El eslabón de una cadena

El siguiente fragmento es mi aportación, hace ya un tiempo, a esta entrada en el blog de Miss Sinner. Lo pongo aquí porque tras releerlo, me ha gustado (y ya sé que está mal que yo lo diga) tanto el texto en sí como el modo en que puso orden en el inevitable desbarajuste de una historia encadenada. Lástima que luego no siguiera como yo pensaba. Lo cual, por otra parte, es la gracia de este tipo de relatos…

– Patricia, tienes que decírmelo. Ahora.
– ¿Decirte qué?
– Que lo hicisteis sin avisarme.

Patricia se lo quedó mirando como a través de un telescopio. De planeta a planeta. ¿De qué rayos hablaba?
Fernando apretó los labios y miró un momento a la joven desconocida.
– Sara… ¿te importa dejarnos un momento?
La mirada desafiante dejó de taladrar a la recién llegada y se clavó con igual fiereza en el hombre.
– ¿Crees que eso cambiaría algo? ¿Qué más da que esté o que no esté?
– Tú verás. Haz lo que te de la maldita gana.
Volvió a mirar a Patricia. Temblaba ligeramente, y mantenía los puños apretados como si de un momento a otro una tensión desconocida fuera a hacer saltar un arco voltaico entre ellos.

– Dímelo de una puta vez. Lo intentasteis, ¿verdad? Ni se te ocurra mentirme ahora.

Patricia se encogió en el sofá. Si no hubiera habido esta tensión alrededor, habría tomado su cabeza entre las manos. Pero temía que si las separaba de la tela del asiento, el arco voltaico saltaría definitivamente hacia ella y la haría volar en pedazos. Por Dios, qué es todo esto, pensó.

Fernando avanzó un paso, acusador.

– Lo hicisteis. Y no teníais ni puta idea de la velocidad necesaria, ni de la potencia, ni de ningún otro maldito dato técnico, porque yo era el que se iba a encargar de eso. ¿O me equivoco? ¡Patricia, contéstame!

Olvidando el arco eléctrico y cualquier otra imagen, la aludida se cubrió la cara con las manos. El vacío en su mente parecía estar absorbiendo la realidad, atrayéndola como un sumidero y haciéndola desaparecer.
– Fernando, por favor…
Las primeras palabras trajeron consigo, como nubes de tormenta, el llanto que llevaba horas, quizás dias, conteniendo.
-… te juro que no sé de qué me ha…

Y entonces recibió algo realmente parecido a una descarga. Sus ideas se cortocircuitaron y tuvo una visión rápida. El chiste no era un chiste. El salto no era un salto. Las ventanas. Dios mío. El plan.

2 comentarios

Klover 23 octubre 2007 Contestar

Venía en busca de un relato tuyo para la frase número 100 (al haber escrito en «ya he publicado» supuse que lo habrías hecho ^^)
Veo que hace mucho que no escribes, te mando ánimos…todos pasamos por sequías de vez en cuando.

Este relato en particular me ha gustado especialmente…realmente desconcertante…

Un abrazo.

JT 24 octubre 2007 Contestar

Gracias por los ánimos ;)

Realmente no es que esté en tiempo de sequía, sino que el agua está encauzada por otros canales, y este ha quedado temporalmente vacío.

Si me viene la inspiración, pondré algo, y me pasaré a veros por el Cuentacuentos.

¡Saludos!

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