Logotipo e imagen: WSA

Viernes, 6 de Abril de 2007

El diseño gráfico siempre me ha atraído. Cuando en el Club WindSurf Área me contaron que un par de años antes a mi llegada habían intentado infructuosamente elegir un logotipo, me puse manos a la obra, con la intención de conseguir llegar a una imagen corporativa que nos identificase de forma unitaria de cara al exterior. Por tanto, no se trata de un encargo profesional, sino de pura afición. El proyecto lleva dos años (o más) en marcha, avanzando muy lentamente, parándose y volviendo atrás, pero al fin hemos llegado a unos resultados claros, y por lo que sé, la gente está contenta. Cada vez más cosas van tomando la nueva imagen.

Voy a intentar ir contando por fases todo el proceso de diseño, mostrando los cambios en éste, las aplicaciones que se le iban encontrando…

Debo decir que es el primer logotipo que he diseñado, o al menos era el primero y único cuando comencé con él. Las primeras pruebas iban en buena dirección, pero faltaban ciertos conocimientos sobre cómo debería ser un logotipo.

El primer dibujito, hecho nada más y nada menos que con AutoCAD:

A la primera oportunidad se lo enseñé a un amigo que trabaja como ilustrador, el cual tuvo el buen tino de no decirme que era una birria, y además me hizo dos comentarios certeros. Primero, que la composición general tenía buena pinta, y segundo, que tenía que eliminar mucho detalle, abstraer un poco las formas para hacerlas más legibles a cualquier escala. Fue un gran “cambio de chip”: no se trata de dibujar fielmente, sino de evocar y atraer. Parece que capté el concepto, y cuando le enseñé la segunda versión, dijo algo así como “si fuera yo, no lo tocaba más” (aunque debió pensar “qué cosa más horrible”).

La verdad es que la segunda versión superó realmente a la primera…
Esta, realizada ya en Corel Draw, incorporaba las ideas básicas que se han mantenido hasta hoy. Es un logo de dos partes:
- Un icono, un símbolo gráfico referente al windsurf.
- Un grupo formado por las tres siglas que tradicionalmente han designado al club, con un tratamiento gráfico significativo, potente en sí mismo.

Esas dos partes se pueden leer por separado o combinar entre sí de cualquier manera sin romper la imagen global. Desde el principio intenté evitar la obviedad del color “azul porque es el color del mar” (mentira, el mar es verde, y plateado, y marrón, y…), decantándome por unos colores más “abstractos”. En cualquier caso, estaba previsto que la combinación de colores pudiera ser cualquier otra.
Con esa idea de la versatilidad, en el documento que les presenté finalmente adjunté varias aplicaciones posibles. Por cierto, los colores del final salieron horribles; es lo que tiene no controlar la gestión del color del Corel.

Hasta aquí, la primera propuesta de logotipo e imagen. Para ser mi primer proyecto de ese tipo, la verdad es que no quedó tan mal, el logo realmente funciona como yo esperaba. Las letras y el dibujo encajan en el mismo estilo, y tienen la suficiente personalidad como para figurar por separado. El formato cuadrado y rectangular también funciona muy bien en banderas, en camisetas, como sello…


El caso es que en cuanto la hube acabado, presentado y sometido a la tibia evaluación de los socios, la guardé y me puse a diseñar otra diferente. Pero eso lo dejo para otro día…

Colisión imposible

Martes, 3 de Abril de 2007

Recuerdo una tarde de este verano… y la recuerdo pese a que en aquel momento decidí que lo mejor era olvidarla y evitarme el bochorno de contarla una y otra vez. Mis padres, por supuesto, no lo saben, porque quiero seguir haciendo windsurf con su consentimiento.

Llevaba unas horas navegando con aquel milagroso levante veraniego para 5′3, y estaba yo en el momento más placentero del día. El sol comenzaba a caer, a cuarenta grados ya de su meta entre los montes lejanos, y bañaba en oro el choppy recalentado y las cabezas tostadas de los bañistas. Cada largo era más idílico que el anterior.
Tranquilamente planeando, sin pensar en nada que no fuera dar una vuelta disfrutando del viento restante, salí por el carril de boyas, y unos cincuenta metros mar adentro, bajé la velocidad, hice una virada, y volví encarando la proa hacia las boyas adecuadas… algo que siempre hago medio a ciegas, mi vista no da para más. Todo perfecto, una mano rozando el agua en windsurfeliz placidez, las boyas ya a pocos metros, ya distinguía a la gente en el chiringuito…

Y de pronto, un golpe brutal en la botavara.

Un sonido como de metal contra metal, cerca de la escota.

Una fuerza poderosa me sacudió el aparejo y me lanzó, impotente, por los aires, hasta caer catapultado a barlovento, tumbado de espaldas sobre la vela, la cabeza contra la botavara y parpadeando de cara a la playa y al sol poniente. Tras los inevitables instantes de perplejidad total, desenganché el arnés y me deslicé hasta el agua, buscando a mi espalda con la mirada el ser, ente u objeto causante del encontronazo.

Y sí, allí estaba el monstruo, a tres o cuatro metros de mí, casi inmóvil.

Enorme… ¿10 metros? ¿Más? ¡Dios mío! ¡No era posible!

Pero sí, sí, allí estaba, ineludiblemente. Una auténtica y amenazadora mole blanca, con sus dos pisos de ventanas oscuras, sus cubiertas cuidadas de madera tropical y su escalerilla de aluminio en la proa, aún con la marca, supongo, de mi querida botavara.

“Un yate… coño, ¡un yate!”

Mi mente, bloqueada, le daba vueltas a la misma única idea.

“Joder, hay un yate enorme casi tocando mi vela… ¿me acabo de chocar con él?… ¿o se ha chocado él conmigo?… está claro que es real… pero ¿de dónde ha salido?… ¿ha estado siempre ahí?… ¡no estaba antes, estoy seguro!… ¿y si es un submarino?… pero…”

Tardé unos momentos en darme cuenta de que desde la espalda del enorme crustáceo, algunos metros más arriba, un tipo con gafas de sol estaba inclinado sobre la barandilla, gritándome algo en arameo. La conversación que siguió, del barco al agua y del agua al barco, con todos los pasajeros del tal Nessie mirando sorprendidos por la borda, apenas la recuerdo. Sólo recuerdo una cosa: lo difícil que resulta explicar a un patrón enfadado que no es que quisieras ponerte a tiro y por eso justo has virado y vuelto a pasar, sino que no has visto su pequeño barco de unos cuantos metros cúbicos de desplazamiento desde tu enorme tablón… de 98 litros.

“No se lo vaaaa a creeeer, peero eesqueee no le heeee vistooooo…”

Y peor aún: lo imposible que resulta sonar conciliador cuando tienes que comunicarte a gritos mientras las olas te zarandean con peligro de estampar tu frágil material contra el blindaje enemigo.

Un prudente

“VALE, LOOOO SIEEEEENTOOOOO, NO HA PASAAADO NADAAAA, PUEEEEDEEEEN CONTINUAAAAAR”

seguramente estaba llegando a oídos del guaperas en forma de algo así como

“TÚ DALE, ZOPEEEENCOOOO, HIJODELAGRAAANCHINGADAAAAA, VETEEE YA A CAGAAAAAAR”…

Juro que le pedí disculpas quince o veinte veces, y el jurará que lo insulté otras tantas. Al final, cansado de la situación, con mis neuronas a punto de estallar por el esfuerzo y aunque aquel seguía gritando algo (ahora en bengalí cerrado), giré la vela, hice el waterstart más veloz de mi vida, y salí zumbando hacia las boyas salvadoras, donde el monstruo no iba a seguirme.

Cuando por fin puse pie en el fondo limoso de la playa, me sentí como Colón pisando América. Miré alejarse el yate, con la mismas preguntas golpeando en mi mente (¿cómo coñ..? ¿de dond…? ¿por qué caraj…?) y finalmente me volví, derrotado, hacia los -afortunadamente pocos- espectadores que esperaban en la orilla.

“¿¡Qué miráis!?”

Freestyle: Platja del Tamarit

Lunes, 2 de Abril de 2007

Bueno… la primera vez que alguien se viene con cámara a mi “secret spot” y me pilla intentando cosas. Gracias mil a Álvaro, el fotógrafo. No hay nada como verse en las fotos para darse uno cuenta de por qué no le sale una determinada maniobra…

A ver, seamos autocríticos… ¿Qué errores se ven en las fotos de estos intentos de volcano?

Acercamiento: Correcto. Cuerpo erguido, peso centrado en la tabla, aparejo en posición vertical, mano delantera cerca del mástil… hmmmm… no lo suficientemente cerca, pero ahí estaba aún a punto de tirarme más al largo.

Rotación: Vamos bien de altura, la mano izquierda está perfectamente en su sitio, el cuerpo está girado en la dirección adecuada, pero… la mano derecha, ¿qué hace extendida tan atrás? Es uno de los mayores fallos que cometo siempre. La mano debería ya estar buscando el mástil o la botavara. De otro modo, acabo patinando con esa mano extendida en el aire, y no cambio la vela.

Aterrizaje: La postura del cuerpo es más o menos correcta, pero la mirada no está dirigida a su sitio, no miro atrá lo suficiente, y acabo dejando que el peso del cuerpo se vaya hacia atrás.
El mástil, por otro lado, está demasiado inclinado en la dirección de la derrapada, cuando debería estarlo justo hacia el otro lado para equilibrar el peso. En general, demasiado encogido.

Ya lo tengo casi casi casi… Y la sesión fue una absoluta maravilla, con el sol, el agua como una pista, las dunas detrás…

¿Nueva velería?

Lunes, 12 de Marzo de 2007

Pues nada, os dejo uno de mis primeros trabajos en Illustrator, cuando estaba familiarizándome con su forma de funcionar y se me cruzó una vela de windsurf por enmedio.
Aquí podéis ver algunas imágenes de las nuevas velas de windsurf TS Radical Wave, de la firma TriSails… que por poco logran engañar a más de uno, y que tuvieron bastante buena acogida.

Próximamente, las versiones de race y de freestyle :P

 

Lástima que, como siempre, todo esto lo haga tan amateur, me haría ilusión ver que algo se hace realidad y hasta me da de comer, pero bueno, nunca se sabe cuándo va a dar frutos este árbol.