El templo de la buena vida

Imagino que cada arquitecto tiene una fantasía. La mía siempre ha sido construir un templo. Me daba igual de qué tipo, todos me atraían, aunque ni yo mismo alcanzara a saber por qué. Me pasé años fantaseando con la idea, y cuando por fin tuve la oportunidad de participar en la construcción de uno, no me di cuenta hasta años después de haberlo terminado.


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Tres cosas que re-aprendí de Theo Jansen

Patas de una de las piezas de Theo Jansen - Foto: Diana Piñeiro

La máquina-animal sacada de su medio natural – Foto: Diana Piñeiro

Hace tiempo que pasó la última exposición de Theo Jansen en Madrid, pero sigo teniendo muy frescas las ganas de compartir algunas ideas que se me quedaron pegadas durante la visita. De explicarlas, o de explicármelas, contármelas a mí mismo para tratar de enseñarme algo que creo que necesito aprender. Sigue leyendo

De mecanografía, teclados mecánicos y buenos propósitos

No sé si por tradición o porque realmente sirve para algo, a comienzos de año muchos nos ponemos a reflexionar en lo que hicimos el año anterior y lo que queremos conseguir en el año entrante. Si hay una cosa fácil de llenar es la lista de buenos propósitos que rara vez cumples, pero hace un par de años descubrí que era mucho más realista, más efectivo y también más gratificante ponerse un único objetivo y asegurarse de cumplirlo.

Hace un par de años logré saltar de un avión como desafío a mi miedo a las alturas, y este año pasado me propuse re-aprender y mejorar mi mecanografía. Así que aprovechando el World Typing Day, que se celebra cada año el 8 de enero, justamente de eso quería escribir: de otro objetivo cumplido durante el 2015. Sigue leyendo

Cómo cambiar la orientación del monitor, en Linux, con un atajo de teclado

Algunos monitores tienen la capacidad de rotar 90º para colocarse en posición apaisada o vertical. Hace unos meses comencé a trabajar con uno de ellos y para ciertas actividades como escribir, editar posts, revisar documentos, o ver la mayoría de las páginas web, ponerlos en vertical es una gozada. ¿Quién quiere espacio a los lados si el contenido va en vertical? ¿Que quieres comparar documentos lado a lado o ver vídeo? Lo vuelves a poner apaisado, y listo. Si necesitáis un monitor nuevo, os recomiendo encarecidamente uno que tenga esa posibilidad, especialmente los Dell.

El problema es que los monitores, salvo que sean de alta gama alta, no suelen incorporar un sensor capaz de decirle al sistema operativo que la pantalla ha girado, así que la primera vez que lo giras te quedas con cara de tonto, la cabeza ladeada, viendo un escritorio que, claro, se ha girado 90º. Aún puedes acceder a la configuración de resolución de pantalla en tu sistema operativo y cambiar la orientación, pero ¡intentad hacerlo con la pantalla rotada 90º a la izquierda! La solución más lógica es acordarte de cambiar primero la resolución de pantalla, y luego rotar físicamente el monitor. Pero a la larga, si te encanta andar cambiándolo de posición cada dos por tres según la actividad que estés realizando (y te encantará, créeme), esto se vuelve pesado, así que yo mismo no tardé en empezar a buscar una forma de cambiar la orientación del escritorio rápidamente, por ejemplo, con un atajo de teclado. Sigue leyendo

Autofocus: productividad para flojos de voluntad

Autofocus

Hace ya unos años, mientras trabajaba en mi PFC, me olvidé tanto del resto del mundo que la cosa empezó a descontrolarse. Mi lista de tareas (que gestionaba sin mucho criterio) no hacía más que extenderse, y no veía en el horizonte ninguna posibilidad de reducirla. Al final, en medio de un agobio importante, decidí dejar el proyecto de lado y me pasé 3 días estudiando métodos/técnicas de productividad: GTD, Pomodoro y, finalmente, Autofocus, de la que hablaré ahora mismo.

Salí de aquella crisis de productividad tan rápido que durante unos días creí haberlo superado para siempre. Ya está, ahora soy una máquina, que se prepare el mundo.

Pues… no. Aprender cualquier método lleva bastante práctica, pequeño saltamontes. Por mucho que sigas blogs y leas libros sobre ello, no se trata tanto de saberse una técnica como de cambiar ciertos hábitos, y eso, siento decirlo, es muy difícil y lleva bastante trabajo. Esa es la demoledora verdad:

Si eres inconstante, perezoso o lo tuyo es dejar las cosas para más adelante, adoptar un método de productividad te va a resultar tan difícil como abordar las tareas sin él.

Entonces, ¿no hay esperanza? Bueno… Sigue leyendo

Cambiando el mundo a golpe de cuchara

Disco Sopa en Matadero - Foto de Cocook en Flickr

Hoy, en un par de horas dando vueltas por la exposición We Traders en Matadero, con la “discosopa” (cena cocinada colectivamente, con música de fondo, y usando comida que de otro modo iba directa a la basura) que han organizado los de Foodsharing y Cocook hoy allí, me he reafirmado en que hay un mundo mejor que pugna por desarrollarse y que, sorpresa, está en este, al alcance de cualquiera… y más aún, hecho por cualquiera. Sin héroes, sin jaleos, desde lo más rutinario de nuestras vidas, como puede ser, en este caso, la comida.

Para los faltos de esperanza o imaginación, para los que no saben que hay que mirar por otros lados para encontrar buenas noticias o para los que las buscabais sin encontrarlas, os dejo algunas de las iniciativas que he conocido hoy: Sigue leyendo

El carsharing como alternativa al coche privado: comparativa de servicios en Madrid

Hace unos meses me quedé definitivamente sin coche. Desde que me mudé a Madrid apenas he tenido necesidad de usarlo, así que no lo estoy echando nada en falta, especialmente los gastos, el aparcamiento y otras cargas como las averías y el mantenimiento.

Sin embargo, por mucho que por lo general me mueva bien con transporte público y mi fiel bicicleta plegable, hay ocasiones en las que me vendría bien un coche: cuando tengo que ir a un sitio difícilmente accesible de otra manera, llevar una carga importante, o… bueno, de momento esas dos. Como ya comentaba en el dilema de la movilidad, intento usar siempre el “menor” vehículo posible para trasladarme, sin descartar para nada el coche cuando se hace realmente necesario. Y para esas pocas ocasiones creo que no merece la pena (ni es sostenible como comportamiento generalizado) mantener uno propio así que lo más razonable es alquilarlo puntualmente, o tener acceso a uno compartido.

¿Compartido, con quién? Aunque se puede hacer perfectamente entre personas, por ejemplo con un vecino, requiere un cuidado, un respeto y una coordinación extremos. Estuve compartiendo coche durante años y sé que las cosas se pueden complicar con la diferencia de uso, el desgaste, las reparaciones, los horarios, la limpieza y el mantenimiento… casi todo es susceptible de provocar conflicto si no se está muy atento.

Carsharing diagram illustration by Jorge Toledo

Pues bien, ahí es donde entra el carsharing. El concepto es sencillo: Una empresa, cooperativa o comunidad mantiene una flota de coches, haciéndose cargo de su mantenimiento y coordinación, y el usuario paga una cuota (fija y/o por horas y/o por kilómetros) por usarlo. De ese modo, se optimizan muchos procesos, se reduce el impacto medioambiental con el menor consumo de energía y recursos, y se recortan los gastos para cada usuario. Una situación win-win-win.

Pero, a la hora de la verdad y comparándolo con tener un coche propio o con alquilarlo esporádicamente, ¿sale a cuenta el carsharing? Sigue leyendo

La donación activa

Donación activa

Cada vez que me aborda por la calle alguien para intentar convencerme de algo siento el mismo rechazo. En cuanto veo la camiseta corporativa y la carpeta, sé lo que va a pasar: Me van a pedir un minuto de mi tiempo (no cuela: todos sabemos que los minutos, como las cañas, nunca van solos), y me va a tocar tomar dos decisiones en cuestión de segundos, allí de pie, con el rugido de los coches de fondo y otras mil cosas en la cabeza:

Si pararme o no.
Si «comprar» o no. Sigue leyendo

Restaurar un monasterio, instaurar una comunidad

El año pasado por estas fechas, leyendo un libro de escritos de Gaudí, me encontré con una memoria* que hilaba maravillosamente el proceso de restauración de un monasterio con la creación de una comunidad local, en una línea que hoy día muchos estamo re-buscando y redescubriendo. Os dejo la foto y transcribo a continuación:

Comienzo del capítulo "Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet" de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro "Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos" editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Muchos y pequeños son los pueblos que están cerca de Poblet. Si se intentara su restauración no hay duda de que los obreros empleados para ello residirían en el monasterio, habitando en este caso los antiguos edificios y talleres. Empezaría a formarse allí una sociedad que si al terminar sus trabajos se le cediera gratis o por poco precio una vivienda y una parte de tierra a cada uno, se establecería definitivamente allí formándose un pueblo alrededor del monasterio.

La restauración no debería salir de los muros de Poblet; es decir, todos los objetos artísticos o no, que debieran ejecutarse, habrían de serlo en el mismo monasterio llamando a los artistas encargados de ello e invitándoles para que con sus familias se quedaran allí; buscando al efecto los que por su posición social pudieran fácilmente cambiar de domicilio, para así agrupar los distintos elementos que son necesarios para formar un pueblo.

Lo bueno es que el título del post podría valer tanto para este texto como para el proyecto unMonastery. Y, cambiando Poblet por Matera y haciendo alguna que otra actualización, también el contenido de la memoria en sí.

En 1867, unos arquitectos comienzan la descripción de un proceso constructivo-creativo por las condiciones necesarias para crear comunidad a su alrededor.  Casi siglo y medio después, y desde una nueva “posición social” de neonómadas y ciudadanos glocales un grupo de personas habilita un espacio en un pueblo italiano e inicia un proceso de cotrabajo y convivencia creativa.

¿Qué ha cambiado y qué sigue siendo igual?

*Comienzo del capítulo “Memoria de la restauración del Monasterio de Poblet” de Gaudí, Toda y Ribera, año 1867. Extracto del libro “Antoni Gaudí: Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos” editado en 1982 por Marcià Codinachs y el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Alicante.

Tejiendo lo común: desarrollo social y urbano en red

El pasado jueves 29 de noviembre estuve en Alicante, invitado por Arquitectos Sin Fronteras para dar una charla sobre “trabajo en red” en el marco del curso-taller “EnREDándonos en la Zona Norte

Colaboración, red, estructuras mixtas, remezcla y complejidad - collage de imágenes de opensourceway

Collage de imágenes de OpenSourceWay – CC BY-SA

El tema es muy amplio y estoy lejos de considerarme un experto en estas cosas, por lo que fue un desafío darle forma para una audiencia variada incluyendo arquitectos, activistas, vecino… Esta es la descripción de la charla, enviada a priori, y que luego matizaré en función de lo que sucedió allí realmente:

La charla intenta encontrar un enfoque práctico, cercano a la experiencia de los asistentes, al desarrollo social y urbano en red. Se parte de la idea de que la vida urbana de una ciudad, un barrio o una calle, es un bien común que mejora y perdura cuando se cuida de forma colectiva. Sin embargo, la complejidad de ese entorno pone a prueba toda estructura organizativa para hacerlo. Se propone, entonces, hacerlo en red.

¿Qué significa en red? Ante todo hay que diferenciarlo, que no separarlo, de “en la red”, hablando del carácter complementario de lo físico y lo digital como espacios de oportunidad. Cabe comentar aquí otras características del trabajo en red: la capacidad de trascender formas rígidas de organización y permitir una mayor adaptabilidad; la gestión de la diversidad, admitiendo incluso el disenso sin dejar de funcionar; la posibilidad de conectar y poner en valor directamente a las personas, sin intermediarios, favoreciendo de ese modo un desarrollo personal que redunda rápidamente en desarrollo social.

Se proponen también una serie de principios que permiten que el trabajo en red sea fructífero y satisfactorio, y se produzca en pro del bien común. Se introducen conceptos que es recomendable tener en cuenta, como la autonomía en las herramientas y los medios, las libertades básicas del software libre como fuente de inspiración, y la cultura abierta como una manera de favorecer el desarrollo de la sociedad y el de la propia ciudad en que habita.

El núcleo principal de la charla se dedica a hablar de tres aspectos fundamentales del desarrollo urbano y social en red: el conocimiento del entorno, la colaboración, y el conocimiento compartido. Cada uno de ellos se comentará desde una perspectiva cercana al ciudadano de a pie, proponiendo herramientas, metodologías o medios que pudieran ser útiles de forma directa, tratando siempre de equilibrar los recursos digitales con los físicos para mostrar que su combinación permite salvar barreras culturales, de edad o educación, como la brecha digital, el idioma, etc.

El objetivo es principalmente atraer la curiosidad hacia otra forma de entender la organización de iniciativas de todo tipo -sociales, culturales, económicas, legales o técnicas- en el entorno urbano, y proporcionar algunas pistas, algunas herramientas, algunos recursos de los que partir para recorrer ese camino colectivamente.

Dudando sobre la manera de contar todo esto, y enlazando con una reciente reflexión sobre “pensar en red”, decidí probar un formato menos habitual, y esto es lo que llevé:

Ver a pantalla completa o clic derecho para descargar.

Es un mapa mental en formato .svg que visualicé directamente en Inkscape (¡a pelo!) pero que ahora he aprovechado para montar con un recorrido animado con Sozi (podéis hacer clic, zoom y arrastrar sobre él). Ante la imposibilidad de abordar todos esos temas, la idea era dejar el “camino” a recorrer un poco abierto, para poder ir enlazando los temas de mayor interés para todos los asistentes.

A la hora de la verdad, no dio tiempo a entrar en detalles (la charla duró poco más de media hora), de modo que la conversación quedó en un plano general y muy falta de ejemplos a los que “agarrarse”. Espero que eso no la hiciera demasiado abstracta. Nota mental, que comparto por si a alguien más le sirve: la próxima vez, intentar aunar ambas cosas, contando cada concepto general con un ejemplo, aunque sea a toda velocidad.

Enlazado, transmedia y no lineal… ¿ya sin remedio?

Si mi forma de escribir una entrada es un síntoma de mi forma de pensar, podríamos decir que ahora mismo, a noviembre de 2012, tengo un pensamiento básicamente no lineal, basado en enlaces y con tendencia a lo transmedia. Algo como esto:

Imagen de giulia.forsythe en Flickr - clic para ver original

Me explico. Imaginad que estoy escribiendo un artículo, o una entrada del blog como es el caso. Mi flujo de trabajo es más o menos así:

Empiezo anotando rápidamente las ideas básicas sobre las que quiero escribir. Corto y pego hasta que las tengo en un orden que me gusta. Desarrollo un poco de una y luego otro poco de otra, sin un orden definido. Dejo una frase a medias y salto hacia arriba para anotar una nueva idea. Salgo corriendo a buscar una imagen, ya que de pronto me da la sensación de que necesito verla al lado del texto. Añado la imagen en medio del texto a medio acabar. Releo el texto. Sigo escribiendo por un lugar indeterminado. Me acuerdo de cierto artículo, y marcho a buscarlo. Lo leo, encuentro la parte que me interesa. Ya que estoy, añado un comentario con lo que llevo en mente. Copio el enlace, y vuelvo al editor, donde lo pego, aún sin contexto. Escribo lo que le falta alrededor. Releo el texto a partir de ahí. Vuelvo a mover de sitio otro fragmento. Cambio de formato un párrafo. Cambio tres palabras y una coma de otro. Decido que voy a grabar el propio proceso de escritura de esto, descubro que no tengo un grabador instalado, busco e instalo Eidete, y me pongo a grabar. Sigo escribiendo. Añado una introducción, y salgo disparado a Google a buscar un concepto que no acabo de ver claro. Vuelvo a añadir texto hacia la mitad de un párrafo, desplazando el resto hacia abajo. Salto a buscar otra imagen, la descargo, la edito un poco. Vuelvo al navegador, añado un par de frases más. Inserto la imagen. Busco en la otra pestaña el enlace original. Releo el texto. Cambio una coma. Pongo en cursiva una palabra. Muevo una imagen de sitio. Cambio otras dos palabras. Sigo leyendo. Salvo a buscar otro enlace, y lo añado. Cambio una frase… Y sigo así, sin método, enlazando un pensamiento con otro sin importar con qué medio lo estoy expresando ni qué lugar ocupará en la obra acabada.

Seguro que no soy el único con esa forma de escribir. No lineal, basada en enlaces y transmedia. ¿Os suena? Como la misma Internet. En cierta medida, es razonable: en este entorno, esta forma de trabajar es natural. Mi preocupación viene cuando descubro que he llegado a un punto en el que me cuesta trabajar de otra manera.

Imagen por London Permaculture en Flickr - clic para ver original

Por ejemplo, de forma lineal. Qué lejos quedan los tiempos en los que –en la era pre-digital o en los inicios de ésta– me informaba y buscaba referencias, extraía notas e imágenes, me sentaba delante de una hoja en blanco, ordenaba las ideas en mi cabeza, y las iba poniendo ya ordenadas, una tras otra. Luego, iba añadiendo las imágenes y otro material complementario ya previsto, y si por el camino había cometido errores, lo pasaba todo a limpio.

Ahora tampoco me resulta cómodo trabajar de forma aislada y enfocada. Ni siquiera logro estar mucho rato escribiendo en uno de mis programas preferidos, FocusWriter, que me permite escribir sobre un fondo a mi gusto, sólo las letras en medio de la pantalla, oyendo el sonido de las teclas y nada más. Me funciona –y lo disfruto– a veces, en momentos de “volcado” mental, pero a la mínima que pienso en pulir el texto acabo saltando a otro lado en busca de enlaces, documentos, referencias, imágenes o vídeos que ni siquiera tenía previsto usar. Adiós, minimalismo y concentración. Hola, movimiento y pensamiento inquieto.

Para mí esto es una experiencia clara de que lo que hago, cómo lo hago y con qué lo hago me reprograma el cerebro.  En el mejor de los casos, puede decirse que mi mente se ha adaptado a la perfección al medio en el que se mueve. Pero en un escenario más amplio como es la vida, no tengo claro que me guste esa especialización. Me preocupa estar perdiendo cosas como la capacidad de pensar de forma lineal, necesaria para articular un discurso hablado, para escribir un texto a mano o interpretar una pieza de música. Y si esta tendencia sigue adelante, dentro de unos años puede que sea incapaz de recordar nada que pueda encontrar en Google, o de tener en mente una cita o una tarea que pueda llevar en la agenda, o recordar un número de teléfono que lleve en el móvil… cosas que ya me empiezan a suceder. El propio ejercicio de pensamiento modifica nuestra forma de pensar y el hábito fija esos cambios, y a veces me planteo si quiero aceptar eso sin más o prefiero expandir la mente en otros frentes, buscando la variedad, diversificando ambientes, materiales, formatos, medios, herramientas, compañías, etc.

En fin… Burla burlando, y rozando el exhibicionismo, ahí va el vídeo de parte del making of de este post:

Al hilo de esto cabría comentar cómo, con esta forma no lineal de escribir, la mejor herramienta del mundo es un outliner como el difunto Google Notebook, Scrivener o Workflowy. Pero eso lo dejamos para otro día.

Independencia sí, pero de los bancos: el aval colectivo

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El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

El aval colectivo se perfila como una herramienta más de la soberanía financiera (Imagen: CC Colbrain crowdfunding @Flickr)

Artículo de Pau Llop que cuenta la experiencia de Zemos98, quienes recientemente decidieron alejarse de la banca “tradicional” y financiarse a través de la cooperativa de crédito Coop57, para lo cual pidieron y obtuvieron un aval colectivo.

Un interesantísimo paso en la exploración de otros modelos económicos, llevando la idea de crowdfunding a otro nivel. ¡Recomendado!

Independencia sí, pero de los bancos: el aval colectivo

La gestión económica, el gran reto de las redes de trabajo

Sesión nómada de eGruyère, red de trabajo

Ya lo he vivido varias veces. Estar semanas o meses trabajando con otros en perfecta armonía, y que entre el dinero en juego: porque un encargo se acaba y hay que cobrarlo, porque se ganó un concurso y hay que recibir el premio… De pronto, lo que minutos antes era todo confianza, ganas de aportar y buen ambiente, se ve invadido por oleadas inesperadas de recelo, desacuerdo y un claro ensombrecimiento del ambiente. Del paradigma de la colaboración y la generosidad se salta de pronto, en un pequeño pero significativo vuelco, al demasiado conocido de la competencia y el egoísmo. No me atrevería a generalizar, pero creo que este es uno de los puntos débiles del trabajo en colectivos o en redes: la gestión económica se complica y se ve desplazada fuera de los principios que envuelven el resto de la actividad, convirtiéndose a la vez en un mal necesario (para el grupo) y un bien codiciado (para el individuo). Al menos esa es mi experiencia; si hay alguien que esté trabajando de una manera “distinta” y haya logrado salvar este asunto, por favor que me lo diga y quedamos para hablar y arrancarle el secreto entre cañas.

Pues bien: hace poco, en eGruyère, finalizamos un taller relacionado con un proyecto común a varios miembros de la red, y nos pusimos a la –supuestamente grata– tarea de cobrarlo y repartir los beneficios. Rápidamente se abrieron varios frentes de resolución poco clara:

  • No participaban sólo las personas habituales de la red, sino también algunas de más allá, haciendo evidente la dificultad de marcar límites y planteando un conflicto de gestión de medios, recursos, permisos de acceso y transparencia variable en la información. Esto, que se puede resolver de varias formas cuando hay un “dentro” y un “fuera” claros como en empresas y colectivos, es un tema crucial en redes de trabajo informes y extensibles. Pero esto merece un post, o varios, aparte.
  • El segundo asunto a resolver fue el de la legalidad. Dado que eGruyère no tiene forma legal reconocible –de todas maneras no hay una forma legal en España para una “red distribuida y abierta de trabajo colaborativo”– ni por supuesto una forma de gestión económica/fiscal en correspondencia, esto se liquidó asumiendo la gestión de todo a través de una sola de las partes implicadas, una empresa o un autónomo dados de alta y reconocidos legalmente. Un parche delicado y en parte alegal sobre el que tendremos que volver en otro momento y otro post.
  • El tercero, el del reparto en sí de los ingresos. Con el problema añadido de no haber dejado del todo claras –y bien escritas– las condiciones de colaboración desde el principio, llegamos al punto de no retorno en el que el dinero estaba al llegar y teníamos que decidir cómo distribuirlo. Este último punto me gustaría comentarlo un poco más aquí.

En el caso que comento, el tema se saldó sin pena ni gloria, con el sencillo –y casi siempre injusto– principio del reparto igualitario: el total neto se divide entre los que somos, y tocamos a lo que tocamos. Una solución típica, que resulta ser ideal… para dejar a la gente con la boca cerrada pero no del todo satisfecha. La incomodidad que supuso esa parte del proceso en el grupo nos hizo plantearnos este tema como un asunto fundamental a resolver para el futuro.

¿Cómo distribuir los ingresos en un grupo de gente diferente, que ha trabajado de forma distinta? Si lo intentamos hacer proporcional al trabajo y a los méritos, ¿cómo evaluamos ambos? ¿Llevamos la cuenta de las horas dedicadas? Y para hacer ello, ¿confiamos en que cada uno lo haga bien, o ponemos algún tipo de control? ¿Cómo incorporamos el resto de aportaciones menos mensurables, como la calidad del trabajo, el conocimiento aportado, el compromiso, etc.? Se nos abrió un campo de trabajo interesantísimo que no sabíamos muy bien cómo abordar, lleno de soluciones ya probadas pero no demasiado satisfactorias.

Esbozando la complejidad estructural de una red de trabajo

En ese momento, una de las claves del asunto apareció como por casualidad: uno de los compañeros comentó que debido a su baja participación prefería renunciar a su parte. Fue un momento sorprendente, ya que por lo general el reparto del dinero parte de la base de que todos buscan llevarse la mayor parte posible, principio que se desmontó de forma instantánea. La respuesta que se le dio en aquel momento fue más espontánea que meditada, pero aportó el ingrediente que faltaba:

“Acepta lo que te toca, y si crees que es demasiado, nos invitas al resto a unas cañas, lo reinviertes en algo común, se lo das a una persona que pienses que se ha quedado corta en su reconocimiento por el trabajo que hizo, o lo donas a algún proyecto que intente hacer de este mundo un lugar mejor. Lo que se te ocurra y te apetezca.”

Esta conversación abrió de pronto un frente inesperado: descubrimos que podíamos afrontar este proceso de distribución desde la generosidad

En eGruyère mantenemos desde entonces un hilo de reflexión al respecto, un debate interno –bastante tenue, eso sí– que nos encantaría compartir con otros colectivos, redes, plataformas y estructuras de trabajo similares, que requieren nuevos modelos económicos en resonancia con los principios que hay detrás: colaboración, empatía, flexibilidad, descentralización, transparencia…

Valga esta entrada para lanzar el debate a la red, y en breve publicaré un par de experiencias-hallazgo que, si no son soluciones maravillosas y definitivas, sí que señalan caminos que merece la pena recorrer.

Update: Si quieres participar en una charla sobre este tema, se está organizando aquí.

Descubriendo la triformación social

Hoy, saliéndome un poco de mi contexto habitual, he asistido a una charla del Triform Institute y he descubierto un modelo conceptual muy interesante, utilizable tanto para explicar y diagnosticar la realidad como para actuar sobre ella, y que en cierto modo parece capaz de dar cabida a muchas de las inquietudes e intuiciones que llevo notando en mí y a mi alrededor últimamente, desde el movimiento del 15M hasta mi propio interés por la cultura abierta o las nuevas formas de trabajo.

Se llama triformación social, y su definición gráfica sería algo parecido a la siguiente imagen (interpretación personal):

Triformación social

Según el modelo de la triformación social, la actividad humana se podría dividir según tres ámbitos principales: lo cultural, lo jurídico-político y lo económico; tres ámbitos que aunque superpuestos en cada persona y en la sociedad, son diferentes y han de regirse cada uno por sus propias leyes, y a los que pueden aplicarse tres conocidos principios que la Revolución Francesa planteó con acierto pero falló en implementar: libertad, igualdad y fraternidad. Todo ello teniendo al individuo, la persona, como agente fundamental y activo en la transformación (que no cambio) y desarrollo (que no crecimiento) de la humanidad.

Con eso quedaría enunciado el modelo de la triformación de forma relativamente sencilla… aunque la dificultad de aplicación a gran escala sea inversamente proporcional a la sencillez de planteamiento.

Intuitivamente, y antes siquiera de entrar a estudiarlo, ya suena bastante razonable, aunque algunas asociaciones nos pudieran parecer raras (¿economía y fraternidad?) y en general uno no vea por dónde comenzar a aplicarlo. Para mí el indicio más claro de su acierto es la capacidad de diagnóstico que muestra si lo leemos en sentido opuesto: ¿qué pasa si aplicamos cada uno de los principios que propone al ámbito que no le corresponde? Entonces el modelo se convierte en un muestrario de patologías sociales que podremos reconocer sin problemas a nuestro alrededor.

¿Os suenan lemas tan contemporáneos como “La cultura no se vende” o “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”? No son más que el síntoma de rechazo a un sistema que aplica los principios de la economía a la gestión de lo cultural o lo jurídico-político, respectivamente.

Y no voy a seguir dando ejemplos, solamente os sugiero que intentéis aplicar a vuestro contexto, vuestro campo de trabajo o vuestros intereses distintas combinaciones de los principios y ámbitos arriba representados, y veáis si reconocéis algún síntoma a vuestro alrededor. El resto, lo dejo a vuestra imaginación.

Luego podéis intentar hacer lo más difícil y emocionante de todo: aplicarlo en sentido positivo.

Probablemente  observéis que la igualdad en lo jurídico-político es algo que casi damos por supuesto hoy día como algo deseable; que la libertad en lo cultural es una batalla que aún es necesario ganar pero que se está luchando (¿os suena el tema de la cultura abierta, Creative Commons, el open source…?); y que la fraternidad en lo económico está apenas despuntando, pero con mucha fuerza, en nuevos modelos de financiación colectiva, organizaciones empresariales colaborativas, emprendizaje social, nuevas formas de entender la banca y hasta “monedas” o sistemas económicos completos propuestos como alternativa.

De momento y para mí, indicios suficientes como para pensar que este modelo puede ser digno de estudio, confrontarlo con algunas ideas propias y ver qué puede aportar a mi forma de entender el mundo.

El culto a lo hecho

Viendo el otro día el streaming de Urban Social Design Experience se mencionó en el chat algo sobre el manifiesto del Culto a lo Hecho.

No soy muy amigo de manifiestos (basta ver mi reacción al último que leí), su rotundidad y radicalidad me resultan intelectualmente incómodas, por así decirlo. Sin embargo, reconozco su valor como definiciones extremas y limpias de diferentes formas de ver la vida que por lo demás siempre solemos encontrar en una forma más mezclada.

Ahí va una traducción más o menos libre, teniendo en cuenta lo escueto del idioma y del manifiesto en sí:

  1. Hay tres estados del ser: no saber, acción y terminación.
  2. Acepta que todo es un borrador: ayuda a llevarlo a cabo.
  3. No hay etapa de edición.
  4. Pretender que sabes lo que estás haciendo es casi lo mismo que saber lo que estás haciendo, así que simplemente acepta que sabes lo que estás haciendo aunque no lo sepas, y hazlo.
  5. Destierra la procrastinación. Si esperas más de una semana para llevar a cabo una idea, abandónala.
  6. El objetivo de llevar algo a cabo no es acabar, sino poder llevar a cabo otras cosas.
  7. Una vez que has acabado algo, puedes tirarlo.
  8. Ríete de la perfección. Es aburrida y te impide acabar.
  9. La gente que no tiene las manos sucias está mal. Hacer algo te hace estar bien.
  10. El fracaso cuenta como hecho. Así que comete errores.
  11. La destrucción es una variante de lo hecho.
  12. Si tienes una idea y la publicas en internet, cuenta como el fantasma de algo hecho.
  13. Lo hecho es el motor de más.

Este manifiesto en concreto me ha llegado por varias razones. Me encanta su desparpajo con toques humorísticos (me encanta que sean 13 puntos, y no los forzados 3 o 10 de toda la vida) y el hecho de que los propios autores lo trivialicen ya antes de presentarlo. Pero por otro lado no deja de contener varias sugerencias importantes, en la línea tan contemporánea de la beta perpetua, el work in progress, el learning-by-doing, y demás conceptos “2.0”, pero también en un plano mucho más personal:

A mí, que últimamente ando liado con muchos procesos de puesta en marcha, conexión, relación o gestión la mayoría de las veces difícilmente tangibles, me ha servido como tranquilizante y a la vez como revulsivo. Como cuando me pongo a arreglar la bicicleta y descubro que me encanta ese trabajo, este manifiesto me ha recordado otros tiempos (no muy lejanos) en los que he vivido más del hacer que del pensar, y aunque ellos no lo diferencian ni lo mencionan directamente, también más ligado a lo físico que a lo digital. Siempre con las manos manchadas: de serrín, de cola, de pintura, de grasa…

Y me ha recordado que para hacer efectiva una mínima praxis hay que mantener un equilibrio entre la especulación estratégica y la pura y simple creación. Que tratar de apuntar bien no debe evitarnos disparar una y otra vez hasta acertar. Dicho y hecho. O tan radicalmente como proponen ellos: sin saber, hacer, y acabar.

PD: En esta página se puede leer una frase que no quedaría mal en este manifiesto: “Acabado es mejor que perfecto”.