El diccionario y yo

Hay tres personas en este mundo que entienden mi afición por los diccionarios: yo, yo mismo, y mi alter ego (para entendernos: yo cuando estoy de mal humor).
Si alguna vez, dice la plebe, existió un libro árido y desapasionado, ése es el diccionario. No puedo menos que recordar a Horacio (Rayuela, de Julio Cortázar) refiriéndose a él como «el cementerio». Y sin embargo, ese mismo personaje, como su autor, le daba vueltas alegres a cada definición o término allí designado, convirtiendo la función metalingüística en un verdadero arte aún por desarrollar. Absolutamente optimista, fascinante, fresco, qué grande sos, Cortázar…

Para mí, el diccionario es uno de los proyectos culturales más difíciles jamás emprendidos. Ale, ¡vamos a definir todo el lenguaje! Condición: sólo vale utilizar el lenguaje para ello. A ver, al que le parezca fácil, que le pida a la pintura que se defina a sí misma, en todas sus variantes y matices. O que intente currarse él solito una definición de diccionario.
Para mí tiene algo romántico, de desafío innecesario. Como anotar algo que sabes que no olvidarás. Pero no deja de ser un ejercicio de autoconciencia, de contemplación, de constatación maravillada en plan “¡el lenguaje funciona!”Porque funciona, oigan. Mil y una veces, tras intentar en vano dar correcta definición a un término y acabar hecho un lío, me decido por fin a buscarlo… y ahí está, impecablemente definido. Pero bueno, ¿quién es el autor de esto, y qué le pasa para no ser tremendamente famoso?

Estoy sentado en el sofá, pensando o soñando despierto, que para el caso da igual. En algún momento dado iré a dar, por ejemplo, con la palabra conciencia. Conciencia. A ver quién no la ha usado alguna vez. Vale, pero: ¿quién es el guapo que la define? Entonces, me paro un momento, y comienzo a buscar palabras que pudieran servir para decir lo mismo de forma más larga. Al rato, ensayando mi tono más docto, acabo enunciando:
«Capacidad de la mente por la cual un ser es conscient…» no, espera, si hay algo que no vale en una definición, es usar la propia palabra definida o sus derivados. O referirse a otra definición, que es lo que más odio de un mal diccionario. Aquellos que te dicen:

CANÓNIGO. m. El que obtiene y desempeña una canonjía.

Ahí le has dado, muchacho. Qué definición soberbia. Vamos, pues, murmurando entre dientes, a buscar canonjía, que suena casi peor, pero que al menos queda cerca.

CANONJÍA. f. Prebenda del canónigo.

Sin palabras, me quedo. Menudo insulto a mi ignorancia. Algo así como decirme: ¿es que no sabes lo que es un canónigo, cazurro? Hmmm… ¿buscamos cazurro en el diccionario? Seguro que pone «el que obtiene y desempeña la cazurría». Sólo nos quedan dos salidas: o inventarme yo la definición en plan…

CANÓNIGO. m. Igo, fruto resultado de injertar una higuera mediante un canon exento de haches.

… o buscar en el cementerio esa palabra macanuda, prebenda, a ver si así por lo menos nos enteramos de qué es lo que le pasa al tipo ese.
Buscamos la «P»… No, este diccionario va por tomos. Otra cosa que me revienta: los diccionarios enciclopédicos, bulímicos de palabras y otras cosas, a reventar de nombres propios. Esperen, que voy a por el tomo «M-R», que el que tengo es el «A-CH» (nótese, por lo de CH, la avanzada edad del monstruo).

Aquí está… P… Planografía… Poema… Preexistir, me he pasado… Prao, rayos, me he vuelto a pasar… Preb… ¡Aquí!

PREBENDA. f. Renta anexa a un oficio eclesiástico. Cada uno de los…

¡Ya está, ya está! No me digas más: un ¿cómo era?… canónigo, es un tipo de esos de la iglesia. ¿Que no sabremos nunca su rango, posición y función? Pues bueno, algo de misterio siempre hace más interesante la vida.

Eso es un mal diccionario, bien lo habéis visto aunque no hayáis tenido que cargar con los tomos (grandes, verdes y feos) de aquí para allá. Y como yo no quiero caer en los mismos errores, voy a seguir intentando definir la palabra conciencia sin usar ni conciencia, ni concienciar, ni concienzudo, ni… Ya experto en formato diccionarial, lo intento de nuevo:

CONCIENCIA. f. Capacidad de la mente por la cual un ser se da cuenta.

Porque digo yo, uno cuando es consciente es que se da cuenta de algo, ¿no? Pero ¿de qué? Pues de lo que sea. Bueno, para que quede más redonda:

CONCIENCIA. f. Capacidad de la mente por la cual un ser se da cuenta de algo.

Lo malo es que darse cuenta no queda muy serio. Y dado que es una expresión coloquial que puede no ser igual en todas partes, alguien se podría poner a buscar «darse cuenta» por todo el diccionario, acordándose de mis ascendientes y maldiciendo a mis descendientes.

¿Sabéis qué? Me rindo, a ver qué pone en… en… ¡el tomo A-CH!

PD: Ahora sí que ya, tengo que decirles a mis padres, que dado que se llevaron mi querido diccionario de la RAE, al menos se lleven también este… esto, para evitarme mayores disgustos…
Y cuando tenga el bueno, buscaré (sonrisa perversa) la palabra diccionario

Un comentario

Carabiru 4 agosto 2008 Contestar

Diccionario: compilación de definiciones de palabras en planchas finas de papel que usted tiene en sus manos.

:P

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