Melancolía

Los papeles de las mesas desaparecen, el último portátil entra en modo de hibernación, las maquetas que quedaban son primorosamente deconstruidas (sus autores regalan piezas a los amigos, y es como quien manda postales), los profesores desaparecen por la esquina con los trabajos del curso y toda mi admiración, y los cuatro que quedamos nos damos palmaditas en el hombro y hacemos bromas de mano a mano.

¡Encantado de trabajar contigo, JotaTé.

Lo mismo digo, señor Barbas. Mío es el honor.

¡Jorge, te vienes a tomar unas cañas con nosotros?

¡Ahhh! ¡No me digas eso! No puedo, de verdad que no puedo. Tengo que hacer Urbanismo lo que queda de tarde, y mañana empezar a estudiar Composición. (Aparte de otros líos que me callo, como rediseñar el material didáctico, las fichas y los carteles de una escuela de windsurf, o dar el último repaso a mi participación en una revista digital…)

Los grandes finales de la vida son muy tontos, lo demás es todo cine. Plof, y se acabó. Es el fin de mi último curso de Proyectos. De un curso increíble. Memorable, feliz, intenso. Un curso donde la sonrisa duraba en la boca desde las once de la mañana hasta (a veces) las diez de la noche. Con la boca y la mente abiertas, aprendiendo por segundos como si me fuera la vida en ello. Sintiendo la enorme energía que puede transmitir el entusiasmo, incluso cuando la voluntad no lo hace. Y de pronto, se acabó. Lo que no hayas hecho hasta ahora, tú te lo has perdido, “jotaté”. Es irrepetible. Sólo te queda firmar con tinta indeleble ese indeleble recuerdo, y seguir escribiendo hacia delante.

Una última despedida arrastrada, tú qué vas a hacer el año que viene, no llevarás las mismas que yo, tendremos que quedar algún día… (¿es que no vamos a volver a vernos? ¡Pero vamos! Pues nada. Te da igual. Tú como si fueras a la horca).

Me arranco de allí. Me despego, dejando rasgaduras en mis ganas de irme con ellos un rato más. Ahora te pondrás melancólico Jorge, sí, mira, zas, al llegar a la bicicleta (sola en todo el aparcabicis), ahí la tienes, ya está. La melancolía.

Maldito sentido del deber. Siempre pasando de largo por mi puerta, y tenía que entrarme justo ahora. ¿Podré ponerme a trabajar? No quiero trabajar, ni quiero distraerme. Ya que he decidido no seguir disfrutando de lo que había, al menos quiero estar un rato melancólico, hace meses que no lo estaba. Quiero, y punto.

¿Triste? No. ¿Quién ha dicho que la melancolía y la tristeza se parezcan? Son fenómenos del alma como fenómenos del cielo son el ocaso y la lluvia, pero… ¿se parecen, la lluvia y el ocaso?

El ocaso, el atardecer. Porque si la tristeza es algo que nos llueve por dentro, la melancolía es para el alma como un atardecer: una paulatina disipación de las fuerzas activas y creativas de la vida, una contemplación ralentizada del movimiento alrededor; una mirada, como un saludo suave, suave, apenas alzando la mano, como un ligero asentimiento hacia todo lo que nos hace querer seguir vivos.

Quiero dejarme atardecer por un tiempo precioso,
llegar justo hasta rozar las montañas,
teñir apenas de rojo el cielo,
y entonces,

igual de suavemente,

dar la vuelta

y volver

a amanecer.

13 comentarios

Carabiru 9 junio 2007 Contestar

Qué bonito jotaté, me has hecho pensar en cuando me pase a mi… ya estuve un año sin proyectos y tenía un mono increíble!

Bico enorme pa ti

ContradictioN 9 junio 2007 Contestar

ays… como te entiendo…
:_(

eMe 9 junio 2007 Contestar

Que cierto eso de que no tiene nada que ver la melancolía con la tristeza… Hay veces que te cuesta explicar a otra persona por qué, pero no es lo mismo…

A mí la melancolía me sabe a puesta de sol desde un autobús de vuelta a Córdoba, a reparar los arañazos de la tabla, a Quique González…

La melancolía es el regusto que te dejan los grandes momentos. Qué grande!

JT 10 junio 2007 Contestar

Sí, señor eMe. Exactamente eso.

El poso de la vida. Y como todo poso, de sabor matizado, añejo, ligeramente lavado e indefinible. Denso, espeso.

A mí me sabe al sonido de una fiesta en la distancia, o al roce de la húmeda brisa nocturna.

Biru, ya no sé si echaré de menos la asignatura, pero sí el increíble ambiente de clase de este año. Los compañeros, los profesores…

Contra: Sí, sé que me entiendes. Yo he descubierto que si reduces esos pensamientos al momento de melancolía, y los vives intensamente, cuando ese momento pasa, la energía positiva que llevas encima es el triple.

Miss Sinner 10 junio 2007 Contestar

Jo, no estoy yo muy católica y encima leo esto… :(

Soy de tendencia negativa: tristeza, depresión, melancolía, todos esos sentimientos que te hacen sentir «chof» los atraigo como si tuviera un imán.

Tampoco hace falta que te lo curres mucho, ya ves cómo desvaría la cosa XD

Besos :*

JT 10 junio 2007 Contestar

MissSi, ya he dejado mi contribución. He intentado encarrilarlo un poco ;)

En cuanto a esos sentimientos, todo es darles un sitio, un pequeño rincón, dejarles instalarse un rato, y luego, cuando están tranquilos, zas!, darles esquinazo.

Miss Sinner 10 junio 2007 Contestar

Lo acabo de leer.
¡PLAS, PLAS, PLAS! Que pena que no hayas podido ver mi cara de intriga, interés y fascinación.

Genial, le estáis dando un puntazo muy muy interesante.

Ya sabes, puedes volver cuando quieras a leer, a escribir, a opinar, libertad total.

Besos, salao!

Fer 10 junio 2007 Contestar

Coño, qué bonito. Y no es cachondeo.
Saludos.

Almalé 11 junio 2007 Contestar

La cajita… la “boîte-à-miracles” de le corbu.

Un fuerte abrazo Jorge

PD: sólo por fastidiar; ahora mismo estaba escuchando los últimos cuartetos (el 135) de Beethoven por el cuarteto Budapest, precioso…

Aquí te dejo el enlace para que lo puedas descargar:

http://www.megaupload.com/es/?d=2VA5YZP5

JT 11 junio 2007 Contestar

Miss Sinner: me alegro de que te haya gustado. Lástima que Fer no siguió por donde yo pensaba :P

Saludos Fer, gracias por el comentario.

Eres mi gurú, Sr. Almalé. Encantado de verte por aquí.

Y gracias por el enlace a Beethoven.

PD: Sólo por fastidiar, en estos momentos estoy escuchando las «sonatas y partitas para violín solo» de Bach interpretadas por el mismísimo Itzhak Perlman. Lo cual son dos genios juntos, en una versión nada fácil de encontrar. Si quieres la cuelgo por ahí para que la descargues.

Almalé 12 junio 2007 Contestar

Cuelga, cuelga, jejeje… pero avisa por privado

popi 5 julio 2007 Contestar

Qué cajita, jotaté, qué olores que desprende, qué delicadas tus palabras, tus comas, tus palabras, tus paréntesis, tus comas, tus interrogantes, tus palabras… Zas, me diste de lleno en la melancolía.
Gracias.
:)

JT 5 julio 2007 Contestar

Gracias, popi, me ha encantado tu comentario. Husmeando por tu blog he visto que hay ciertas resonancias… He pensado: he aquí un tipo que sabe leer en el silencio, en el blanco y en lo leve, lo tenue, lo pequeño.

Deja un comentario