Un verano más… o menos

Los lunes al sol. Y los martes. Y los miércoles. Y los jueves. Y los viernes. Y los sábados. Y los domingos. Salvo algún día libre robado al mar en favor de la arquitectura, así ha sido este verano. Todo el día pisando las algas en las tranquilas aguas de Flat Beach, Santa Pola (en inglés suena mejor, así como… californiano). Tostado y salado como una almendra, acribillado por las medusas, con las piernas llenas de cortes producidos por las aletas de carbono y las orzas, acosado por hordas de chiquillos ávidos de actividades veraniegas, preocupado con los avatares que trae dirigir una escuela de windsurf, deseando que acabe el verano para poder dedicarte a otros proyectos que te zumban por la cabeza… hasta que de pronto un día te encuentras casi solo en la playa, bajo un cielo gris y un mar plomizo e inmóvil, y te das cuenta de que ha llegado septiembre.

Se acabó el verano. Y de pronto, aunque ayer mismo mirabas el sol casi con resentimiento, hoy te das cuenta de que hay muchas cosas que vas a echar de menos. El agua transparente a primera hora de la mañana. Las clases teóricas haciendo dibujillos en la pizarra. El reflujo del agua en los pies mientras observas desde la orilla. Los movimientos fluidos de una tabla de escuela entre la batalla naval que parece haberse montado en el carril. Los momentos de triunfo cuando alguien saca una maniobra que se le resistía. Las primeras navegadas más allá de las boyas, mar adentro, con un par de alumnos entusiastas a sotavento, en formación desalineada. Los momentos de calma bajo la sombra del chiringo, sintiendo la infalible brisa marina en el cuerpo. El día de regata con su tensión, sus vítores, sus bocinazos, su color y su algarabía.

Y la gente. La gente. Los que han trabajado y aprendido contigo, aguantando estoicamente el sol o disfrutándolo. Los que se despiden con felicitaciones, o con un obsequio, o con sus mejores deseos. Los que no volverás a ver, los que vuelven cada año y los que se han convertido en amigos. Todos ellos.

Y tú mismo también, claro, por allí en medio… un personaje más de la playa en los recuerdos del veraneo de muchos.

Pensando que en pocos días te habrá vuelto la palidez y la delgadez de siempre, y que el verano habrá pasado como si nada. Preguntándote si este será de verdad el último verano con ese maravilloso trabajo… o no ;)

En fin. ¡Un verano más!

7 comentarios

Andrés 16 septiembre 2010 Contestar

Cabrón! Con este relato no has tenido piedad con los que no podemos darnos esos placeres. ¡Hiervo en envidia!
jajajaja.
Saludos.

etringita 16 septiembre 2010 Contestar

Estoy con Andrés. A mí todavía no se me ha quitado el «moreno de flexo» de hace dos años. xD
Envidia sana. :)

Xero 2 octubre 2010 Contestar

Vaya, vaya,vaya, así que la cajita tiene rostro! Y sombrero de paja! Siempre pensé que tenías forma de cubo de 6 lados con uno de esos lados abierto jajaja
Decirte que he vuetlo a la blogosfera para quedarme! Definitivamente! Pero a mi modo, posteando cada mes jajaja
Y no te preocupes que los veranos siempre vuelven! :)

Carabiru 2 octubre 2010 Contestar

:) ésto es el buen vivir de los recién titulados???
Jejejejeje, suertudo!

JT 3 octubre 2010 Contestar

¡Xero de vuelta! Eso sí es una buena noticia ;)

jose alfonso 15 noviembre 2010 Contestar

Qué buen trabajo para los veranos! Yo también he sido monitor, durante unos 10 veranos en el C.N. de Águilas. Comparto y me identifico con tus impresiones. Un saludo, arquitecto!

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