Cambio de rasante

Sobre la oscura curva del salpicadero, como lunas sobre un paisaje made by Ferrari, brillan seis semáforos seguidos en rojo. El último de ellos, sintiéndose seguro en la distancia, se muestra declaradamente insultante, justo al final de la subida. Diego tamborilea lentamente sobre el volante, del mismo modo en que un francotirador despiadado acariciaría el gatillo del rifle. Tratando de contener la tensión que le sube por la espalda. Respira con deliberada lentitud. Tensa los músculos de los brazos, uno a uno, y de las piernas, como un leopardo a punto de saltar, al tiempo que pisa suavemente el acelerador hasta notar que el corazón de la fiera late más rápido que el suyo.

Clava la mirada en el semáforo sobre él. Es, ahora, el único dato que interesa. La avenida está vacía, como siempre a estas horas. El único vehículo visible, dispuesto a girar a la izquierda, no es digno de atención, y los escasos peatones sabrán cuidarse solos. Sabe perfectamente que los semáforos, en su momento, irán cambiando en cadena, con el intervalo preciso para que un deportivo con una aceleración de cero a cien en cuatro coma tres segundos parezca llevar la misma velocidad que la luz.

Verde.

Gatillo, leopardo y conductor saltan como uno, y el bramido del motor quema el silencio.

Verde.

El coche intruso ha girado, como huyendo, y parece que

Verde.

No hay tiempo para

Verde.

Para pensar en

Verde.

En

Verde.

El recién lanzado proyectil da un último zarpazo al suelo, y caucho y asfalto dejan de ser uno. El conductor, transmutado a piloto, siente que una tonelada de acero y ruido lo levanta por el estómago y lo lanza al límite de su capacidad sensorial. Entonces llega el esperado silencio de la ingravidez. Mientras el coche ruge en vacío, a siete mil ochocientas revoluciones, las lunas sobre el salpicadero pasan a ser una miríada de estrellas, y Diego, ya completamente sordo e insensible, contempla una vez más la ciudad nocturna como si la tuviera entre sus manos. Como si, girando el volante, pudiera girar el mundo y…

Pero el mundo se limita a ascender de nuevo ante él. Las ruedas delanteras tocan primero el asfalto, giradas el ángulo exacto para mantener el conjunto en un equilibrio dinámico, inestable y perfecto. La sacudida de la dirección devuelve a Diego a la realidad sin la más mínima consideración, y sólo la memoria muscular y algo que algunos llaman instinto impide que el deportivo rojo se estrelle diez segundos después contra una hilera de coches aparcados.

Sin embargo, hasta el más perfecto de los mundos necesita del error para existir, y sólo la suerte y algo que algunos llaman milagro habría podido impedir que este mismo deportivo rojo, recién aterrizado desde el cambio de rasante, se encuentre de pronto conduciendo directamente hacia un autobús de largo recorrido que suelta en ese momento a su adormilados pasajeros.

El mundo comienza a girar, ahora sí, al mismo tiempo que el volante, y lo último que ve Diego es una mujer joven, bastante atractiva, que arrastra una enorme maleta justo en el límite del alcance de la carrocería. Diego imagina, más que oye, las palabras que escapan entre sus labios:

 ¿¡Cómo puede alguien ser tan i

Relato-detonador de El Telar de las Parcas. Relatos derivados:
Un mundo en cuatro-coma-tres segundos | Frío | Aterrizaje forzoso

14 comentarios

carabiru 2 noviembre 2008 Contestar

:P

Menos mal que ya puedo comentar!!!

Me ha encantado este cuento!!

:O

Brutal!

JT 2 noviembre 2008 Contestar

:)

Cualquier cuento serviría para comenzar el Telar. Tenía entre manos éste, y ahí quedó. Yo ya veo varias historias tangentes, de entrada… ¡Ánimo!

carabiru 2 noviembre 2008 Contestar

Hummmmmmmmm mola!

Puedo pedirme a la chica de la maleta? puedo?

eMe 3 noviembre 2008 Contestar

:P es tuya Birubí. Dale, inventa que me espero a ver qué haces de ella ;)

eMe 3 noviembre 2008 Contestar

O a lo mejor no! que ya me bulle la cabeza! (y por que estoy en el curro, si no ya estaba escrito!)

eMe 3 noviembre 2008 Contestar

Por cierto ciertísimo, y lo siento por escribir un taco en tu impoluta cajita: Eres la polla!

Hay cosas que solo se expresarlas a lo bestia.

carabiru 4 noviembre 2008 Contestar

Frío

Ahí queda eso, la pelirroja ya tiene pasado.

Tú la presentaste, eMe la describió y yo me he metido un poco dentro de ella.

eMe 26 enero 2011 Contestar

Que pena que no siguiera esto… :P que bueno eres!

Jorge 27 enero 2011 Contestar

No te creas que a mí no me reconcome… El Telar de las Parcas habría molado cantidad.

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