peninsular ibérica, dícese del lugar geométrico de todos los puntos interiores más alejados de la línea de cosa.

Enlazado, transmedia y no lineal… ¿ya sin remedio?

Si mi forma de escribir una entrada es un síntoma de mi forma de pensar, podríamos decir que ahora mismo, a noviembre de 2012, tengo un pensamiento básicamente no lineal, basado en enlaces y con tendencia a lo transmedia. Algo como esto:

Imagen de giulia.forsythe en Flickr - clic para ver original

Me explico. Imaginad que estoy escribiendo un artículo, o una entrada del blog como es el caso. Mi flujo de trabajo es más o menos así:

Empiezo anotando rápidamente las ideas básicas sobre las que quiero escribir. Corto y pego hasta que las tengo en un orden que me gusta. Desarrollo un poco de una y luego otro poco de otra, sin un orden definido. Dejo una frase a medias y salto hacia arriba para anotar una nueva idea. Salgo corriendo a buscar una imagen, ya que de pronto me da la sensación de que necesito verla al lado del texto. Añado la imagen en medio del texto a medio acabar. Releo el texto. Sigo escribiendo por un lugar indeterminado. Me acuerdo de cierto artículo, y marcho a buscarlo. Lo leo, encuentro la parte que me interesa. Ya que estoy, añado un comentario con lo que llevo en mente. Copio el enlace, y vuelvo al editor, donde lo pego, aún sin contexto. Escribo lo que le falta alrededor. Releo el texto a partir de ahí. Vuelvo a mover de sitio otro fragmento. Cambio de formato un párrafo. Cambio tres palabras y una coma de otro. Decido que voy a grabar el propio proceso de escritura de esto, descubro que no tengo un grabador instalado, busco e instalo Eidete, y me pongo a grabar. Sigo escribiendo. Añado una introducción, y salgo disparado a Google a buscar un concepto que no acabo de ver claro. Vuelvo a añadir texto hacia la mitad de un párrafo, desplazando el resto hacia abajo. Salto a buscar otra imagen, la descargo, la edito un poco. Vuelvo al navegador, añado un par de frases más. Inserto la imagen. Busco en la otra pestaña el enlace original. Releo el texto. Cambio una coma. Pongo en cursiva una palabra. Muevo una imagen de sitio. Cambio otras dos palabras. Sigo leyendo. Salvo a buscar otro enlace, y lo añado. Cambio una frase… Y sigo así, sin método, enlazando un pensamiento con otro sin importar con qué medio lo estoy expresando ni qué lugar ocupará en la obra acabada.

Seguro que no soy el único con esa forma de escribir. No lineal, basada en enlaces y transmedia. ¿Os suena? Como la misma Internet. En cierta medida, es razonable: en este entorno, esta forma de trabajar es natural. Mi preocupación viene cuando descubro que he llegado a un punto en el que me cuesta trabajar de otra manera.

Imagen por London Permaculture en Flickr - clic para ver original

Por ejemplo, de forma lineal. Qué lejos quedan los tiempos en los que –en la era pre-digital o en los inicios de ésta– me informaba y buscaba referencias, extraía notas e imágenes, me sentaba delante de una hoja en blanco, ordenaba las ideas en mi cabeza, y las iba poniendo ya ordenadas, una tras otra. Luego, iba añadiendo las imágenes y otro material complementario ya previsto, y si por el camino había cometido errores, lo pasaba todo a limpio.

Ahora tampoco me resulta cómodo trabajar de forma aislada y enfocada. Ni siquiera logro estar mucho rato escribiendo en uno de mis programas preferidos, FocusWriter, que me permite escribir sobre un fondo a mi gusto, sólo las letras en medio de la pantalla, oyendo el sonido de las teclas y nada más. Me funciona –y lo disfruto– a veces, en momentos de “volcado” mental, pero a la mínima que pienso en pulir el texto acabo saltando a otro lado en busca de enlaces, documentos, referencias, imágenes o vídeos que ni siquiera tenía previsto usar. Adiós, minimalismo y concentración. Hola, movimiento y pensamiento inquieto.

Para mí esto es una experiencia clara de que lo que hago, cómo lo hago y con qué lo hago me reprograma el cerebro.  En el mejor de los casos, puede decirse que mi mente se ha adaptado a la perfección al medio en el que se mueve. Pero en un escenario más amplio como es la vida, no tengo claro que me guste esa especialización. Me preocupa estar perdiendo cosas como la capacidad de pensar de forma lineal, necesaria para articular un discurso hablado, para escribir un texto a mano o interpretar una pieza de música. Y si esta tendencia sigue adelante, dentro de unos años puede que sea incapaz de recordar nada que pueda encontrar en Google, o de tener en mente una cita o una tarea que pueda llevar en la agenda, o recordar un número de teléfono que lleve en el móvil… cosas que ya me empiezan a suceder. El propio ejercicio de pensamiento modifica nuestra forma de pensar y el hábito fija esos cambios, y a veces me planteo si quiero aceptar eso sin más o prefiero expandir la mente en otros frentes, buscando la variedad, diversificando ambientes, materiales, formatos, medios, herramientas, compañías, etc.

En fin… Burla burlando, y rozando el exhibicionismo, ahí va el vídeo de parte del making of de este post:

Al hilo de esto cabría comentar cómo, con esta forma no lineal de escribir, la mejor herramienta del mundo es un outliner como el difunto Google Notebook, Scrivener o Workflowy. Pero eso lo dejamos para otro día.

Del hackerspace a tu garaje: descargando hardware DIY desde la web

Enlace

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

From Hackerspace To Your Garage: Downloading DIY Hardware Over the Web

Interesante reflexión sobre los gestores de paquetes aplicados a la distribución de modelos para la fabricación digital. Algo que podría ser también interesante para aplicar el modelo open source a la arquitectura. ¿Puede un sistema de distribución de “paquetes” facilitar y hacer operativa la distribución libre de proyectos? ¿Cómo sería ese gestor, y esos paquetes?

Cita

Si quieres llegar rápido, vete solo; si quieres llegar lejos, vete con otros. Proverbio africano.