Cómo escribir un relato en tres años

Escribir un relato breve ha sido siempre para mí una cuestión de dejar pasar el tiempo. Es un proceso ¿cómo decirlo?… casi geológico. Del mismo modo en que un plegamiento de tierras provoca la aparición de una cordillera, que luego el tiempo va erosionando, así se crean y se van puliendo los relatos.

Primero, un día, viene la idea, y con ella, seis o siete frases que se encadenan mágicamente en mi cabeza. Entonces me levanto de la mesa a medio cenar, y escribo cuatro líneas en la hoja más cercana, con la primera cosa que sirva para escribir y se encuentre a mi alcance. Después, esa hoja pasa a formar parte de la espesa cobertura de mi mesa de trabajo, peleándose con facturas, dibujos y similares por un hueco digno. Tras un par de meses en la fase analógica, es posible que un día la coja, sacuda de un soplido el polvo acumulado, la relea, y decida pasarla a la fase digital.

Todo lo escribo a ordenador desde hace años. Me permite comenzar por el final, o por cualquier otra parte. Me permite volver, borrar, guardar, multiplicar las versiones en archivitos que no se traspapelan y apenas ocupan sitio.
Varios meses después, rondando por los subdirectorios donde guardo los diseños, las fotos y los relatos (probablemente porque la alternativa más inmediata sea abrir el AutoCAD, y eso rara vez me apetece realmente), encontraré el archivito con esas seis o siete frases inconexas, pero perfectas.

Entonces comienza una larga serie de visitas, muy espaciadas en el tiempo. Cada vez que abro un archivo de los que guardo en la carpeta “…/Relatos/A medias” (digamos que… el 80% de mis relatos están ahí ahora mismo), un par de frases cambian de orden, una o dos desaparecen, y varias palabras son sustituidas por otras muy parecidas pero mucho más adecuadas.

Con el tiempo, las seis o siete frases originarias comienzan a parecerme menos perfectas. Sacrificándolas al conjunto, que comienza a tomar forma, comienzo a modificarlas también. Es probable que a estas alturas el relato lleve dos años en ese rincón del ordenador.

Siguen pasando los meses. Ya no puedo recordar qué frases fueron las que arrancaron el relato. Ahora es ya un cuerpo único, y las modificaciones van reduciendo su tamaño y aumentando su importancia. Ahora, la mayoría de las veces, no llega a cambiar ni siquiera una frase entera. Un par de meses después, sólo una o dos palabras, y de ahí en adelante es posible que sólo se mueva de sitio una simple coma.

Y entonces llega el día en que abro el archivo, releo un par de veces el contenido, y lo vuelvo a cerrar sin haber cambiado nada. Creo que sólo un par de relatos han llegado alguna vez hasta ahí.

En fin… Es entonces cuando ya puedo hacer lo que quiera con él.

Generalmente, nada…

Un comentario

Miss Sinner 7 abril 2007 Contestar

Jijijijiji, se parece sólo un poco a como yo lo hago.
Un día escribo algo, tres o cuatro folios, y los dejo. Al día siguiente, lo leo, cambio alguna cosa y lo vuelvo a dejar. Si la inspiración sigue conmigo, puede que escriba seis o siete folios seguidos al día siguiente, pero si se marcha, puedo estar meses o años sin mirarlo siquiera. Últimamente me acompaña, así que incluso puedo ir escribiendo varias cosas a la vez.

Espero que no se vaya :S

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